Sábado, 24 Octubre 2020
Hábitat

Controversia por proyecto de ley para formalizar a “ocupantes y poseedores” de tierras

El Centro Democrático presentó una iniciativa para que los ocupantes que demuestren buena fe puedan formalizar sus tierras, la propuesta además tumba la normativa de recuperación de baldíos.

Investigación

La alarmante cifra de 24.000 millones de toneladas de tierra fértil que se pierde al año

Así se reveló en la convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación en China. También es escandalosa la cifra de árboles talados . 
Investigación

Nuevo intento para poner orden a Islas del Rosario y San Bernardo

En un trabajo conjunto entre instituciones gubernamentales y de investigación, se intentará establecer el uso que se le ha dado al suelo en estas islas.

Columnistas Invitados

Una cuestión de panorama

William Martínez

Por: William Martínez

Expresidente del Sistema de Referencia Geocéntrico para las Américas (SIRGAS), experto en geodesia y gestión de información geoespacial, y especialista de la ANM en catastro minero.

Si la administración de la tierra en Colombia fuera tema topográfico o cartográfico, la cuestión sería menos compleja. Sin embargo, en medio se encuentran el adecuado inventario, el acceso a la tierra, el reconocimiento de los derechos, la restitución, el proceso de paz y, sobremanera, la democratización de la técnica para la construcción de gobernanza territorial y el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible.

Esto trasciende los intereses de los círculos geomáticos y concita elementos políticos, legales y de construcción de capacides. La precisión y la exactitud se comportan como mercancías y a estas acceden quienes pueden pagarlas. Así que es necesario considerar de qué manera se pueden balancear el costo, la oportunidad, la calidad y el beneficio social en el tema de fondo: la administración de la tierra. No se trata de la precisión implícita en el modelado de un levantamiento, el cual es normalmente de naturaleza local.

La declaración de la Federación Internacional de Agrimensores (FIG) y el Banco Mundial sobre fit-for-purpose land administration -FFP- recoge los atributos de una administración de tierras «lo suficientemente buena para cumplir su propósito»: flexible, inclusiva, participativa, asequible, confiable, alcanzable y actualizable. Requisitos no satisfechos en las economías similares a la colombiana y para las cuales se ha concebido el concepto FFP.

Este enfoque coincide con el concepto de Catastro Multipropósito y procura que los países en desarrollo consoliden sistemas de base, a partir de los cuales, una vez alcanzado un nivel inicial de cobertura, continuidad y calidad, se puedan dedicar esfuerzos y recursos para su perfeccionamiento posterior. Paradójicamente, sectores que en su actividad cotidiana emplean tecnología de vanguardia, pueden generar resistencia ante las visiones más amplias tanto en el ámbito social, como el espacial.

El deseo por vender indistintamente los más altos estándares técnicos -normalmente alcanzables en los mercados de primer orden- puede contrariar la justicia socioespacial y las nuevas oportunidades. A la pregunta ¿Cuáles son los principales retos en la adopción del enfoque FFP?, el documento de 2016 «principios orientadores de FFP Land Administration», de UN-Habitat, Kadaster y Global Land Tool Network, responde:

«El primer reto se centra en la adopción de un nuevo paradigma que no está impulsado por la tecnología del posicionamiento ni la topografía de vanguardia ni la seducción de una exactitud cada vez mayor. Esto requiere un cambio de mentalidad en un grupo muy conservador de profesionales de la tierra y una estrategia de gestión del cambio eficaz». Esta respuesta prevé posturas similares a la que subyace en el documento «Concepto Técnico CTM12» de la Sociedad Colombiana de Ingenieros.

No es del alcance de este texto argumentar las cuantificaciones y ejercicios incluidos en dicho Concepto. De lo allí agregado es posible vislumbrar los cambios que aparecen cuando se adoptan diferentes sistemas de coordenadas. Los resultados son ilustrativos y enriquecedores.

Sin embargo, otros interrogantes siguen abiertos:
¿Logró Colombia un desarrollo catastral de primer nivel utilizando los puntos de vista técnicos históricos?
¿Ha avanzado Colombia en 2020 en la implementación de la visión «Catastro 2014» planteada por la FIG en 1994?
¿El enfoque FFP invitaría a los centros académicos a repensar sus derroteros?
¿Cómo balancear el rigor técnico-académico con su aplicación social?

Las respuestas implican la combinación orgánica de los datos geoespaciales con los socioeconómicos, como lo indica la iniciativa de las Naciones Unidas para la Gestión Global de la Información Geoespacial (UN-GGIM). En este contexto, las decisiones tomadas para el Catastro Multipropósito responden a una necesidad actual y nacional. En el camino será menester abandonar distintas tradiciones y generar soluciones innovadoras y actuales, bajo otros liderazgos.

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