Lunes, 22 Octubre 2018
En zona limítrofe brasilera hay preocupación por el crecimiento de la minería ilegal y la escasez de servicios públicos.
campamento
Foto: Dan Stothart

Dan Stothart, Oficial Regional de Asuntos Humanitarios del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en América Latina y el Caribe, comprobó presencialmente las necesidades que se viven en el estado brasileño de Roraima; especialmente en el tradicional municipio de Boa Vista.

La crónica de Stothart fue validada por la propia ONU. En su recorrido encontró dos problemas fundamentales que sirven de ejemplo para retratar lo que pasa en la frontera de otros países como Colombia: falta de servicios públicos y extractivismo ilegal.

En Boa Vista es difícil conseguir gasolina, eso dificulta el transporte de alimentos y medicina. Incluso, la gasolinera más cercana sirve es de baño público. El problema es que cobra más de 60 centavos de dólar (dos reales), lo cual no puede pagar casi ningún inmigrante de los que está albergado en la zona.

Lo que han tenido que hacer las personas de los campamentos es ir a un franja de tierra para cumplir sus necesidades fisiológicas al aire libre. Así pasa en otros albergues del estado de Roraima. “No son lugares en los que me gustaría quedarme. Abarrotados, a veces hasta cuatro veces más que su capacidad de transporte seguro, carecen de suficiente espacio o inodoros, así como de drenaje y servicios relacionados”, dice Stothart.

Autoridades de Boa Vista calculan que son unos 40.000 venezolanos los que han llegado después de una caminata de 3 horas para pasar la frontera. Es decir que solo ese pueblo ha recibido casi la mitad del total de gente que llegó a Brasil.

“La gente está tan desesperada que encontré a 79 personas durmiendo bajo un escenario en un parque. Es revelador que se podía ver a Venezuela desde el escenario. Las 14 familias en el lugar habían estado allí por entre nueve y 18 meses. No sabían qué hacer ni a dónde ir. Parecía que estaban esperando, y esperando, un cambio en Venezuela para poder regresar”.

La ONU alerta por un posible problema ambiental y de salubridad por el incremento de los desechos médicos. Además los administradores de refugios libran una batalla diaria para vaciar las fosas sépticas, con tres camiones cada uno haciendo un viaje redondo de seis horas dos o tres veces para vaciar el tanque de un refugio diseñado para 200 personas y que actualmente tiene más de 500.

Stothart advierte sobre el crecimiento de minería ilegal e informal, incrementando la falta de agua. Una industria que se ha impulsado porque se aprovecha de las necesidades y la mano de obra barata.
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