Viernes, 22 Noviembre 2019
Factores climáticos y logísticos son grandes responsables de la pérdida de 6.2 millones de toneladas de alimentos en las etapas de producción y distribución.
 ali                                                               Foto: elintransigente.com

De acuerdo con un estudio del Observatorio Hambre Cero, de la Facultad de Economía de la Universidad Externado, si se recuperaran las pérdidas de alimentos en las áreas cosechadas sería posible alimentar anualmente a 3.940.286 personas, en las diferentes regiones de Colombia. “Esta cifra equivale al 71,6% de los colombianos que padecen hambre y que en la actualidad se estima que alcanzan los 5,5 millones”. 

Según el informe, esto ocurre en la fase de producción, y tiene que ver con cambios en el clima (sequías, inviernos excesivos) y el ataque de plagas. Además de procesos obsoletos en actividades pos-cosecha (selección, inspección, tratamiento, empaque, refrigeración y almacenamiento de los alimentos) conducen a pérdidas que podrían evitarse. 

Para los investigadores del Externado, sin embargo, el eslabón de la distribución de los alimentos en un entorno como el colombiano, es especialmente crítico en la pérdida de alimentos. Explican cómo los productos cosechados se pierden por ‘perversiones’ del mercado, que pueden conducir en un momento dado a que el cultivador se abstenga de distribuir su cosecha, pues los precios bajos no alcanzan siquiera a cubrir los costos invertidos en producción y transporte.   

Así mismo, las grandes superficies, según datos de la investigación, quizá empujados por las preferencias de los compradores, “imponen un modelo de comercialización de alimentos de acuerdo con parámetros como la apariencia perfecta y uniforme, proceso en el cual se desechan, y por ende se pierden, productos aptos para el consumo humano”. Incluso el informe logra demostrar estadísticamente como en los estratos más altos existe una necesidad de mantener grandes y variadas cantidades de alimentos, que muchas veces se pierden pues no alcanzan a ser consumidos.

Óscar Alfonso, investigador principal, plantea 4 medidas de corto plazo para luchar contra el desperdicio: 
- Flexibilizar las políticas y las actitudes, por ejemplo, frente a conceptos como “fecha de vencimiento” y “sugerencia de consumo antes de…”, que hay que saber distinguir, por supuesto sin sacrificar la inocuidad de los alimentos.

- Convencer a los consumidores de que, en la mayoría de los casos, “productos magullados son aptos para el consumo, pues conservan sus características nutricionales y se obtienen a menores precios”.

- Los mercados populares ofrecen lecciones, pues venden productos en el correcto estado de maduración, para consumir de inmediato, abastecidas por pequeñas redes de transporte informal eficientes, que facilitan la rotación más rápida y reducen las pérdidas.

- Acudir más a tiendas de barrio que ofrecen posibilidades como las ventas ‘al menudeo’ que les permite a los compradores abastecerse según sus posibilidades. 

Vale la pena recordar que según la agencia de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, FAO, al año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida en el mundo. Este derroche, agrega la entidad, genera pérdidas económicas cercanas a los 750.000 millones de dólares.

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