Viernes, 14 Mayo 2021

José Alejandro Martínez

Por José Alejandro Martínez S.
Doctorado en Gestión (U Ean, CO); Magister en Ingeniería Ambiental e Ingeniero Químico (UNal, CO). Diplomado en educación ambiental (PUJA, CO), en gestión sostenible (U. Lauphana, DE) y certificado en emprendimiento e Innovación social (PSU, US). Asociado en Sostenibilidad del ISSP (International Society of Sustainability Professionals), miembro de ISWA (International Solid Waste Association), de AASHE (Association for the Advancement of Sustainability in Higher Education), de Circular Economy Club (UK), de la plataforma de economía circular de las américas y de las redes iberoamericanas de expertos en residuos y energía renovable. Miembro de Climate Reality Project. Hace parte del consejo directivo del CCCS (Colombia) y del consejo asesor de AASHE (US). Emprendedor, ha creado tres empresas durante su carrera profesional y hace 9 años trabaja como docente e investigador en la Universidad Ean, ha escrito 6 libros (dos de ellos sobre residuos).

 

Por definición, el sector productivo de la construcción se relaciona con otros 30 subsectores productivos; para el caso de Colombia, contamos en el 2020 con 2.605 proyectos, que manejan entre un millón y millón y medio de empleos directos, y hasta cuatro veces esa cifra en empleos indirectos. El sector de la construcción encadena al 54% del aparato productivo del país, y por esto es uno de los mayores impulsadores de la economía.

Sin embargo, es claro que hay unos costos asociados a todo este potencial económico del sector: la ONU en 2018 en su informe de estado global de 2018 - Hacia un sector de edificios y construcción con cero emisiones, eficiente y resiliente, mencionaba como el sector construcción mundial representa 39% de las emisiones totales de CO2 relacionadas con la energía y 36% del uso final de la energía. Otros informes, como los de la administración de información ambiental de Estados Unidos, reportan que cerca del 40% de las materias primas explotadas en el mundo, el 65% de los residuos generados en el planeta y el 12% del agua consumida a nivel global, está directamente vinculada con el proceso de construcción y operación de edificaciones, cifras que muestran lo relevante que resulta este sector para la sociedad moderna y su relación con el entorno.

De esta forma, es claro que cualquier esfuerzo que se desarrolle en torno a la gestión del sector, no solo tendrá relaciones directas con la dimensión económica y social de un territorio, sino que tiene el potencial de reducir el impacto negativo (e incluso, crear un impacto positivo) en términos ambientales y del capital natural. Muchos son los esfuerzos que desde diferentes frentes se han desarrollado en el mundo para lograr lo anterior: desde la incorporación de tendencias que armonicen el desarrollo de edificaciones con su entorno, tales como la permacultura o la bioclimática, se han englobado en la arquitectura verde desde la década de 1990, para lograr aprovechar al máximo la iluminación natural y la energía del sol, disminuir la demanda energética, usar materiales más sostenibles e incluso, incluir domótica (tecnología para el control y la automatización inteligente de una estructura).

El surgimiento de organizaciones como el Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos, el International Well Building Institute, el World Green Building Council o el Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, y de certificaciones como LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental, en español), EDGE (Excelencia en diseño para grandes eficiencias, en Español), WELL o CASA en Colombia, buscan bajo estándares científicos, premiar el uso de estrategias sostenibles en todos los procesos de construcción del edificio, desde la adecuación de del entorno donde se ubica, hasta la eficiencia del uso del agua y energía, la selección de materiales sostenibles y proporcionar una mayor calidad ambiental y de salud interior.

Por lo anterior, es claro que las tendencias de las empresas vinculadas al sector de la construcción en la modernidad están continuamente en la búsqueda del mejoramiento ambiental, de la implementación de conceptos sistémicos y actuales como la economía circular, y en el aporte evidente y significativo a los ambientes urbanos, que se vienen desarrollando de forma cada vez más frecuente en diferentes locaciones geográficas del mundo: el proyecto One Central Park de Sídney (Australia), el complejo de edificios Kö-Bogen II en Düsseldorf (Alemania), The Tower of Cedars (Suiza), el Nanjing Vertical Forest (China), Park 20 | 20 (Holanda) o incluso, el primer proyecto inspirado en Cradle to Cradle en Latinoamérica: el proyecto Ean Legacy en Bogotá (Colombia).

Cradle to Cradle es una filosofía desarrollada por el químico Michael Braungart y el arquitecto William McDonough, que se convirtió en una de las escuelas de pensamiento que dieron origen al concepto de economía circular original, desarrollado por Ellen MacArthur Foundation en 2012; así, surge la economía circular con el objetivo mantener productos, componentes y materiales en su mayor utilidad y valor, en todo momento.

De allí, que los proyectos inspirados en Cradle to Cradle, sirven como ejemplo de la materialización de la economía circular, pero tienen para su ejecución un reto más grande que el diseño: ¿cómo hacer realidad una construcción bajo estos altos parámetros de sostenibilidad? Y este reto incluye elementos que va desde acopiar capacidades para entender el concepto y después aplicarlo, hasta incorporar en cada una de las etapas de la actividad constructiva los elementos propios de la economía circular: es una evolución completa de los procesos tradicionales y de la visión convencional del sistema constructivo y sus materiales.

Ahora bien, cuando un proyecto de esta envergadura se desarrolla en un país en vías de desarrollo, claramente las falencias pueden ser más grandes, pero de la misma forma, las oportunidades que aparecen también lo son; por ejemplo, el proyecto Ean Legacy en Colombia pasó de ser un proyecto más de construcción, a ser una excusa para la transformación de empresas que podrían ser proveedoras y por ende, de actores dentro de diferentes sectores productivos, que empezaron a entender la necesidad de:

• Conocer las características de los materiales con los cuales desarrollaban sus productos,
• Identificar las posibilidades de ciclar sus productos al final de su ciclo de vida útil.
• Garantizar el uso de insumos saludables y seguros para el ambiente y las personas,
• Hacer una administración responsable del agua.
• Hacer un uso eficiente de la energía (ojalá renovable).
• Comprometerse con un trabajo en derechos humanos y justicia social en sus procesos productivos.

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