Jueves, 28 Mayo 2020

La Universidad Nacional revela que hay una tendencia decreciente en la humedad del suelo en las subcuencas de la cuenca Amazónica.

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Foto: Agencia de Noticias U. Nacional


Elizabeth Arango Ruda, magíster en Ingeniería - Recursos Hidráulicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL, evaluó la posible existencia de señales de cambios hidroclimáticos de largo plazo en registros mensuales de precipitación (lluvias), evapotranspiración (cantidad de agua que vuelve a la atmósfera proveniente del suelo como consecuencia de la evaporación o la transpiración de las plantas), caudal y humedad del suelo en cuencas de Colombia y de la Región Amazónica, con y sin deforestación.

Por medio de herramientas estadísticas, analizó la información contenida en diferentes bases de datos, como las series de caudal medio mensual provenientes del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y de la Agencia Nacional de Aguas de Brazil (ANA), de estaciones de la cuenca del Amazonas.

También utilizó información satelital de variables hidroclimatológicas como la precipitación mensual, la cual tomó de las bases de datos del Climate Hazards Group InfraRed Precipitation with Station (CHIRPS) –del Tropical Rainfall Measuring Mission (TRMM)– y de TerraClimate.

Así mismo, de la base de datos del Soil Moisture and Ocean Salinity Satellite (SMOS) obtuvo referencias de la evapotranspiración real mensual y de humedad del suelo también mensual; además consultó otras fuentes.

A partir de ahí obtuvo un análisis de tendencias que le permitió establecer que efectivamente sí se presentan cambios en las variables hidroclimáticas estudiadas.

“La mayoría de ellas son tendencias crecientes, esperábamos que fueran decrecientes, pero en la precipitación y en los caudales encontramos lo contrario. No hubo una señal directa que vinculara estos cambios con la pérdida de bosques”, explica la investigadora.

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Foto: Agencia de Noticias U. Nacional


No obstante, aclara que estos resultados –contrarios a la hipótesis inicial– pueden tener varias explicaciones, como por ejemplo que se deba más a los efectos del cambio climático, la influencia de las aguas de cuencas subterráneas, la dirección de los vientos, e incluso del porcentaje de área deforestada.

“Es posible que se necesite que la cuenca esté deforestada en un umbral superior al 50 % para que se vea un verdadero efecto, o también tendría que ver con el grado de fragmentación del bosque en la cuenca. Para precisar mejor estos resultados sobre si hay o no un efecto directo de la deforestación en la cuenca se deben vincular el trabajo con la información local y con la capturada por sensores remotos y modelos”, señala la magíster.

Suelos con características distintas

Agrega que para estudios futuros se debe tener en cuenta que, por ejemplo, las 38 subcuencas que hay a lo largo de los ríos de cuenca amazónica, sobre las que se empleó información para el estudio, poseen características distintas tanto de suelos como de dirección de los vientos y cobertura vegetal.

“Lo primero sería tratar de analizar dos cuencas, una con mucha deforestación y otra con poca, pero en condiciones climáticas, de relieves y de suelos similares, con información tanto de sensores remotos como local con estaciones de medición puntuales”, indica sobre posibles nuevos estudios.

Se trata de un campo sobre el que es necesario ahondar si tenemos en cuenta que en los últimos 40 años la Región Amazónica ha presentado intensas tasas de deforestación, en el sitio conocido como arco de deforestación, especialmente para extender la frontera agrícola y cultivar pastos.

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