Martes, 25 Julio 2017

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Por Eduardo Chávez López
Director de Catorce6
 

Que el Presidente Santos no haya incorporado a su gabinete del posconflicto al Ministro de Ambiente, es reflejo de la falta de grandeza con la que ven la paz algunos miembros de su círculo cercano en el Palacio de Nariño. Ya vimos lo difícil que ha resultado acondicionar los campamentos donde finalmente se concentraron los guerrilleros que marcharon hacia el desarme.

Muchos nos hicimos la misma pregunta que ante las cámaras formulase un campesino mando medio de la guerrilla: “¿si con esto tan pequeñito empezaron a incumplir, cómo será con el grueso de los puntos que acordaron?” Por eso proscribieron los principales temas ambientales de los acuerdos de paz pues, según los ambientalistas que viajaron a La Habana antes del plebiscito, los negociadores del gobierno evitaron a toda costa hablar de aspectos que pudiesen abrir la discusión sobre el modelo económico. Como si hablar de la protección a ecosistemas antes “protegidos” por la guerra, o el cuidado de las fuentes hídricas, o el rol del ecoturismo en esta nueva realidad y otros temas similares, pusiese en riesgo grave la estabilidad económica del país.

Es una lástima que el Gobierno en esta paz esté mostrando más sus temores que las certezas. Las emocionantes imágenes de largas filas de guerrilleros marchando alegres a las zonas donde van a dejar las armas, se vieron más en los noticieros internacionales que en los informativos capitalinos. Piensan más en el temor que les genera mejorar la imagen de un antiguo adversario que en mostrar los cambios que producen las nuevas voluntades de cumplir lo pactado y todo lo que ello puede movilizar.

Es que el posconflicto colombiano no es sólo el desarme de la guerrilla más antigua del hemisferio occidental. Es también la oportunidad de desarrollar una nueva forma de relacionarnos entre todos, incluidos los no armados, para construir una realidad que mejore nuestra vida y nuestro capital social y natural. Todo parece indicar que esas potencialidades no son consideradas en el círculo cercano al Presidente.

Por eso son displicentes con grupos tan reconocidos y significativos como los ambientalistas de todas las regiones que después de meses de talleres propusieron una agenda de once puntos para obtener una respuesta oficial que sólo hablaba de lo extemporánea de la iniciativa.

El Gobierno está perdiendo la oportunidad de oro para hacer de esta paz, el nuevo escenario de reconciliación entre los actores de la sociedad, de su economía, de su cultura, de sus regiones. Pero también está desestimando la capacidad creadora de una sociedad que en medio de una crisis profunda de sus liderazgos, necesita ser inspirada hacia nuevas epopeyas.

Una rectificación a tal mirada es aún posible, pero eso significa cambiar el corazón de muchos en el alto gobierno que están haciendo cálculos electorales o económicos en medio de semejante momento histórico. Por supuesto que es el Presidente el más llamado a animar tal rectificación y el ambiente es un escenario que brinda esa oportunidad empezando por la incorporación de su Ministro al posconflicto y la articulación de liderazgos naturales como el de los ambientalistas a la inauguración de una nueva utopía desde la paz.

 

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