Sábado, 28 Noviembre 2020

jorge

Por: Jorge Alberto Sánchez Espinosa, PhD
Ex Presidente de la Sociedad Colombiana de la Ciencia del Suelo (2015-2016)
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Los suelos poligenéticos son suelos que se han formado en ambientes totalmente diferentes a los actuales, generando en ellos más de un origen y evolución, asociados con cambios climáticos ocurridos durante el Pleistoceno y Holoceno, no coincidiendo con su origen y evolución actuales, por tanto nos develan la realidad del cambio climático y a medida que avance el Levantamiento o estudio de los suelos a mayor resolución, será más evidente su presencia, esto tiene un significado muy importante porque nos da luces de periodos más lluviosos o más secos y nos proporciona mejores argumentos técnicos para el uso y manejo actual de los suelos.

Para lograr lo anterior se requiere información cada vez más especializada y precisa que unida a otras herramientas técnico científicas ayudaran a mejorar su conocimiento y aplicabilidad, es así que el examen de las secciones delgadas que se hace con el microscopio de luz polarizada o también conocido como petrográfico, puede ser considerado como una extensión de los estudios morfológicos de campo, el nivel de resolución se incrementa del examen de campo al examen con el microscópico óptico y finalmente, a las técnicas submicroscópicas (Microscopía electrónica).

Por lo tanto, los resultados de los estudios micromorfológicos son más útiles cuando se relacionan con la geomorfología del área de estudio, la descripción morfológica de los perfiles modales y los resultados de los análisis de suelos. La micromorfología se utiliza para identificar los tipos y las secuencias de los procesos activos que ocurren o han ocurrido en los suelos poligeneticos, como la intensidad de la meteorización y condiciones redoximórficas, que son indicadores relacionados con estos suelos debido a cambios climáticos. Mediante este análisis de secciones delgadas del suelo se observan además muchos detalles que a veces no son visibles por análisis en el campo.

Ahora bien, sí desde ya debemos prepararnos para el cambio climático, tenemos la obligación de considerar el carbono orgánico de los suelos como el elemento crítico de la naturaleza, el cual debe incrementarse o por lo menos mantenerse, pero por ningún motivo disminuirse, porque este elemento se traduce en materia orgánica, la cual se acumula en los primeros horizontes del suelo que en los suelos poligenéticos se sustenta su fertilidad, por lo que cuidar ese primer horizonte es la prioridad.

Así mismo, igual de importante y preocupante es el alto incremento en la microporosidad que significa perdida en la capacidad de aireación de los suelos, quiere decir que los poros grandes o macroporos se están volviendo poros pequeños o microporos porque el suelo se está compactando, se está asfixiando, lo que implica que se está degradando.

El otro aspecto a considerar es el uso eficiente del agua, componente dinámico de las cuencas hidrográficas, tanto en superficie como a profundidad, valioso recurso hidrogeológico, que debe ser regulado y protegido en todas las cuencas hidrográficas del país.

Para lograr lo anterior se precisa hacer un plan de acción con la naturaleza, tal como lo propuso el presidente Franklin Delano Roosevelt en 1935, cuando se creó el Servicio de Conservación de Suelos, hoy día Servicio de Conservación de los Recursos Naturales del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, por lo que se requiere hacer un cambio de rumbo en el modelo productivo en la agricultura y valorar que tan amigable es el sistema de producción actual con el suelo y la sociedad y si realmente está diseñado para mejorar las propiedades dinámicas del suelo, porque si se sigue actuando como si no existiese el cambio climático, más lentamente se propagará por los sistemas económicos y sociales como ha sucedido con la pandemia del Covid 19 tal como lo manifiesta la CEPAL en su último informe sobre la emergencia del cambio climático en América Latina.

El propósito es disminuir la evaporación y aumentar la transpiración y debemos por tanto, volver al concepto del perfil cultural del suelo, con labranza adecuada, enmiendas y fertilizantes, materia orgánica, formación de una capa arable y agricultura sostenible, cuyo enfoque debe ser ecosistémico en el marco del análisis integrado del paisaje y sólo así podemos decir en verdad que nos estaremos preparando para el cambio climático.

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