Domingo, 16 Diciembre 2018
Columnistas Invitados

El mausoleo de Doña Juana

El asunto de las basuras en nuestros hogares deja de ser una preocupación una vez que sacamos nuestras bolsas a la calle o las lanzamos por un shut, así éste explote por la acumulación de gas metano, como ocurrió hace algunas semanas en unos edificios del norte de la capital.

Escrito Por: Cristian Julián Díaz Álvarez, docente del programa de Ingeniería Ambiental de la universidad Central

Cristía Julian Díaz

Los reiterados problemas que se presentan, desde hace ya varios años, con relación al manejo de los residuos sólidos en los centros urbanos, en especial en Bogotá y su relleno sanitario Doña Juana, son fruto de un método que se concentra en ocultar –vía entierro tecnificado– los subproductos del consumo (metabolismo) urbano que no tienen un uso claro, ni capacidad real de recuperación en el momento de ser generados, ni tampoco una valoración significativa en el mercado o en proceso productivo alguno. 

Para muchos tecnócratas los rellenos sanitarios son la expresión máxima de la gestión de los residuos sólidos; mausoleos enormes donde descansan indefinidamente materiales con tiempos de degradación que muchas veces superan los años de expectativa de vida de aquellos que los generamos. Obras civiles que multiplican el problema ambiental que buscan resolver. 

La generación de lixiviados (líquidos resultantes por el paso del agua a través de los residuos sólidos y por su descomposición), las emisiones con potencial efecto invernadero, la degradación e inutilización del suelo, la generación y proliferación de ratas, moscas y plagas (vectores), y por supuesto, las basuras contenidas, son el culmen de este arcaico método, que proviene de antiguas civilizaciones que literalmente no sabían cómo lidiar con sus basuras. 

A manera de ejemplo, podemos hablar del monte Testaccio, en Roma, que está formado únicamente por ánforas en las cuales se transportaba vino y aceite de oliva, desechadas hace más de dos mil años por sus otrora habitantes. A semejanza del Relleno Sanitario Doña Juana, que inició operaciones en 1989 y cuya vida útil llegó a su fin en 2014 –en la primera licencia–, luego de haber recibido aproximadamente 42 millones de toneladas de basura; pero que gracias a artificios técnicos y decisiones políticas ha recibido una vigencia forzada hasta la actualidad, sobrepasando un diseño inicial que ahora muestra sus consecuencias.

Es sorprendente que en 456 hectáreas de una zona de ladera cercada por asentamientos humanos se sigan disponiendo 200.000 toneladas de basura al mes (cifras oficiales), sin detenerse a pensar que el sistema colapsará pronto. Pero la solución más fácil —y pobre, mentalmente hablando— es extender aún más la licencia de operación del relleno, hasta cuando aguante.

Dentro de muchos años, los arqueólogos del futuro comprenderán nuestro comportamiento ambiental suicida al explorar la localidad de Ciudad Bolívar, verificando que desechábamos a diestra y siniestra nuestras efímeras posesiones, que desperdiciábamos comida como si viviéramos en la opulencia, que convivíamos con sustancias químicas peligrosas y padecíamos de trastornos obsesivos compulsivos con los productos de aseo. Seguramente, estos científicos del futuro se preguntarán las razones por las cuales no pensamos en hacer algo mejor, o en por qué no teníamos un estilo de vida más frugal o austero.  

Luego de tres milenios de hacer lo mismo, ¿no sería posible pensar en otras opciones?, como el aprovechamiento energético de la mayoría de residuos que generamos, como lo hacen otros países que no pueden darse el lujo de derrochar tierras útiles para cultivos, reservas naturales o expansión urbana (aquello que tanto desea nuestro actual alcalde).

Corea del Sur, Singapur, Japón, Reino Unido, España y Alemania, entre otros, son ejemplos exitosos, ya que proveen energía eléctrica a su población gracias al aprovechamiento térmico de las basuras. Bogotá podría hacerlo, pudiendo obtener una energía bruta aproximada de 71 GigaBTU al día (20 millones de kwh), cantidad suficiente para socorrer las necesidades mensuales de energía eléctrica de la ciudad. Eso, sin duda, es mucha energía desperdiciada en un relleno sanitario.

¡Nos estamos distrayendo e imposibilitando para definir realmente el problema de las basuras y, por ende, de encontrar soluciones verdaderas y definitivas!

Columnistas Invitados

‘Efecto Boomerang’ del modelo insostenible de consumo

Crisis sanitaria y ambiental en el relleno sanitario Doña Juana

Escrito por Carolina Montes Cortés
Abogada. Especialista en Derecho del Medio Ambiente. Doctora en Derecho
Docente Investigadora de la Universidad Externado de Colombia

Carolina Montes Cortés

Mucho se ha hablado durante las últimas semanas acerca de la afectación que ha sufrido un grupo de población a causa de los vectores y la contaminación ambiental derivada del inadecuado manejo de los residuos sólidos en el Relleno Sanitario Doña Juana del Distrito Capital. 

Sin desconocer la responsabilidad que le cabe al operador del relleno sanitario por las falencias detectadas en la operación del sitio de disposición final, todos aquellos que permanentemente o de manera transitoria hemos generado residuos sólidos en Bogotá y los municipios aledaños, también somos responsables de esta problemática ambiental debido al insostenible modelo de consumo que tiene implicaciones en la generación de los residuos sólidos. En otras palabras, el consumismo nos está pasando la cuenta de cobro. Mientras la generación de residuos sólidos asciende aceleradamente, el aprovechamiento alcanza tasas apenas aceptables (13%) para una sociedad que parcamente muestra un leve crecimiento de su conciencia ambiental.

Lo que pasa es que los botaderos y los rellenos sanitarios reciben todo el cúmulo de los errores cometidos en las etapas de gestión que antecedieron a la fase de eliminación, es decir, los botaderos y los rellenos reciben toda la carga de las acciones deseables pero omitidas relacionadas con el consumo sostenible, la separación en la fuente y el aprovechamiento. Por esta razón, los rellenos sanitarios son una solución ambiental que aún genera un gran escepticismo y rechazo en países como el nuestro. Y aunque son varias las causas que podríamos listar como origen del problema sanitario y ambiental derivado del inadecuado manejo de los residuos sólidos, me centraré en lo que considero es el quid del asunto: LA DEFINICIÓN DEL CONCEPTO DE RESIDUO SÓLIDO 1. En la normatividad colombiana existen serias deficiencias conceptuales y terminológicas en relación con los residuos sólidos  y esto se ha constituido en uno de los más grandes tropiezos para avanzar hacia su gestión integral. El concepto de residuo sólido se ha desarrollado en función de facilitar la prestación del servicio público de aseo que busca eliminar todo lo generado por los usuarios en domicilios e industrias con una visión sanitaria antes que ambiental. Entre tanto, el negocio del aprovechamiento ha tenido que abrirse espacio en estrados judiciales para que la Corte Constitucional reconozca los derechos de la población recicladora y haga visible sus potencialidades económicas.

Así pues, en la medida en la que conceptualmente la población tenga claridad sobre el objeto a gestionar (residuos sólidos), en esa misma medida podrán adelantar las acciones más adecuadas para garantizar su adecuado manejo. El verdadero problema está en que muchos de los residuos que pueden ser aprovechados terminan en los sitios de disposición final dificultando la operación de los rellenos sanitarios. Si se aprovechara más y se eliminara menos, los rellenos sanitarios tendrían una mayor vida útil y los residuos sólidos aprovechables entrarían en los ciclos productivos como materia prima de bajo costo disminuyendo la presión sobre los recursos naturales (materia prima virgen). 

Entonces, para empezar… una correcta definición de lo que debe entenderse por residuo sólido y luego avanzar con cinco estrategias importantes: (1) Consumo consiente y sostenible; (2) Conocimiento de las posibilidades de aprovechamiento de los residuos generados; (3) Correcta separación en la fuente; (4) Rutas selectivas e incentivos a la ciudadanía y; (5) Obligación de fabricantes y/o importadores de recibir materiales recuperados - Posconsumo de residuos ordinarios. 

1Residuos sólidos son aquellos materiales que tienen un potencial de aprovechamiento y pueden ser reincorporados al ciclo económico y productivo versus los desechos que son aquellos que están destinados a ser eliminados por no ser de utilidad para la actividad que lo genera ni para otra.


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