Martes, 15 Junio 2021
Columnistas Invitados

¿Disminuir el consumo de carne es la solución en Colombia?

 Andrea Avila full

Por Andrea Carolina Ávila Arroyo
Abogada Magistra en Derecho.
Asesora y consultora en derecho administrativo, derecho ambiental, derecho laboral, en salud y seguridad en el trabajo y en gestión ambiental.

 

La academia y las entidades gubernamentales tanto a nivel nacional como mundial, en repetidas ocasiones han manifestado que el consumo de carne bovino o vacuno favorece en gran proporción a las emisiones de gases que originan el efecto invernadero y el calentamiento global, a la disminución del agua dulce debido al consumo que requiere para la producción de la carne bovina o vacuna entendido como agua virtual y a la afectación al terreno debido al pastoreo, destruyendo así sus nutrientes, dificultando la reforestación y el nacimiento de cauces para abastecer del recurso hídrico a una población, convirtiendo así a dicho terreno en una zona árida, entre otras afectaciones ambientales.

Frente a la problemática, la solución mas acertada y práctica que se nos ha manifestado es disminuir el consumo de carne y cambiar los hábitos de alimentación, prefiriendo el consumo de legumbres y de frutas.

La solución es sencilla, pero, ¿es viable para un país latinoamericano debido a sus condiciones socioeconómicas disminuir el consumo de bovino o vacuno y reemplazarlo por hortalizas?

En Colombia los hábitos de alimentación en la población promedio incluyen en gran medida el consumo de carne. Y esto no se da por capricho, dado que, para la población promedio sus ingresos corresponden a un salario mínimo mensual vigente que cada año su aumento es poco significativo para los hogares colombianos. Así, para el año 2018 se fijó en setecientos ochenta y un mil doscientos cuarenta y dos pesos ($781.242), luego, en el año 2019 se establece en ochocientos veintiocho mil ciento dieciséis pesos ($828.116) y para el año 2020 se estimó en ochocientos setenta y siete mil ochocientos tres mil pesos ($877.803).

Significa esto que sus ingresos se deben distribuir entre la educación básica y universitaria y los implementos escolares de los menores que hagan parte del hogar, en garantizar el acceso al sistema de salud y seguridad social de todos los miembros que conforman la familia, en el transporte diario que requiera cada integrante de la familia y, lógicamente, en la alimentación que conforman la canasta básica familiar y los productos de aseo que se requieran.

En sondeo hecho a los habitantes de diversas localidades de Bogotá, manifiestan que la renta diaria del consumo de carne bovina o vacuna corresponde a:

Localidad

Producto

Precio a noviembre de 2020

San Cristóbal

1 libra de carne (tipo murillo) (en carnicería de barrio)

$9.000

1 libra de alas de pollo (en carnicería de barrio)

$4.200

Santa Fe

1 libra de carne (tipo murillo) (en plaza de la Perseverancia)

$8.000

1 libra de alas de pollo (en plaza de la Perseverancia

$3.400

Barrios Unidos

1 libra de carne (tipo murillo) (en carnicería de barrio)

$8.000

1 libra de alas de pollo (en carnicería de barrio)

$5.500

(Encuesta hecha a habitantes de las localidades de Santa Fe, Barrios Unidos y San Cristóbal de la ciudad de Bogotá el 16 de noviembre de 2020)

Si bien, el consumo de hortalizas puede favorecer a la canasta familiar, dado su costo y nutrientes, el colombiano promedio no tiene en sus hábitos el consumo constante de frutas y legumbres, debido que la mayoría de la población colombiana ejecuta trabajos que exigen un alto gasto calórico que las legumbres suplen por un periodo corto, demandando el consumo de más alimentos diariamente y aumentando el déficit de los ingresos del colombiano.

Es así, que el aumento del consumo de hortalizas y/o la disminución en el consumo de carne bovina o vacuna no es un método cien por ciento eficaz debido a las necesidades socioeconómicas que tiene la población colombiana y la población latinoamericana.

Por ello, se deben buscar alternativas que suplan las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras y de los ingresos económicos de la población promedio que finalmente, son los que disponen cómo han de ser sus hábitos de alimentación.

Una alternativa es implementar en Colombia la agricultura sostenible basada en el uso de medios tecnológicos, en promover la investigación sin dejar de lado los conocimientos y tradiciones ancestrales que aportan a la preservación del medio ambiente evitando aquellas prácticas agrícolas que comprometen los ecosistemas.

Con los diversos modelos de agricultura, el productor o agricultor, debe ejercer su oficio con base en el aprovechamiento de la materia orgánica derivada del estiércol bovino, en el consumo de fertilizantes que tengan un proceso de síntesis diferente al químico, en estudiar la zona que frecuentan los bovinos y los animales que la cohabitan de acuerdo al clima variable que presente, en implementar técnicas de cultivo que persigan evitar la erosión, entre otras.

Finalmente, con la adecuación de la agricultura sostenible a las prácticas de cultivo bovino o vacuno, se obtiene la conservación del medio ambiente sin afectar a gran escala los ingresos económicos y las costumbres alimenticias de la población colombiana y Latinoamericana.

 

Fuente:
Conferencia de Río de 92. Principio Nº 15.
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación. Las repercusiones del ganado en el medio ambiente. 2006.
Opcions Impulsem el consum conscient. Tres modelos de agricultura sostenible (y uno que solo lo quiere aparentar). 2019. Barcelona.
Encuesta hecha a habitantes de las localidades de Santa Fe, Barrios Unidos y San Cristóbal de la ciudad de Bogotá el 08 de noviembre de 2020)



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Columnistas Invitados

Cambio climático: desarrollo, adaptación y resiliencia

María Eugenia Coordinadora de Sostenible

Por María Eugenia Rinaudo Mannucci

MSc. en Sistemas de Vida Sostenible, Coordinadora de Sostenibilidad de la Universidad Ean, miembro del grupo de expertos nacionales para la Evaluación Nacional en Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos de la IPBES, ex coordinadora de biodiversidad y cambio climático en el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt

Twitter: @rinaudomariae

La vida en la tierra tuvo su aparición hace aproximadamente 3.500 millones de años, cuando las primeras células iniciaron un sinfín de cadenas biológicas y ecológicas dando origen al ser humano. A pesar del corto tiempo que tenemos como especie ocupando la Tierra, las graves alteraciones que hemos producido sobre el entorno, son evidentes. Muchas de ellas, han ocasionado efectos irreversibles e ingobernables incluso.

En un planeta cada vez más “caliente y abarrotado”, es urgente que reaccionemos lo más pronto posible, pues no podemos darnos el lujo de seguir traspasando los límites del planeta tierra. El daño que hemos cometido ha sido tan grave que, aunque frenáramos de golpe todas las emisiones de efecto invernadero, aun así, ciertas condiciones del planeta cambiarían. A pesar de lo anterior, ¿nos hemos puesto a pensar en lo que sucedería si no hiciéramos absolutamente nada?

Nuestra sobrevivencia como especie, depende de las condiciones del planeta. La contaminación, deforestación, aumento de temperaturas, pérdida de biodiversidad y fósil-dependencia, están marcando un “punto de no retorno”, es decir, aunque quisiéramos no podríamos volver atrás debido a que el planeta habría perdido su capacidad de resiliencia y harían falta miles de millones de años para reparar el daño que hemos provocado.

En el cambio climático, uno de los principales desafíos de la humanidad, interactúan diversas perspectivas del desarrollo: ambientales, políticas, sociales, culturales, económicas y morales. Es por esta razón que este fenómeno ha demostrado que esta sociedad “no funciona bien” y, sin embargo, al ser víctimas y cómplices del aumento de la temperatura mundial, los seres humanos tenemos varias opciones para poder mitigar los efectos del fenómeno y por consiguiente replantear en cómo el mismo puede afectar lo menos posible a las comunidades, los ecosistemas y las economías del mundo.

Este desafío debe ser visto como un catalizador de procesos de degradación puesto que afecta todos los sistemas del planeta. Para atacar el problema de raíz, debemos transitar hacia alternativas económicas que nos permitan replantear las acciones humanas sobre la Tierra y generar resiliencia y capacidad adaptativa en todas las perspectivas del desarrollo. En este orden de ideas, surgen preguntas como: ¿seguir patrocinando la quema de combustibles fósiles o invertir en energías renovables?, ¿continuar deforestando o frenar la irracional tala de bosques?, ¿seguir pensando que somos inmunes al cambio climático o sentar las bases para una requerida adaptación?

Para inspirar acción, necesitamos promover una comunicación efectiva del cambio climático. Ya lo decía Jeffrey Sochs (economista) en un reciente evento climático mundial: “el control del cambio climático es un imperativo moral y una necesidad práctica”. Necesitamos inclusión de las comunidades y todos los grupos de interés: necesitamos acercar la ciencia a la gente, pues las consecuencias de nuestro modo de actuar hacia el entorno se extenderán mucho más allá de nuestro propio horizonte.

Los daños sobre el medio ambiente generan y seguirán generando costos sociales significativos (un ejemplo de ello son los desastres socio-naturales). Para ello, necesitamos transformar el conocimiento del riesgo climático es una plataforma de acción y recordar que nadie será intocable al cambio climático.

La participación social es fundamental a la hora de hablar de adaptación, desarrollo y resiliencia; y para ello, es urgente que las naciones inviertan en la gestión del conocimiento puesto que es la principal medida de adaptación al cambio climático. Las comunidades deben estar informadas y participar activamente en la toma de decisiones, cambiando así el paradigma actual, pasando de víctima y cómplice a protagonista. Se debe pensar en la gente y trabajar para ella.

El tiempo es limitado y debemos actuar ahora. Líderes políticos del mundo se han percatado de la importancia que representa el cambio climático para sus naciones, pero ¿será esto suficiente? La humanidad debe comprender que el cambio climático representa un desafío ético más que un reto científico. Eventos climáticos extremos serán cada vez más frecuentes y traerán destrucción de ecosistemas (naturales y sociales), altísimos costos económicos y -como dijo alguna vez Rob Watson (consultor internacional)- “con la raza humana como nefasto experimento biológico del planeta”.

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