Lunes, 18 Marzo 2019
Autoridades ambientales han dicho que no hay ninguna alerta por las partículas que llegan a ciudades como Bogotá, pero la OPS ha advertido sobre los peligros potenciales.
saharapixa                                                                                         Foto: Pixabay

Aunque parezca imposible, en este momento en el aire de Bogotá hay partículas de polvo que viajan desde el desierto del Sahara. Es un fenómeno que se presenta después de una tormenta fuerte en ese desierto que termina arrastrando partículas hasta América por los vientos Alisios.

Así se observa en la imagen del observatorio de la Universidad de Atenas que mide la concentración de polvo.

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El experto Óscar Ducuara, de la Secretaría de Ambiente, le explicó a CNN que este polvo se mezcla con partículas contaminantes y saturan la atmosfera por un “techo atmosférico” que se crea por las altas temperaturas en el día y las bajas temperaturas en la madrugada, como ocurre en Bogotá.

Cada año, aproximadamente 182 millones de toneladas de polvo del desierto del Sahara cruzan el océano Atlántico. A pesar de su tamaño, con un décimo del ancho de un cabello humano, las partículas logran recorrer miles de kilómetros, llegando incluso a América.

De acuerdo con la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA), el polvo del Sahara puede llegar a recorrer unos 4.800 de kilómetros. Esto ocurre debido a los fuertes vientos que soplan sobre el desierto, y que llevan a las partículas a las zonas más elevadas de la atmósfera, donde se transforman en enormes nubes de polvo.

Pero para que haya algún tipo de impacto en tierra, es necesario que llueva. Al ocurrir esto, las gotas de lluvia se mezclan con las partículas. Esa combinación al evaporarse da lugar a una capa de polvo que puede mantenerse por varios días en un lugar.

Según un documento de la Organización Panamericana de la Salud, el peligro que genera el fenómeno de recurrencia anual radica en el contenido de bacterias, virus, esporas, hierro, mercurio, y pesticidas que presenta el polvo, estos contaminantes los recoge a su paso por zonas deforestadas del Norte de África, particularmente los países subsaharianos intensamente afectados por desertificación, generada por el agotamiento de bosques por el uso no controlado de ese recurso.

“Estas tormentas cuando logran concentrarse y alcanzar áreas pobladas de Europa y América, pueden provocar la aparición de alergias y crisis asmáticas en muchas personas, sobre todo aquellas que ya sufrían problemas respiratorios o de inmunodepresión. Muchas veces se refieren casos de ‘gripes’ persistentes o alergias sin causa aparente que pueden haber sido provocadas por el contacto con partículas de origen biológico presentes en estas brumas”, dice la OPS.
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