Jueves, 17 Enero 2019
China fue uno de los países que impulsó el mantenimiento de los acuerdos ambientales en la COP24, mientras Estados Unidos anunció hace unos meses su salida del Acuerdo de París.
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El país más contaminante del mundo emprendió una lucha contra la polución, en sólo 4 años redujo en 32% las partículos finas – PM 2.5 – en el aire. Hoy es el mayor inversionista del mundo en generación de energía con fuentes renovables no convencionales. 

El gigante asiático tiene cifras gigantes en todos los aspectos. Su economía se ha fortalecido en los últimos años y, con ella, la contaminación. De acuerdo con datos del Banco Mundial, de las 36.200 millones de toneladas de CO2, China produce más de 10.250 millones de toneladas. Es decir, casi el doble de Estados Unidos que está ubicado por debajo de las 6.000 millones de toneladas.

Las razones de esas cifras son conocidas alrededor del mundo: alto uso de fuentes fósiles, sistemas de transporte contaminantes, industrias fueras de control y crecimiento exagerado de ganadería y agricultura. Pero a todo esto se suma la sobrepoblación porque en China habitan cerca de 1.300 millones de personas y en su contaminada capital Pekín hay más de 22,5 millones de habitantes.

Se ha vuelto común, en consecuencia, que cada semana circulen fotos de la capital llena de humo y con decenas de personas que deben circular con tapabocas para evitar afectaciones graves en la salud. Una investigación del Colegio del Medio Ambiente de la Universidad de Nanjing analizó 3 millones de muertes en 74 ciudades de ese país y encontró que casi la tercera parte (31,8%) estaban relacionadas con la pésima calidad del aire.

Pero además los expertos criticaban que la polución, en el contexto social chino, tiene un impacto claramente clasista: “los ricos viven en partes más limpias de la ciudad y en los días con mayores niveles de contaminación pueden manejar para ir al trabajo y trabajar adentro, tienen acceso a mejores médicos, tienen segundos hogares en el campo y pueden pagarse filtros de aire caros y efectivos”, explicó Matthew Kahn, profesor de la Universidad del Sur de California.

Ante este panorama, no solo por filantropía sino también por negocio, el gigante de oriente anunció una histórica partida de 300.000 millones de dólares (Unos 600 billones de pesos colombianos) en los próximos años para tomar medidas extraordinarias contra la contaminación y el cambio climático.

Los resultados no demoraron mucho en llegar: a partir de datos recogidos en 200 receptores repartidos por todo el país, un estudio de la Universidad de Chicago calculó que la tasa de partículas finas en el aire, muy perjudiciales para la salud, se redujo en un 32% entre 2013 y 2017.

Si se mantiene esta tendencia, la esperanza de vida media de los chinos podría aumentar en 2,4 años, según el estudio. Las partículas finas —también conocidas como PM2,5— son determinantes tanto en las enfermedades cardiovasculares y respiratorias como en el cáncer. “No existen ejemplos de un país que haya logrado una reducción tan rápida”, concluyeron en su momento los investigadores.

¿Cómo lo lograron?

El primer objetivo que se trazó el Gobierno Chino fue el de comenzar a dejar atrás la energía a partir de los no renovables. A comienzos de 2017 la Administración Nacional de Energía decretó que las casi 100 centrales eléctricas consumidoras de carbón y con las que se esperaba generar unos 1.100 gigavatios, no serían construidas y que el dinero que el gobierno pensaba invertir en ellas, se destinará a obtener energía de fuentes no contaminantes.

La foto de un oso panda gigante se convirtió en la imagen mundial de estas inversiones. Se trata de un enorme parque solar con la forma de ese animal, en la ciudad de Datong, que con una capacidad de 100 MW proporciona energía a más de 8.000 hogares y que ayudará en 25 años a ahorrar más de un millón de toneladas de carbón, reduciendo de esa forma 2,7 millones de toneladas en emisiones de dióxido de carbono.

Los proyectos han ido creciendo en distintas regiones de la mano de los inversionistas privados como en el caso de Longyangxia Dam Solar Park, una granja de 4 millones de paneles solares que hoy se puede ver incluso desde el espacio.

Todos los esfuerzos sumados llevaron a que en 2017 el sector de la energía solar dominara como nunca antes la nueva capacidad de generación eléctrica, así como las inversiones globales. El mundo instaló un récord de 98 gigavatios (GW) de nueva capacidad solar y las otras fuentes renovables añadieron 59 GW en conjunto. En contraste, las plantas de carbón añadieron 35 GW, las de gas 38 GW, las de petróleo 3GW y la energía nuclear contribuyó con 11GW de capacidad de generación.

Y esos resultados sin precedentes fueron impulsadas precisamente por China al ser el mayor país inversor en renovables, con un récord de US$ 126,6 mil millones, 31% más que en 2016.

Renovando la flota

Shenzhen, una ciudad china con población similar a la de Bogotá, comenzó el año anunciando que desde el 1 de enero solo podrían circular buses eléctricos de transporte público. En total fueron 16.359 vehículos con los que se espera reducir las emisiones contaminantes en hasta 1,35 millones de toneladas de CO2 al año.

El ejemplo de esa subprovincia es resultado de varias medidas agresivas que el Gobierno ha tomado con las empresas: a partir de 2019, cualquiera que produzca o importe en China más de 30.000 vehículos deberá asegurarse que al menos un 10% de estos sean eléctricos o híbridos enchufables.

A través de esas directrices, junto a reducción de impuestos para compra y fabricación, ya son más de medio millón de vehículos 100% eléctricos los que circulan por todo el país y aunque no se han comprometido con una fecha, es probable que para 2040 sea prohibida la comercialización de carros impulsados por diesel o gasolina.

Impuestos a la contaminación

El primer periodo para presentar la declaración del impuesto ambiental de China comenzó este 1 de abril y exige que compañías e instituciones públicas que vierten alguno de los contaminantes al medio ambiente están sujetas a un cobro por producir contaminación acústica, atmosférica e hídrica, así como desechos sólidos.

Se calcula que en todo el país más de 260.000 entidades han comenzado a pagar el impuesto ambiental. Este es el primer tributo claramente diseñado por China para la protección del medio ambiente, cuyo objetivo es ayudar a establecer un sistema financiero y tributario "verde" y promover el control y el tratamiento de la contaminación.

De acuerdo con el departamento ambiental de Fujian, antes había una tasa de cobro demasiado laxa en la cual a menudo se incumplían los pagos. Además las oficinas de recaudos carecían del personal necesario para desarrollar una supervisión efectiva.

Haciendo rentable la inversión verde

China no ha iniciado este camino solo por amor y ayuda al planeta. También ha visto una oportunidad económica única, no solo en su propio país, sino en el exterior. No en vano el cambio de postura frente al cambio climático en los últimos 4 años. Antes era Estados Unidos, en la época Obama, que le pedía cambiar el rumbo. Ahora es al contrario.

Un extenso reportaje de BBC informó sobre el ambicioso plan de China y su industria petrolera para iniciar con un proceso de reciclaje de CO2. El programa tiene las siglas CCS y hoy en día ya permite capturar unas 40 millones de toneladas del contaminante. Pero tiene muchos riesgos. El CCS termina en la técnica llamada Recuperación de Petróleo Mejorada (EOR por sus siglas en inglés).

Ese procedimiento permite conseguir mejores resultados, ya que es capaz de extraer crudo de las áreas más complejas, aquellas a las que los mecanismos tradicionales no llegan. Al día ya son 17 mega proyectos los que vienen implementando el EOR.

Y más allá de sus fronteras, China ha comenzado a mirar otros mercados para sacar provecho del mercado verde. En las calles de La Habana ya circula un bus totalmente eléctrico y las industrias gigantes de la energía solar están mirando hacia países de Latinoamérica para lidera la conversión. Incluso en esa lista está Colombia.

BYD Co., el mayor fabricante de vehículos eléctricos de ese país ya tiene plantas de producción en Estados Unidos y Brasil. En Colombia instaló hace menos de 6 meses una vitrina completa con ese tipo de carros. Sin duda el país asiático ve en las nuevas energías una forma no solo de mejorar su salud sino también sus utilidades.
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