Sábado, 15 Mayo 2021

Es un terreno de 120 hectáreas con ciénagas y humedales ubicado en San Benito Abad (Sucre). El proyecto es liderado por Wildlife Conservation Society (WCS).

Carranchina pato12

Foto: WCS / Mauricio Salcedo

De acuerdo con la WCS Colombia, la destrucción del bosque seco en los departamentos de la costa Atlántica, por la introducción a traves de las décadas de cultivos, ganadería y construcción de obras de infraestructura, no solo ha afectado a valiosas especies de flora, sino también a la fauna que allí habita. Una de las especies damnificadas es la tortuga carranchina (Mesoclemmys dahli), endémica para el Caribe colombiano (es el único lugar del mundo donde vive) y que ha estado históricamente adaptada a este ecosistema

Según estudios sobre genética del paisaje ejecutados recientemente, la afectación sobre ese reptil, en peligro crítico de extinción según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), se debe a que la fragmentación sufrida por el bosque ha causado, como principal consecuencia, la división de sus poblaciones en al menos seis grandes grupos que están aislados y cuyos individuos han tenido que reproducirse entre parientes (endogamia).

Esto ha incrementado la probabilidad de que adquieran genes defectuosos que podrían derivar en enfermedades, cambios físicos o incluso en la muerte.

Y precisamente para reducir esta afectación, WCS Colombia, en colaboración con Turtle Survival Alliance (TSA) y Rainforest Trust, acaba de adquirir un predio rural que se transformará en una zona de reserva para la carranchina. Esta es la primera y única área en el país destinada a su conservación.

Al sitio se llevarán, intencionalmente, ejemplares de diferentes grupos poblacionales de la especie, nunca emparentados, para que entre ellos pueda existir un intercambio sano y apropiado.

En ese predio, de 120 hectáreas, existen humedales que deberán ser restaurados para mejorar las condiciones naturales del lugar y la calidad del hábitat. Está ubicado en el municipio de San Benito Abad (Sucre), en un área de distribución natural de la tortuga.

Germán Forero, director científico de WCS Colombia, explica que este propósito se denomina rescate genético. “Aprovechando que las tortugas, por su tamaño y peso, pueden moverse intencionalmente de un lugar a otro con más facilidad, al llevar algunos grupos de ellas a la reserva lograremos introducir genes nuevos y aumentar la diversidad”.

Ante la desaparición de su entorno tradicional, muchas de las Mesoclemmys dhali se han tenido que amoldar a condiciones ambientales diferentes, optando por vivir en potreros donde intentan desplazarse sin mucho éxito. Y precisamente, la idea con esta zona de protección es recuperar y proteger su hábitat. También darles nuevas oportunidades de reproducción a las que han quedado aisladas y ahora viven en sitios transformados.

A esto se sumaría un monitoreo para saber si la población comienza a aumentar con la protección. De paso, se transformaría en una prueba que podrá despejar dudas y perfeccionar la toma de decisiones de manejo para la carranchina en otros sectores del norte del país.

Paralelamente a este objetivo, WCS Colombia trabaja con ganaderos para proteger el poco bosque seco que ha resistido las intervenciones humanas y en recuperar la vegetación ribereña por medio de acuerdos que permitan destinar porciones de terrenos a la conservación del reptil.

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