Martes, 26 Septiembre 2017
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El asbesto es una sustancia tan imperceptible como traicionera. Su efecto es lento y sus consecuencias para la salud suelen ser tardías, por lo que los primeros síntomas por haber estado expuesto a esta fibra pueden demorar años y hasta décadas en aparecer.

Escrito por Silvia Gómez, Coordinadora de Greenpeace en Colombia

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Pero cuando aparecen, las consecuencias suelen ser fatales. Al año, mueren aproximadamente 120 mil personas en el mundo producto de enfermedades cancerígenas, asociadas al asbesto.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), por cierto, reconoce las devastadoras consecuencias del asbesto y por eso, alerta desde hace años sobre sus fatales consecuencias para la salud humana. Una alerta que ha sido atendida por muchos países del mundo (este año se sumó Ucrania, convirtiéndose en el número 57) que se han encargado de prohibir la sustancia. 

¿Qué motivó medidas como la de Ucrania? Simplemente salvaguardar la salud de los ciudadanos.

En Colombia, por razones que no se comprenden, seguimos esperando una medida similar. Mientras tanto, el asbesto sigue presente en casas, hospitales y escuelas del país, enfermando lenta y silenciosamente a los colombianos donde se supone que debieran estar más protegidos.

Un claro ejemplo de ello es la empresa Eternit, una de las  principales compañías que comercializa productos con asbesto en Colombia,  que se ufana de haber cubierto más de 300 millones de metros cuadrados con sus tejas, haber servido a 1 millón y medio de viviendas con sus tanques y extendido cerca de 40.000 kilómetros de tubería de acueducto y alcantarillado. 

Greenpeace lleva adelante una campaña para prohibir el asbesto en Colombia. Estamos reclamando a Eternit que se comprometa públicamente a abandonar su producción de materiales con asbesto. Y no estamos solos, ya que más de 40.000 personas han entendido la gravedad y han firmado para que se prohíba la sustancia. 

Lamentablemente, los proyectos de ley que han buscado terminar con el asbesto en Colombia han fracasado una y otra vez. 

Ahora existe una nueva iniciativa que se discute en el Congreso. Se trata de la presentada por la senadora Nadia Blel, que lleva el nombre de Ana Cecilia Niño, una joven periodista colombiana que contrajo cáncer debido a su exposición al asbesto cuando era niña y quien emprendió una campaña pública para prohibir el asbesto en Colombia. Lamentablemente, Ana falleció sin poder ver a su país libre de esta fibra, pero hoy la lucha la continúa su esposo Daniel Pineda. A él se han unido muchas organizaciones que buscan que la prohibición se convierta en una realidad posible e inminente. 

Este proyecto de ley va en el camino correcto. A pesar de la presión de Ascolfibras, que está llevando adelante un fuerte lobby para evitar que la iniciativa avance en el Senado, Greenpeace, como también muchas otras organizaciones e instituciones, seguirá en su campaña pública para exponer la peligrosidad del uso del asbesto en Colombia y responsabilizando a aquellos que favorecen a algunos pocos en detrimento de la salud de la ciudadanía. 

En medio de este contexto complejo, la pregunta es directa: ¿el senado apoyará una normativa que termine de una vez por todas con la producción y uso de asbesto en Colombia?

Ya existieron 7 instancias en las que el Senado favoreció a empresas como Eternit para que la industria pueda seguir distribuyendo 30 mil toneladas de asbesto al año en Colombia, a costa de que más de 300 personas mueran en el país anualmente. La prohibición se la deben a los colombianos y los familiares de las víctimas de asbesto, que esperan un pronunciamiento claro y contundente.

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