Martes, 10 Diciembre 2019

La Universidad Nacional evidenció que los menores que viven en Ibagué presentan mayor peso y talla que aquellos que residen en Bogotá.

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Foto: Agencia de Noticias U. Nacional 

Diana Paola Gamba es la investigadora que lideró el reciente estudio en niños en edad escolar de dos ciudades y quien analizó los niveles de leptina salival, hormona relacionada con el control del apetito, además de otros marcadores de riesgo de enfermedad cardiovascular y su posible relación con parámetros nutricionales y bioquímicos.

Se evaluaron 151 niños de Bogotá (alta altitud) e Ibagué (media altitud) con una edad promedio de 8 años, en los que se observó que el peso y la talla fueron más bajos en la población de alta altitud, mientras que en saliva se obtuvieron niveles de leptina superiores en los niños que habitan a menor altitud, y triglicéridos más elevados a mayor altura.

“La leptina se produce a nivel del tejido adiposo y se supone que entre mayor cantidad de este tejido se presente se genera más de esta hormona que ayudaría a reducir el apetito. El problema es que los estudios han demostrado que a pesar de que esta aumenta no cumple la función esperada”, explica la investigadora.

Es por esta relación con el aumento de peso que dicha biomolécula podría servir como un indicador de riesgo cardiovascular. El asunto es que este y otros marcadores medidos en el estudio –como los niveles de triglicéridos, tipos de colesterol y glucosa– generalmente se miden en muestras de sangre.

Agrega que “todas esas moléculas las medimos en saliva, porque se ha visto que en este fluido también se alcanzan a presentar y es una muestra que se toma mediante un método menos invasivo que puede ser usado en niños o adultos mayores. Sin embargo, no contamos con resultados que nos permitan definir si están elevados o normales”.

El estudio se centró además en la población infantil debido a que se busca identificar tempranamente el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, una de las mayores causas de muerte en todo el mundo, para tomar medidas preventivas que permitan evitar que dicho riesgo se convierta en una realidad.

Influencia de la altitud

A partir de esos resultados, la investigadora Gamba concluyó que la altitud puede influir en la presencia de factores de riesgo cardiovascular, parámetros antropométricos y de crecimiento, ya que se observaron diferencias significativas entre los niños de Bogotá e Ibagué, los primeros con peso y talla más bajos.

Así mismo, el metabolismo de lípidos y carbohidratos se ve afectado por esta condición medioambiental, aumentando algunas concentraciones de biomoléculas en saliva. Por ejemplo, a mayor altitud mayor nivel de triglicéridos, y a menor altitud mayores concentraciones de leptina.

Se trata de factores que, según la investigadora, pueden ir de la mano de la ingesta de alimentos, que se vería modificada con la altura, posiblemente por la disponibilidad de los productos consumidos.

En cuanto a los niveles de actividad física, se encontró que casi el 49 % de la población estudiada presentó sedentarismo, aunque el nivel de actividad física moderada en los niños de Ibagué fue mayor frente a los niños de Bogotá.

Este primer análisis que se realiza en Colombia evaluando tales moléculas en saliva y correlacionándolas con el estado nutricional de los niños a diferente altitud, necesitaría estudios posteriores para determinar valores normales de referencia, advierte la magíster.

 

 

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