Jueves, 21 Noviembre 2019
Escrito por Ferney Rojas
Coordinador de la Línea de Restauración y Conservación de la Corporación Ambiental Empresarial, CAEM. 

Ferney Rojas 200
 

El pasado 12 de octubre se celebró en muchos países del mundo el día internacional del árbol. Cada vez más la comunidad internacional es consciente de la importancia medioambiental que tienen estos seres vivos para la conservación de nuestra especie. Sin embargo, estos no son solo captura de carbono, sus beneficios van mucho más allá, y es por esta razón que, quiero sembrar en el referente colectivo este artículo para explicar el por qué los árboles son la piel del planeta tierra, son individuos clave para el desarrollo sostenible de nuestras actividades humanas.

Los árboles definidos en perennes o caducifolios por quienes los estudiamos, se alzan y albergan en grandes parajes llamados bosques, los cuales por años han sido reconocidos como refugios misteriosos. Estos en las últimas décadas han alcanzado un alto reconocimiento, ya que con el avance de la ciencia se ha podido esclarecer su aporte ambiental como capturadores de más del 40% del dióxido de carbono generado por el hombre.

Asimismo, se ha podido entender que, a través de estos se puede prevenir la desertificación del suelo, evitar derrumbes e inundaciones; cerca de 1.600 millones de personas en el mundo dependen de sus servicios; son la fuente de recursos como madera o medicinas; son actores clave para aminorar la violencia en zonas de alta tolerancia y son sanadores de dolor cuando muere un ser querido.

A pesar de que el hombre se ha encargado de usarlos y destruirlos, y, teniendo en cuenta que miles y miles de hectáreas de bosques se degradan anualmente en el mundo, ellos tienen una asombrosa capacidad de recuperación, lo que nos hace pensar que aún tenemos oportunidad de vivir en armonía con ellos y el planeta.

Una de las principales lecciones que nos dan es que se conectan no solo por medio de sus copas, sino también a través de sus raíces, heredando códigos genéticos durante años que les permiten ser resilientes y mantenerse en el tiempo; y por ello, aunque se ha deforestado más de la mitad de los bosques que florecían en el planeta, estos, como quien coloca la otra mejilla a pesar de haber sido lastimado,  nos enseñan que si se les protege, restaura y conserva, como seres vivos “paritarios”, pueden sobrevivir a condiciones adversas y mejorar nuestros ecosistemas.

Como ciudadanos, empresas o gobiernos, debemos entender a profundidad los beneficios y cualidades que los árboles brindan, dependiendo de la zona en la cual se encuentran. Por ejemplo, en áreas como Cundinamarca y Bogotá, la siembra de árboles como arrayanes, cedros, guayacanes, laureles o nogales, son de suma importancia porque sus características ecosistémicas ofrecen los nutrientes que la región Andina necesita. 

Adicionalmente, si conocemos a los árboles, podemos saber que estos se convierten en proveedores de bienes y servicios fundamentales para miles de personas que dependen de la conservación de bosques, a través de la modalidad de pago por servicios ambientales en donde los ciudadanos ven en los árboles una oportunidad laboral y de vida; en Colombia cerca de 1.200.000 personas dependen de productos forestales no maderables (PFNM).

Lo árboles, de la misma manera, son canales que conectan la responsabilidad corporativa con la protección del planeta, por medio de la creación de bosques empresariales que al final se convierten en núcleos de vida que compensan el impacto medioambiental que podrían tener las operaciones industriales.

Para finalizar quiero hacer un llamado a la acción. Tenemos que sembrar más árboles para proteger nuestro planeta, para conservar la vida de los animales que se asientan en sus copas, para promover la sostenibilidad de nuestros procesos productivos; para ser promotores de empleo; y para ser generadores de vida cuando otra se va.

Sembrar un árbol es materializar ideas en acciones. Y son acciones que al final benefician no solo la Tierra, sino también a las personas.

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Ferney Rojas es ingeniero Forestal, especialista en Producción y Transformación de la Madera de la Universidad del Tolima. Fue miembro de la Asociación Colombiana De Ingenieros Forestales y ha sido escritor de diferentes artículos académicos como El Milagro de la Poma o Patrones de arquitectura foliar asociados al crecimiento funcional de cinco especies leñosas nativas de la cordillera oriental utilizadas en restauración ecológica en la sabana de Bogotá, y conferencista internacional.

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