Viernes, 10 Julio 2020
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8,5 millones de libras esterlinas para enfrentar el cambio climático en Colombia

Del aporte del Reino Unido 3,5 se destinarán a la protección de los ecosistemas, los otros 5 millones a convertir el sector financiero en una industria verde.

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Así afectan los incendios con fines agrícolas a animales nativos en el Vichada

Provocar incendios con fines agrícolas en temporadas secas en las que hay fuertes vientos es una costumbre de campesinos a lo largo y ancho del país, que presenta serios riesgos. 
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En los últimos 50 años ha habido menos días fríos y olas de calor más frecuentes

La contaminación atmosférica hace que el tiempo esté cambiando a un ritmo acelerado. La ONU declaró el 26 de marzo como el Día Mundial del Clima.
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Las dinámicas aluviales y los periodos de retorno antrópicos (la prevención ilógica de las agresiones sobre los dominios aluviales activos)

Luis Alberto Molina
Por: Luis Alberto Molina Arroyave
Ingeniero Geólogo-Geomorfólogo, Experto en Ciencias Mineras

Los aspectos morfológicos de los dominios aluviales (niveles de llanura aluvial, con excepción de terrazas o registros aluviales de fondo) en secuencia hacia su cauce actual (evolución geomorfológica) son los que determinan los “periodos de retorno” y bajo condiciones climáticas “normales”. Pero la realidad es otra: un cambio climático condicionado por una desglaciación, explotaciones anti-técnica de los materiales de arrastre, destrucción de los bosques pluviales o de “niebla” (que son los retenedores y reguladores de recurso hídrico) y rondas hídricas.

Un comportamiento hidrodinámico aleatorio. Esto marca una tendencia hacia crecientes picos frecuentes y a un énfasis del socavamiento lateral; configurando franjas de divagación de cauce, con un ensanchamiento acelerado en función de la “asimilación” y destrucción de la llanura aluvial baja (pérdida de hectáreas de terrenos cultivables). No se puede definir un episodio de inundación en una franja de divagación lateral, puesto que “no existe un conjunto que se contenga así mismo” (paradoja de Bertrand Russell).

El río no inunda sino que hace su trabajo hidráulico “ensanchando” su franja de divagación en función de la destrucción de la llanura aluvial baja. Y es en algunos sectores de este escenario geomorfológico donde el río se puede desbordar y presentar episodios de inundación muy puntuales. Se demuestra que para una franja de divagación lateral no aplican los periodos de retorno.

Sin embargo, cuando se ha intervenido antrópicamente esta geoforma de origen aluvial, hay una predisposición a los desbordes e inundaciones en función de la vulnerabilidad de las obras civiles y por imperiosa necesidad hay que considerar los regímenes hidrológicos máximos y “los periodos de retorno antrópicos”. La agresión tiene un costo ambiental en términos de las consecuencias negativas, temprano o tarde, el río “volverá a recuperar sus dominios”. Para dinámicas aluviales verticales, donde el río está encajonado, las fluctuaciones en épocas de lluvias intensas pueden originar desbordes e inundaciones o espejos de agua de gran extensión horizontal.

En este caso, se tiene un “cajón fluvial” (levantamientos relativos por orogenias o glaciaciones) que sirvió en épocas geológicas muy recientes para la profundización de cauce), con una capacidad específica a crecientes picos. Donde los periodos de retorno aplican para aquellos sectores (irregularidades de superficie en un valle) que configuró el río, en su evolución geomorfológica, para regular sus crecientes o zonas de “avulsión” y rondas hídricas, que han sido intervenidas antrópicamente.

Franja laterla rií saldaña

Franja de divagación lateral río Saldaña “reloj geomorfológico” del cambio climático: el ensanchamiento normal de la desglaciación acelerado por las explotaciones irracionales de los materiales de arrastre. No aplica el concepto de periodo de retorno el río no inunda sino que socava lateralmente para ensanchar su franja a costas de la llanura aluvial baja.

Columnistas Invitados

Mensaje para los vecinos

Ingeniero forestal, Mg. en Restauración del Paisaje y Gestión de Recursos Culturales, Ambientales y Paisajísticos. Investigador Fundación Grupo HTM. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Jorge Vasquez

¿Has sentido cómo en los últimos años las temperaturas parecen cada vez más altas? ¿Pudiste oír con más frecuencia en las noticias los problemas de desabastecimiento de agua por causa de prolongados e intensos tiempos secos? ¿Y cómo especialmente durante esos periodos secos siguen ardiendo bosques y montañas a lo largo y ancho de Colombia? ¿Te enteras de los cada vez más numerosos afectados por deslizamientos e inundaciones provocadas por eventos cada vez más intensos de lluvia?

Lo más probable es que hayas respondido sí a alguna de estas preguntas. Esto significa que el cambio climáticoglobal es real, y tiene expresiones locales en todo el planeta. No es un fenómeno distante ni un asunto del futuro. Está ocurriendo y seguirá ocurriendo con mayor intensidad en los próximos años en todo el planeta, y el planeta, obvio, incluye la calle, cuadra, manzana, barrio, comuna, en que vivimos. No es mentira, exageración o chiste[1]. Por esto, necesitamos adaptarnos a la nueva situación, que será permanente.

Del mismo modo en que una crisis en las finanzas personales o familiares nos obliga a pensar cómo hacer un mejor uso de los recursos, gastar menos, o tener mayores ingresos, y la crisis energética a racionalizar el consumo[2] (estuvimos al borde de un racionamiento) o cambiar nuestras fuentes de energía, la crisis climática nos invita a pensar en los ajustes que necesitamos hacer en nuestras actividades y comportamientos cotidianos y en nuestro estilo de vida.

Hemos visto cómo los últimos años, durante varias semanas, en Medellín, Bogotá, Cúcuta y otras ciudades, las autoridades ambientales alertaron sobre los críticos niveles de contaminación atmosférica, en razón de los cuales aumentaron las medidas para restringir el uso de vehículos particulares, desaconsejaron salir a hacer actividad física, e incluso pensaron en suspender actividades en las instituciones educativas para no exponer a los niños a los niveles de polución del aire que respiramos, y que según datos de algunos investigadores, contribuye de forma determinante a la muerte diaria de 5-8 personas en el Valle de Aburrá, por citar sólo un ejemplo.

El cambio climático y la contaminación atmosférica nos afectan a todos, sin discriminación, de forma directa e indirecta. Pensemos en que las cenizas de los incendios forestales en La Amazonía o en Venezuela las respiramos en nuestras ciudades. Pensemos en los 11,2 billones de pesos que costó al país (¡a nosotros!) el fenómeno de La Niña del año 2010-2011. Es mucho dinero, ¿no? Vemos que el impacto de estas situaciones no es sólo ambiental y a la salud, sino a la economía[3].

La ecología nos enseña, y lo hará cada vez de forma más ruda, que en la trama de la vida todo está conectado. Desde la desaparición de los bosques en nuestros campos hasta el crecimiento del número de automóviles que circulan por nuestras ciudades, son múltiples las causas del cambio y variabilidad climática y de la contaminación atmosférica.

Algunas reclaman acciones gubernamentales locales y nacionales y de los organismos internacionales. Confiemos y demandemos que las realicen, porque está claro que sin la presión de una ciudadanía educada y cohesionada y sin el apoyo de medios de comunicación responsables, nuestros gobiernos no harán las cosas con la velocidad que la gravedad de la situación reclama. Otras acciones son ineludibles, porque nos corresponden a cada uno de nosotros.

Una pequeña y con un impacto positivo es mantener lo más sano posible nuestro entorno inmediato. No sólo los lugares en que vivimos y trabajamos, sino también nuestra calle y barrio. Y mantenerlo sano no es sólo asear, separar y sacar oportunamente los residuos, o no hacer ruidos que afectan nuestra salud y la de los vecinos. Es tener un hábitat que nos haga sentir frescos, cómodos, incluso alegres.

Por ello veo con preocupación un fenómeno que se está dando en nuestros barrios y que estoy seguro también ustedes han visto. Estamos eliminando las áreas verdes. Estamos suprimiendo nuestros árboles, arbustos, prados, jardines. No entiendo bien por qué, si para todos es tan obvio el placer y el bienestar que las plantas nos brindan. Nos ofrecen sombra y frescura, captan parte del polvo que emiten los vehículos, dan cobijo y alimento a las aves que nos alegran las mañanas, ayudan a que las alcantarillas no colapsen y las quebradas no se desborden, además de otros muchos servicios.

Llenar de pavimentos impermeables nuestros antejardines, jardineras, y andenes elimina todos esos placeres y beneficios. Los antejardines y andenes son parte del espacio público, y tienen una importante función colectiva, reconocida por la ley colombiana. Pero muchos de ellos se están convirtiendo en parqueaderos o en zonas comerciales, originando problemas para la movilidad peatonal y la convivencia en zonas residenciales, sin mencionar los perjuicios para las infraestructuras verdes y las redes ecológicas urbanas que harían ciudades más amables para caminar y reconocernos.

Por ello las inspecciones de policía, las secretarías de tránsito, las oficinas de planeación municipal, y las secretarías de medio ambiente deben atender con eficacia este fenómeno creciente en nuestras ciudades. Nuestra salud física y mental necesita esos espacios verdes. Necesitamos mantener y aumentar el verdor en nuestros sentidos y en nuestros paisajes para vivir mejor.

[1]https://twitter.com/ed_hawkins/status/729753441459945474

[2] https://www.youtube.com/watch?v=YUIe5E4pgQ0

[3]https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Prensa/Impactos%20Econ%C3%B3micos%20del%20Cambio%20Climatico_Sintesis_Resumen%20Ejecutivo.pdf

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Millonario espaldarazo para proyectos de erosión costera en el Caribe colombiano

Los gobiernos de Colombia y Alemania firmaron un convenio en el que esa nación europea se compromete a aportar 8 millones de euros que destinarán a las obras para proteger las ciudades y poblaciones afectadas por el embate del mar.

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Y, ¿Cómo fue la COP 25 2019?

Por: Fabiola Suárez, directora de la Corporación Ambiental Empresarial – CAEM

Foto Fabiola Suárez 200


Uno de los eventos más importantes de este año fue la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, COP 2019, la cual finaliza hoy en Madrid, España.


Esta conferencia conocida como la Cumbre del Clima se ha realizado, anualmente, desde hace 25 años y es el foro político de más alto nivel frente a la crisis climática y alrededor del cual se han articulado representantes de Estado (actualmente 197 países integran la COP), actores representativos del sector empresarial, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil.


En esta oportunidad más de 25.000 delegados de todo el mundo, entre ellos la Corporación Ambiental Empresarial, CAEM, participaron en el evento para responder a cómo afrontar efectivamente los retos medioambientales que supone nuestro presente y futuro, y cómo podemos actuar para reducir el impacto ambiental de nuestras actividades a partir del fortalecimiento en la coordinación de los países miembros, sobre todo cuando existen algunos que divergen con la evidencia científica.


La CAEM, quien preside la Comisión de Medio Ambiente y Energía de la Cámara de Comercio Internacional ICC, asistió como uno de los observadores de la Cámara, la cual es una organización que representa al sector privado a nivel mundial y juega un papel de liderazgo en las negociaciones con los gobiernos para luchar contra el cambio climático.


Temas que se han tratado


Uno de los principales puntos fue la posibilidad de que los acuerdos alcanzados hasta el momento sean vinculantes y se establezcan metas más ambiciosas contra la degradación ambiental para cumplir con el recorte en emisiones del 50 % de CO2 al 2030, sugeridas por los expertos del Panel Internacional de Cambio Climático (IPCC por sus siglas en ingles).


Este debate nuevamente tomó relevancia, debido a que históricamente se han planteado estrategias y compromisos para mitigar el cambio climático, pero los resultados y los esfuerzos no han sido suficientes por la no obligatoriedad de los mismos. Según el informe sobre Disparidad de las Emisiones de la ONU Medio Ambiente, para evitar una catástrofe climática, los países, mínimo, necesitan triplicar sus esfuerzos, si queremos mantenernos en línea con el último informe del IPCC.


Otro asunto que se trató fue la importancia de una participación más activa del sector privado. Los empresarios han sido pioneros en la generación e implementación de proyectos amigables con los ecosistemas, por medio de estrategias en economía circular, reconversión tecnológica y eficiencia energética, Buenas Prácticas Operativas, el cálculo de la huella de carbono e hídrica, restauración y conservación de zonas ambientales, entre otros; y desde hace varios años, las COP se han convertido en plataformas de discusión en las que, de la mano del sector privado, se ha promovido la gobernanza “Multistakeholder” para que todos los actores principales que impactan al medio ambiente tengan poder de contribución y decisión sobre los debates ambientales.


Por otro lado, mantener y aumentar la financiación para contrarrestar el calentamiento global fue otro tema que acaparó la agenda. Aunque hoy cientos de gobiernos, ONGs y empresas aportan de forma significativa, aún falta mucho para alcanzar la meta propuesta por la Iniciativa Financiera de la ONU Medio Ambiente, de1.5 billones de dólares anuales.


Finalmente, el mensaje principal de esta COP 25 2019 fue hacer un llamado a la acción. Así como en la Cumbre sobre la Acción Climática, celebrada en Nueva York el pasado mes de septiembre, las acciones concretas contra el cambio climático y sus promotores fueron los protagonistas; la divulgación de las medidas que están dando resultados y la búsqueda de adquirir nuevos compromisos fueron el centro de la discusión.


En estas dos semanas de arduo trabajo, puedo concluir que dejar la Procrastinación Ambiental; empoderar a la sociedad civil; y buscar frenar la crisis ambiental a través de hechos sobre debates y visiones económicas fue lo que marcó las ponencias de los expertos internacionales que le dijeron una vez más al mundo: “Cambio a través de acción”.

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