Domingo, 17 Noviembre 2019
Columnistas Invitados

El mausoleo de Doña Juana

El asunto de las basuras en nuestros hogares deja de ser una preocupación una vez que sacamos nuestras bolsas a la calle o las lanzamos por un shut, así éste explote por la acumulación de gas metano, como ocurrió hace algunas semanas en unos edificios del norte de la capital.

Escrito Por: Cristian Julián Díaz Álvarez, docente del programa de Ingeniería Ambiental de la universidad Central

Cristía Julian Díaz

Los reiterados problemas que se presentan, desde hace ya varios años, con relación al manejo de los residuos sólidos en los centros urbanos, en especial en Bogotá y su relleno sanitario Doña Juana, son fruto de un método que se concentra en ocultar –vía entierro tecnificado– los subproductos del consumo (metabolismo) urbano que no tienen un uso claro, ni capacidad real de recuperación en el momento de ser generados, ni tampoco una valoración significativa en el mercado o en proceso productivo alguno. 

Para muchos tecnócratas los rellenos sanitarios son la expresión máxima de la gestión de los residuos sólidos; mausoleos enormes donde descansan indefinidamente materiales con tiempos de degradación que muchas veces superan los años de expectativa de vida de aquellos que los generamos. Obras civiles que multiplican el problema ambiental que buscan resolver. 

La generación de lixiviados (líquidos resultantes por el paso del agua a través de los residuos sólidos y por su descomposición), las emisiones con potencial efecto invernadero, la degradación e inutilización del suelo, la generación y proliferación de ratas, moscas y plagas (vectores), y por supuesto, las basuras contenidas, son el culmen de este arcaico método, que proviene de antiguas civilizaciones que literalmente no sabían cómo lidiar con sus basuras. 

A manera de ejemplo, podemos hablar del monte Testaccio, en Roma, que está formado únicamente por ánforas en las cuales se transportaba vino y aceite de oliva, desechadas hace más de dos mil años por sus otrora habitantes. A semejanza del Relleno Sanitario Doña Juana, que inició operaciones en 1989 y cuya vida útil llegó a su fin en 2014 –en la primera licencia–, luego de haber recibido aproximadamente 42 millones de toneladas de basura; pero que gracias a artificios técnicos y decisiones políticas ha recibido una vigencia forzada hasta la actualidad, sobrepasando un diseño inicial que ahora muestra sus consecuencias.

Es sorprendente que en 456 hectáreas de una zona de ladera cercada por asentamientos humanos se sigan disponiendo 200.000 toneladas de basura al mes (cifras oficiales), sin detenerse a pensar que el sistema colapsará pronto. Pero la solución más fácil —y pobre, mentalmente hablando— es extender aún más la licencia de operación del relleno, hasta cuando aguante.

Dentro de muchos años, los arqueólogos del futuro comprenderán nuestro comportamiento ambiental suicida al explorar la localidad de Ciudad Bolívar, verificando que desechábamos a diestra y siniestra nuestras efímeras posesiones, que desperdiciábamos comida como si viviéramos en la opulencia, que convivíamos con sustancias químicas peligrosas y padecíamos de trastornos obsesivos compulsivos con los productos de aseo. Seguramente, estos científicos del futuro se preguntarán las razones por las cuales no pensamos en hacer algo mejor, o en por qué no teníamos un estilo de vida más frugal o austero.  

Luego de tres milenios de hacer lo mismo, ¿no sería posible pensar en otras opciones?, como el aprovechamiento energético de la mayoría de residuos que generamos, como lo hacen otros países que no pueden darse el lujo de derrochar tierras útiles para cultivos, reservas naturales o expansión urbana (aquello que tanto desea nuestro actual alcalde).

Corea del Sur, Singapur, Japón, Reino Unido, España y Alemania, entre otros, son ejemplos exitosos, ya que proveen energía eléctrica a su población gracias al aprovechamiento térmico de las basuras. Bogotá podría hacerlo, pudiendo obtener una energía bruta aproximada de 71 GigaBTU al día (20 millones de kwh), cantidad suficiente para socorrer las necesidades mensuales de energía eléctrica de la ciudad. Eso, sin duda, es mucha energía desperdiciada en un relleno sanitario.

¡Nos estamos distrayendo e imposibilitando para definir realmente el problema de las basuras y, por ende, de encontrar soluciones verdaderas y definitivas!

Columnistas Invitados

‘Efecto Boomerang’ del modelo insostenible de consumo

Crisis sanitaria y ambiental en el relleno sanitario Doña Juana

Escrito por Carolina Montes Cortés
Abogada. Especialista en Derecho del Medio Ambiente. Doctora en Derecho
Docente Investigadora de la Universidad Externado de Colombia

Cara Carolina Montes 200

Mucho se ha hablado durante las últimas semanas acerca de la afectación que ha sufrido un grupo de población a causa de los vectores y la contaminación ambiental derivada del inadecuado manejo de los residuos sólidos en el Relleno Sanitario Doña Juana del Distrito Capital. 

Sin desconocer la responsabilidad que le cabe al operador del relleno sanitario por las falencias detectadas en la operación del sitio de disposición final, todos aquellos que permanentemente o de manera transitoria hemos generado residuos sólidos en Bogotá y los municipios aledaños, también somos responsables de esta problemática ambiental debido al insostenible modelo de consumo que tiene implicaciones en la generación de los residuos sólidos. En otras palabras, el consumismo nos está pasando la cuenta de cobro. Mientras la generación de residuos sólidos asciende aceleradamente, el aprovechamiento alcanza tasas apenas aceptables (13%) para una sociedad que parcamente muestra un leve crecimiento de su conciencia ambiental.

Lo que pasa es que los botaderos y los rellenos sanitarios reciben todo el cúmulo de los errores cometidos en las etapas de gestión que antecedieron a la fase de eliminación, es decir, los botaderos y los rellenos reciben toda la carga de las acciones deseables pero omitidas relacionadas con el consumo sostenible, la separación en la fuente y el aprovechamiento. Por esta razón, los rellenos sanitarios son una solución ambiental que aún genera un gran escepticismo y rechazo en países como el nuestro. Y aunque son varias las causas que podríamos listar como origen del problema sanitario y ambiental derivado del inadecuado manejo de los residuos sólidos, me centraré en lo que considero es el quid del asunto: LA DEFINICIÓN DEL CONCEPTO DE RESIDUO SÓLIDO 1. En la normatividad colombiana existen serias deficiencias conceptuales y terminológicas en relación con los residuos sólidos  y esto se ha constituido en uno de los más grandes tropiezos para avanzar hacia su gestión integral. El concepto de residuo sólido se ha desarrollado en función de facilitar la prestación del servicio público de aseo que busca eliminar todo lo generado por los usuarios en domicilios e industrias con una visión sanitaria antes que ambiental. Entre tanto, el negocio del aprovechamiento ha tenido que abrirse espacio en estrados judiciales para que la Corte Constitucional reconozca los derechos de la población recicladora y haga visible sus potencialidades económicas.

Así pues, en la medida en la que conceptualmente la población tenga claridad sobre el objeto a gestionar (residuos sólidos), en esa misma medida podrán adelantar las acciones más adecuadas para garantizar su adecuado manejo. El verdadero problema está en que muchos de los residuos que pueden ser aprovechados terminan en los sitios de disposición final dificultando la operación de los rellenos sanitarios. Si se aprovechara más y se eliminara menos, los rellenos sanitarios tendrían una mayor vida útil y los residuos sólidos aprovechables entrarían en los ciclos productivos como materia prima de bajo costo disminuyendo la presión sobre los recursos naturales (materia prima virgen). 

Entonces, para empezar… una correcta definición de lo que debe entenderse por residuo sólido y luego avanzar con cinco estrategias importantes: (1) Consumo consiente y sostenible; (2) Conocimiento de las posibilidades de aprovechamiento de los residuos generados; (3) Correcta separación en la fuente; (4) Rutas selectivas e incentivos a la ciudadanía y; (5) Obligación de fabricantes y/o importadores de recibir materiales recuperados - Posconsumo de residuos ordinarios. 

1Residuos sólidos son aquellos materiales que tienen un potencial de aprovechamiento y pueden ser reincorporados al ciclo económico y productivo versus los desechos que son aquellos que están destinados a ser eliminados por no ser de utilidad para la actividad que lo genera ni para otra.


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La mala costumbre de botar el chicle, el papel por la ventanilla y la de dejar la basura en esquinas y separadores podría tener fin, luego de lo dispuesto recientemente con la actualización del Código Nacional de Policía.
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Fallo del Consejo de Estado en materia de residuos peligrosos pone en riesgo su adecuada gestión

Escrito por Carolina Montes Cortés
Docente, abogada especialista en Derecho del Medio Ambiente y Doctora en Derecho de la Universidad Externado de Colombia.

Carolina Montes
 

En el año 2008 el Área Metropolitana del Valle de Aburra demandó, ante el Consejo de Estado, la nulidad de la Resolución SSPD- 20081300053645 con la cual se autorizaba excluir de oficio del Registro Único de Prestadores de Servicios Públicos – RUPS a personas que realizaran actividades relacionadas con residuos peligrosos, infecciosos, hospitalarios y similares, por considerar que violaba disposiciones constitucionales y legales sobre la materia, afirmando que era la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios – SSPD la encargada de llevar el registro de gestores de residuos peligrosos y no las Autoridades Ambientales, por tratarse de un servicio especial de aseo.

Analizado el asunto, el Consejo de Estado concluyó que la actividad de recolección, transporte, almacenamiento, desactivación, incineración, tratamiento y disposición final de residuos peligrosos y hospitalarios era, efectivamente, un servicio público domiciliario [1] enmarcado en el servicio especial de aseo; lo que, en mi sentir, es una equivocación que pone en riesgo la gestión de los residuos peligrosos.

Así las cosas, la decisión debe ser leída con beneficio de inventario pues el análisis de la Sala es errático en materia de residuos peligros. Primero: tuvo en cuenta normas derogadas para el análisis de la materia. La ley 430 de 1998 fue derogada tácitamente por la ley 1252 de 2008. El servicio de aseo ha tenido cambios desde el decreto 1713 de 2002 y desconoció un pronunciamiento anterior de la Sección Tercera (11001-03-26-000-2002-0045-01) del año 2003 que tumbó la diferenciación entre el servicio ordinario y el servicio especial. Segundo: desconocer las competencias asignadas a las autoridades ambientales tanto en la ley 99 de 1993 como en el decreto 4741 de 2005, en torno a los residuos peligrosos. Tercero: hacer caso omiso en el análisis del servicio de aseo a la excepción incluida en la norma reglamentaria del servicio público de aseo (DUR. 1077/15 artículo 2.3.2.2.1) que expresamente señala: “Este decreto no aplica… a la gestión de residuos peligrosos, la cual se rige por lo dispuesto en las normas ambientales”.

Así, se considera que el fallo inaplica el derecho ambiental y desconoce los avances que, desde el MADS, se han realizado en busca de gestionar adecuadamente los residuos peligrosos; tampoco tiene en cuenta tratados internacionales sobre la materia como el Convenio de Basilea sobre movimientos transfronterizos de desechos peligrosos y su eliminación.

Además, admitir que la gestión de los residuos peligrosos está enmarcada en la prestación del servicio público domiciliario de aseo genera gran confusión porque:

a. Solo un gestor especializado que cuente con la tecnología, las instalaciones y haya adelantado el trámite correspondiente de la licencia ambiental podrá aprovechar y/o eliminar, de manera ambientalmente adecuada, los residuos peligrosos que le han sido entregados.

b. Existen importantes diferencias entre los residuos ordinarios y los peligrosos como son: (1) políticas públicas; (2) normatividad aplicable; (3) autoridades encargadas de su reglamentación, vigilancia y control y; (4) tipos de responsabilidades que se derivan de su gestión.

c. El servicio especial de aseo no ha sido aún reglamentado por la normatividad colombiana. De hecho, la misma Corporación dejó sin piso jurídico un intento del Gobierno (D. 891/02) para dividir y clasificar el servicio de aseo en “ordinario y especial”.

En fin, quedan muchos cuestionamientos, pero el más importante es: ¿Que están haciendo los involucrados en el cumplimiento del fallo (generadores, gestores, autoridades ambientales y sanitarias) para avanzar en lo que implica la orden?

[1] CONSEJO DE ESTADO - SALA DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO SECCIÓN PRIMERA. CP: OSWALDO GIRALDO LÓPEZ. Rad.: 11001-03-24-000-2009-00113-00. Bogotá DC, marzo 8 de 2018.

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Columnistas Invitados

Impopulares e ineficientes

Por Alberto Uribe Jongbloed, Ph.D.
Director Programa de Ingeniería Ambiental y de Energías, Universidad EAN
Ingeniero Civil, Escuela Colombiana de Ingeniería Julio Garavito; MSc y PhD en Ingeniería Ambiental, Universidad de Cincinnati.
Foto Columnista Alberto Uribe

El esfuerzo de contenerización que ha llevado a cabo el Distrito Capital ha presentado algunas dificultades en su operación y es necesario tomar algunas medidas para evitar una reacción negativa por parte de la ciudadanía.

Desde finales del año pasado y principios de éste, los ciudadanos bogotanos hemos observado la instalación de contenedores alrededor de la ciudad. Estos contenedores, nos fuimos enterando paulatinamente, están pensados para ser utilizados dentro del servicio público de aseo, con el fin de optimizar su operación. Un sistema de contenerización, bien operado y gestionado, efectivamente reduce los tiempos de recolección, ayuda a mantener el espacio público más limpio y, para el caso del material aprovechable, agiliza la logística de recolección del mismo.

Ahora bien, para que ese objetivo realmente se cumpla, se requiere que el sistema sea utilizado de manera correcta por parte de la ciudadanía, y es aquí donde se encuentra el primer problema del sistema: La implementación del plan fue (y sigue siendo), acompañada por una enorme falta de información al público en general sobre el propósito y forma de operación del sistema de contenedores. No quiero con esto decir que el Distrito no haya intentado divulgar su plan, simplemente quiero decir que, claramente, el esfuerzo fue insuficiente; pues una gran parte de la ciudadanía se enteró del plan cuando se dio cuenta que le instalaron una serie de contenedores en frente a su casa o conjunto. Esta situación no solo causó rechazo por la repentina “invasión” del espacio público, sino que, al no tener claro cómo se iba a operar, se empezó a especular con las “consecuencias”.

Estos contenedores, fabricados todos en material plástico de color negro, vienen en dos presentaciones, siendo un tipo un poco más grande que el otro. El grande está diseñado para ser recogido de forma mecánica por camiones especializados de cargue lateral y está equipado con un sistema de apertura fácil (pedal) para que se puedan depositar residuos sólidos ordinarios (basura) dentro de él. El segundo, un poco más pequeño, tiene una tapa de color blanco, de apertura manual, y está destinado a recibir materiales aprovechables, los cuales deben ser previamente separados por parte de los ciudadanos (usuarios). Es aquí donde se encuentra el segundo inconveniente.

Para que el sistema opere de manera efectiva y eficiente, es absolutamente necesario que la ciudadanía sepa perfectamente qué debe hacer, cómo debe hacerlo y cuándo (con qué frecuencia se hace la recolección).

El qué es que debemos usar los contenedores grandes para depositar los residuos no aprovechables y el contenedor pequeño para depositar los residuos aprovechables.

El cómo nos dice que debemos almacenar en bolsa blanca materiales aprovechables, tales como plásticos, papel/ cartón, vidrio y metales; que éstos deben estar secos y libres de contaminación (esto último es particularmente importante, en especial si el material estuvo en contacto con comida, pues requiere que el usuario remueva los excesos y que enjuague y seque el material antes de depositarlo) y que los residuos no aprovechables deben almacenarse en bolsa negra.

El cuándo se debe coordinar con los prestadores del servicio de recolección que definen la frecuencia con la que vendrán a recolectar el material almacenado en cada tipo de contenedor. Es muy importante tener en cuenta que el prestador del servicio de recolección de material aprovechable no es el mismo que presta el servicio de recolección de residuos no aprovechables. (¡y este es otro problema!).

La consecuencia que se ha podido observar, es que al no tener claro el qué, cómo y cuándo del uso del sistema de contenerización, éste se ha utilizado de manera incorrecta; con lo que la percepción ciudadana del mismo es que no solo no funciona, sino que deteriora el entorno.

Es imperativo que la Administración enfoque sus esfuerzos en un programa masivo de información ciudadana, para evitar la vilificación del sistema.

Legales

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Con este, se define la manera por la cual se realizará su cálculo, facturación, recaudo, asignación y uso de recursos, así como su seguimiento y control en todo el país.
Investigación
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Cada latinoamericano genera un kilo de basura al día y la región en su conjunto, unas 541.000 toneladas, lo que representa alrededor de un 10% de la basura mundial.
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Un año después de ese anuncio, ningún ciudadano ha recibido multa alguna. Siguen quejas sobre basuras en vias publicas y la Alcaldía se justifica. 
Denuncia

Tres eventos y las 80 toneladas de basura que generan

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Denuncia

Un monstruo llamado “Respel”

Las basuras peligrosas crecen de manera discreta, pero crecen. Quizá porque hay mayor registro y mejores controles con sistemas de disposición y eliminación disponibles. 

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