Domingo, 18 Agosto 2019

Jabón y champú biodegradable, amor por la tierra, espíritu de cooperación, botas de caucho y guantes de cuero son algunos de los elementos que el voluntario-aprendiz debe llevar para pasar su tiempo en la Escuela Participativa de Sustentabilidad que funciona en Santa Sofía cerca de Villa de Leyva en Boyacá.

“Este un proyecto de la sociedad civil para vivir en armonía con la naturaleza”, dice Betto Gómez, un publicista que dejó su trabajo para emprender una transición hacia el campo. Afirma que es un campamento que enseña a las personas a no depender de un empleo, y a optar por la sustentabilidad como un camino.

La filosofía de la Escuela se basa en que antiguamente un aprendiz era una persona joven hospedada por un maestro artesano para aprender una especialidad o una habilidad a cambio de alojamiento y comida, hoy después de tres años de funcionamiento ya han pasado por ella 1200 personas en diferentes modalidades de participación una de ellas es la de aprendiz- voluntario en la que un joven se compromete a hospedarse en una carpa, descansar dos días a la semana, y tener mínimo 8 horas de aprendizaje diario, además de ayudar cuatro horas de su tiempo en la cocina.

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Foto: escueladesustentabilidad.org

Según Gómez, la característica del buen voluntario-aprendiz es saber transmitir lo aprendido a nuevas generaciones, ser emprendedor y enfrentar con resolución acciones difíciles y asumir riesgos, despertar lo creativo, tener imaginación, ser ingenioso y generar nuevos conceptos.

En la Escuela se imparten cursos de bioconstrucción, de armonización de las construcciones con el medio ambiente y de permacultura o el diseño de lugares que sean sostenibles a largo plazo sin explotar recursos o contaminar. También el diseño de biopiscinas, carpintería, y la siembra de bosques comestibles.

Betto Gómez dice que la distribución de extranjeros y colombianos es de 50 % y 50% dentro de la Escuela, “pero resulta muy conveniente para los jóvenes extranjeros que tienen un subsidio de desempleo en sus países hacer una actividad como esta, mientras que al joven colombiano le toca dejar muchas cosas”.

La comida que ofrecen es vegana, cobran un valor de 10 mil pesos diarios para hacerla balanceada y existe la posibilidad de alojarse en la región en un lugar conocido como el “Hippy Hillton” o en su propia carpa. Afirma que la experiencia “les cambia la vida por completo y hemos descubierto que los jóvenes colombianos tienen una conciencia ambiental muy grande”.

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Foto: escueladesustentabilidad.org

También es posible vincularse como profesor, y ya tienen otras fincas en Colombia para propagar el proyecto. Hay un abanico de facilitadores, algunos discípulos del agrónomo colombiano Jairo Restrepo, experto en agroecología en el país. Algunos de los profesores son de Alemania, Colombia, Nueva Zelanda, Argentina, y de Ramiriqui, Boyacá como el Profesor Lukas Vargas, hijo de campesinos, quien enseña, agricultura urbana, construcción en obras como bahareque y adobe, paja enrollada, y techos verdes.

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