Miércoles, 20 Marzo 2019
 
La contaminación atmosférica no es un problema exclusivo de las grandes ciudades.

camion                                                                                     Foto: Agencia de Noticias UN.
 

En relación con las recientes alertas amarilla y naranja declaradas en Bogotá por la contaminación del aire, se prenden las alarmas por la generación de problemas en las ciudades intermedias y los efectos en la salud humana y los ecosistemas.

Según monitoreos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), las zonas más afectadas del país por altos niveles de contaminación atmosférica son el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, las localidades de Puente Aranda y Kennedy en Bogotá, el municipio de Ráquira en Boyacá y la zona industrial de Acopi, en el municipio de Yumbo (Valle del Cauca).

La mala calidad del aire no depende del tamaño de la ciudad, sino de las fuentes de contaminación, por ejemplo, Ráquira en Boyacá, un municipio de 13.000 habitantes, tiene problemas de contaminación del aire por la producción de artesanías, ya que existe una combustión que no está controlada por el tipo de tecnología que se usa.

En la calidad del aire inciden fuentes fijas –las industrias móviles y el transporte– e internas, como las prácticas de cocinar con leña en los hogares, especialmente en los rurales.

Según los profesores Néstor Rojas, de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), y Alejandro Álvarez, de la EAFIT, cuando coinciden las variables topográficas y meteorológicas con las emisiones, se genera la alerta por los negativos impactos que puede traer consigo.

En Colombia el monitoreo y control de la contaminación atmosférica ha tomado mayor relevancia, debido a que, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada ocho muertes ocurridas en el mundo es ocasionada por la contaminación del aire.

No obstante, “la normatividad nacional establece límites más altos que las recomendaciones de la OMS. En 2030 buscará tener una meta intermedia, pero no se ha definido la meta final”, aseguró el ingeniero químico Néstor Rojas, profesor e investigador en contaminación del aire por material particulado, emisiones de motores diésel y combustibles alternativos.

Por su parte, el profesor Rojas considera que para mejorar las fuentes fijas se puede usar la tecnología de control, incluso la exención de impuestos para las empresas que inviertan en esas tecnologías. Además “tenemos muchos buses con tecnología vieja que se deben renovar, para eso se requieren mejores combustibles”, manifestó.

Medidas como el pico y placa ambiental ayudan, pero se debe prescindir del modelo centrado en el carro particular, “ha faltado más valentía para cambiarlo”, señaló el profesor Álvarez, catedrático de Ingeniería de Procesos de la Universidad EAFIT.

En Medellín el 20 % de los contaminantes proviene de las industrias y el 80 % de las fuentes móviles, mientras en Bogotá estas aportan el 58 %, la industria el 38 % y las fuentes comerciales el 4 %.

Dentro de las fuentes móviles los camiones aportan el 39 % de las emisiones, seguidos de los buses provisionales, el SITP, Transmilenio, automóviles particulares con motor a diésel, motos y vehículos a gasolina.


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