Lunes, 24 Abril 2017

Escrito por: Javier Zamora Rosero. M.Sc

Javier Zamora

Estas estructuras llamadas Zoteas son una práctica tradicional agrícola. Son agro-sistema típicos de la región del Pacífico colombiano, consistentes en estructuras elevadas construidas en madera o en montajes de viejas canoas que rellenan con tierra fértil. En estas se siembran plantas que sirven para sazonar las comidas, hierbas para la medicina tradicional o especies vegetales que alimentan la magia de las comunidades negras de esta región. Cosa que Eduardo Arroyo, Biólogo botánico, investigador del pacifico colombiano, nos ha mostrado en sus trabajos, en sus artículos y/o a visibilizado actividades de otros expertos que aún están sin publicar o se leen en textos de poca circulación.

Las Zoteas suelen estar detrás de las casas en los huertos o cerca de la cocina, también, pueden situarse a un lado de la vivienda y raramente en el frente. Se reconoce que estos tres espacios de la casa son del dominio de las labores de las mujeres, quienes montan materas, ollas viejas, tarros, tiestos o plásticos que rellenan con tierra que sacan de troncos viejos (pudredumbre) y que con la ayuda de sus hijos y maridos, van traer desde el “monte”, ósea desde el bosque.

En las Zoteas se siembran hierbas o aliños para los sancochos, envueltos, arroces, para el sudado de pescado, guiso de gallina o para cocinar la “carne de monte”. Se siembran las hierbas que sirven para los “baños” durante la menstruación y la preñez. También se siembran las plantas para preparar las pócimas que amarren a los maridos inquietos o infieles, y la hierba que alejan a las rivales seductoras. Aquí por supuesto encontrará la planta que quita el dolor de cabeza o el dolor de barriga, y si usted necesita algo que le elimine un malestar, que lo proteja contra una mala energía de este mundo y hasta los males de otro mundo, habrá una hierba en la Zotea que sirve para curar, prevenir o proteger.

Aunque, para los más estudiosos y los que saben interpretar la cultura simbólica, lo que le da un alto valor a las Zoteas, son las semillas que las mujeres siembran cuando han quedado preñadas, ya que durante el embarazo ellas cuidan de la planta que ha germinado y que luego es trasplantada al suelo el día del nacimiento del bebé. Junto a esta planta, se siembra también la placenta y el cordón umbilical del recién nacido. Se conoce de árboles que pueden tener el ombligo de los abuelos y representa un hito cultural tan importante, que hay que saludarlo todos los días, hablarle y/o visitarlo para contarle lo que sucede con la familia. Por eso las “Zoteas” tienen una valía espiritual, ya que albergan el símbolo del inicio de las nuevas vidas, cosa que el investigador Jaime Arocha ha contado en sus escritos, haciendo visible para la Colombia grande, algo escondido de la Colombia cultural de esta región del país.

El cultivo en Zoteas constituye un soporte a la economía de subsistencia entre las familias y aunque paulatinamente en los últimos años ha venido en descenso su práctica, debido a la introducción de la agricultura convencional, la economía del consumo y del mercado de la canasta clásica, las organizaciones locales del Pacífico han realizado una labor de motivación para que no se pierda esta práctica. Acción que se debería apoyar un poco más por las entidades que financian la protección y el fortalecimiento del patrimonio cultural y natural, en este caso, también del patrimonio productivo, agrícola, ambiental y hasta del patrimonio mágico. Pero seguramente esta práctica agrícola, no encaja en ninguna ficha o en ningún formato de financiamiento del Sistema Agropecuario, de los Fondos o Nodos y de ninguna entidad del Sistema nacional Ambiental SINA, mejor dicho, no debe encajar con ningún Sistema en Colombia.

Finalmente, existen pocos investigadores y pocas investigaciones que han dedicado parte de su tiempo y de su trabajo a valorar estos “pequeños” iconos de las prácticas culturales, naturales o agrícolas de nuestras comunidades, y como las Zoteas, seguramente en el Amazonas, en la Guajira o en el Arauca, existen valiosas expresiones que merecemos conocerlas, protegerlas, fortalecerlas y conservarlas. Cuantas tesis de grado podríamos hacer?, cuantas investigaciones doctorales podríamos trabajar?, respetando los derechos de las comunidades, las universidades y sus investigadores están en deuda con el Pacifico Recóndito. Quien dice que no encontremos en un Zotea la planta que ayude a aliviar una enfermedad y que se encuentre la hierba que de un nuevo sabor a los alimentos.

 

Escrito por Jairo Puente Bruges

Jairo Puente


En informe de septiembre 27 de 2016 la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte: “unos 3 millones de muertes al año están relacionadas con la contaminación del aire exterior”. Si se suman las muertes asociadas al aire contaminado al interior de las edificaciones, la OMS estima en 6.5 millones el total de muertes en el mundo por contaminación del aire. El aire contaminado en interiores ocasiona más muertes que el aire exterior; sin embargo, los controles existentes son menores al interior de las edificaciones, sobre todo en países del sur geopolítico. En este contexto, casi el 90 % de estas muertes se producen “en países con ingresos bajos y medianos”. En los mapas publicados por la OMS se observa que los mayores niveles de contaminación del aire se registran en esos países (1).

Un factor importante en el control de la contaminación son las normas de calidad del aire que se respira. Y para verificar si estas normas se cumplen es indispensable contar con estaciones y equipos de medición y aplicar metodologías reconocidas. En estos aspectos son evidentes las deficiencias institucionales “en países con ingresos bajos y medianos”, lo que explica en parte los elevados índices de contaminación reportados. En el caso de Colombia, algunas de las normas de calidad son mucho más laxas que las recomendadas por la OMS y las aplicadas en otros países. Así mismo se registran notorias debilidades en los sistemas de medición y control.

Por ejemplo, a finales del año pasado se decretó en Francia un “Estado de Urgencia” después que el 1o de diciembre la concentración de partículas PM 10 superó el “umbral de alerta” en ese país, que es de 80 microgramos por metro cúbico (ug/m3) (2). En diferentes ciudades colombianas este nivel de 80 ug/m3 se ha superado en varias fechas (3). Sin embargo, no se declaran alertas pues la norma en Colombia para el “nivel de alerta” es de 400 ug/m3; según Resolución 610 de 2010. Es decir, la norma colombiana es cinco veces más laxa que la francesa.

La resolución 610 establece para las PM 10 un nivel máximo permisible de 100 ug/m3 para 24 horas; es el doble de lo recomendado por la OMS que es de 50 ug/m3, este mismo valor es aplicado en la Unión Europea. Similar laxitud para PM 2.5; estas son consideradas partículas de alta peligrosidad por su pequeño tamaño y capacidad de penetración en el organismo. Sin embargo, son pocas las ciudades colombianas que miden este y otros parámetros asociados a diferentes trastornos de salud. La norma para PM 2.5 recomendada por la OMS es de 10 ug/m3, promedio anual, en Estados Unidos la norma es 12. En Colombia es 25, más del doble de la recomendada por la OMS. Según la OMS las partículas PM 2.5 “incluyen contaminantes tales como sulfatos, los nitratos y el carbono negro, que penetran profundamente en los pulmones y en el sistema cardiovascular, que presentan los mayores riesgos para la salud humana” (1).

Un factor que incide en la calidad del aire son las zonas verdes disponibles; y aquí también existen deficiencias en Colombia. La OMS recomienda un mínimo de 10 m2/hab de espacio público verde por habitante y lo recomendable es 15. Bucaramanga tiene 2.51 y Bogotá tiene 6.3. Algunas ciudades europeas y de Estados Unidos tienen más de 50 m2/hab.

Menos espacios verdes implica más problemas de contaminación del aire y enfermedades asociadas. Son conocidos los efectos benéficos de los árboles sobre la calidad del aire; entre otros, regulan la temperatura, retienen contaminantes y liberan oxígeno. Las llamadas Islas de Calor se forman en zonas urbanas con escasa vegetación; en estos sitios la temperatura es más alta que en la periferia donde existen más árboles. Este fenómeno impide que los contaminantes emitidos se dispersen rápidamente; así permanecen más tiempo en la atmósfera.

Deficiencias similares se pueden observar en otras normas, por ejemplo, las que regulan la calidad del agua potable en Colombia; son laxas si se comparan con las existentes en otros países y las que recomienda la OMS.


1.http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2016/air-pollution-estimates/en/

2. http://www.airparif.asso.fr/en/reglementation/normes-francaises

3. http://www.sisaire.gov.co

Escrito por Gonzalos Andrade

Investigador del Instituto de Ciencias Naturales Universidad Nacional, experto en diversidad biológica.

Gonzalo Andrade

El Alcalde Peñalosa, desde el mismo día de su posesión, ha manifestado que la Reserva es un potrero lleno de vacas, invernaderos, colegios y cementerios, y que no hay estudios científicos que soporten la declaratoria de la Reserva. Lo que no explica es que hay un plan de manejo aprobado por la CAR, donde se indica qué hacer con estos equipamientos.

Para su declaratoria, al igual que para las demás áreas protegidas en Colombia, se siguió la ruta establecida en el Decreto 2372 de 2010, donde se estudian aspectos biológicos, socioeconómicos y culturales como los siguientes:

En 1801, Humboldt se refirió a los restos de canales y terrazas de los Muiscas en la zona norte de Bogotá́, los cuales se podían observar en grandes porciones de terreno descubierto. Esto permite suponer que habían grandes áreas boscosas, luego descritas por Manuel Ancizar en “Peregrinación de Alfa”.

En 1962, los doctores Thomas van der Hammen, Roberto Jaramillo y María Teresa Murillo hicieron una caracterización de los parches del bosque andino en los alrededores de Suba y Usaquén, registrando bosques naturales en Torca, la Hacienda Las Mercedes y el Cerro de la Conejera.

En 1965, el doctor Enrique Forero en su tesis de pregrado en botánica “Estudio fitosociológico de un bosque subclimático en el altiplano de Bogotá́” estableció que el Bosque de las Mercedes, único relicto de bosque andino bajo de planicie en el territorio de Bogotá y su Sabana, ocupaba un área cercana a las 12 hectáreas, por lo que habría perdido cerca de 25 hectáreas entre 1940 y 1965; hoy este se reduce a 6 hectáreas.

Los trece estudios que soportaron la declaratoria de la Reserva fueron: “Distribución y características de los suelos”, Ricardo Siachoque, IGAC. “Las aguas freáticas y los sedimentos superficiales y su interacción con los suelos”, Sergio Gaviria, Universidad Nacional. “La conectividad del sistema hídrico superficial”, Luz Marina Cabrera, Alfonso Romero, UDCA. “El clima local y sus interacciones regionales”, Daniel Pabón, Universidad Nacional. “Las coberturas vegetales y sus dinámicas ecológicas”, Sandra Cortés, Universidad Nacional. “Distribución y carácter ecológico de los anfibios y reptiles”, Laurinette Gutiérrez, Universidad Nacional. “Los pequeños mamíferos”, Francisco Sánchez, Karin Osbhar, UDCA. “Las mariposas del Borde Norte de Bogotá”, M. Gonzalo Andrade-C., Universidad Nacional, Miembro Academia Colombiana de Ciencias. “La distribución, conectividad, hábitat y ecología de las aves”, Frank G. Stiles, Universidad Nacional, Miembro Academia Colombiana de Ciencias, Loretta Rosselli, UDCA. “Historia de las haciendas y los predios entre los siglos XVI y XIX”, Henry Santiago, UDCA. “La distribución predial e historia de la fragmentación entre 1941 y 2010”, Gerardo Ardila, Nelson Pérez, Universidad Nacional. “Historia y análisis económico y la evaluación económica de propuestas alternativas”, Jorge Iván González, Universidad Nacional. “Historia y análisis normativo y jurídico”, María Mercedes Maldonado, Universidad Nacional.
Teniendo estos estudios en cuenta es que economistas, abogados, antropólogos, biólogos y demás científicos del proyecto, consideramos que la declaratoria de la Reserva era posible y recomendable para que esta zona fuera modelo de protección del ambiente, capaz de contribuir a la preservación de la vida; de disminuir emisiones de gases de efecto invernadero; capturar y almacenar carbono; conectar y mantener ecosistemas regionales y para investigación de la naturaleza.

El componente de Ordenamiento Ambiental de la Reserva, indica que ésta va a permitir que el territorio se constituya en modelo de trabajo colectivo para su ocupación y uso sostenible, con énfasis en conservación y reconversión de los sistemas productivos hacia prácticas ecoamigables. Dentro de las estrategias de conservación, se define la adquisición de áreas de interés público para recuperar ecosistemas deteriorados y para la conectividad y tránsito de especies entre los Cerros Orientales, el río Bogotá́ y otros ecosistemas de importancia regional.

En cuanto a la producción agropecuaria que planeta la Reserva, ésta se fundamenta en sistemas de producción agroecológicos que aumentan la densidad y diversidad florística, la conectividad ecológica y generan un sello de origen para mejor comercialización de los productos.

Es por esto que la Reserva se constituye en un espacio estratégico para proveer bienes y servicios ambientales y para contribuir como área de amortiguación y regulación a los fenómenos de cambio y variabilidad climática como las inundaciones.

Escrito por Germán Camargo

Columnista Germán

En algún pasaje de una novela que olvidó, un sacerdote le explica a otro, más ingenuo, su método para recuperar la fe y las finanzas en las parroquias que le encomiendan, dejándolas luego henchidas de fervor y denarios y reemplazadas capillitas miserables por lustrosas catedrales. Es menester, le explica, hacer que alguien encuentre una virgen. Basta una mancha confusa en una piedra o una pintura modesta en alguna gruta. El resto rueda solo con la fuerza de lo que las buenas gentes anhelan creer. Empiezan de súbito a menudear los milagros. Se publican fotos de especies raras de Chingaza aunque la reserva esté en Suba. La reserva se llena de humedales y bosques fotografiados en las áreas protegidas vecinas. Los charcos del último aguacero se convierten en aguas subterráneas. Las mariposas de los Cerros se “adaptan” al humedal. Los hechos más comunes se convierten en sobrenaturales: las zarigüeyas merodeadoras seculares de las fincas y suburbios aparecen sublimadas en megafauna del antropoceno. Se ven señales en el cielo; las aves migratorias que bendicen los antejardines cachacos desde los tiempos del ruido de repente aparecen todas congregadas en el lugar del prodigio. Se promueven linchamientos en las redes sociales contra cualquier contradictor. Y se construyen famas instantáneas a lomos de la grey sedienta de pastor. Los teólogos cautos acostumbran no perturbar estos auges de la fe popular. Autoridades científicas prudentemente callan o se aprontan a beatificar lo que les traigan. Con el tiempo puede ser que un paraje anodino se convierta en lugar de peregrinación. Con los caudalosos diezmos de los fieles se construirán los santuarios allí donde se los imaginaron. Y algún papa de paso se arrodillará a besar sus gradas; como toca. Entonces se habrá consumado el milagro. Quién lo niega.

¿Es este el papel de la ciencia? Muchos amigos opinan en privado que no es un tema de rigor científico sino del valor que tiene la reserva para aglutinar a ciudadanos antes indiferentes, en torno a una “causa”. Unas cuantas mentiras piadosas son válidas y hasta encomiables si sirven a movilizar la ciudadanía en pro de la conservación.

Es posible. Por el momento esta virgen de artificio ya le ha devuelto la vista a muchos respecto a la riqueza natural que existe aún en la Sabana. Entre tanto, pocos piensan en cuánto le puede costar a Bogotá este milagro y lo que servirían estos recursos para recuperar los humedales o devolverle los Cerros Orientales a la ciudadanía. A pocos preocupa que se siente otro antecedente de manipulación ideológica de la ecología y se haga demagogia a costa de la sensibilidad desinformada de la mayoría.

O que se promueva la división irreconciliable entre ciudad o Naturaleza. Que, al final, es lo que está en juego. El conservacionismo se aproxima peligrosamente a la defensa del vacío o la ilusión de la ausencia. En muchas partes en Colombia se impulsa la compra de predios y el desplazamiento de comunidades en pro de una idea de conservación que excluye lo humano. Varios municipios colombianos reinventan entusiastas los cinturones verdes contra el crecimiento urbano, que son un fracaso documentado en los libros de texto del urbanismo desde el Siglo XVIII.

Las ciudades son cada vez más parte del planeta y la Naturaleza debe ser, cada vez más, parte de ellas. Las ciudades necesitan bosques y no solo parques; áreas naturales en los bordes y en medio de la ciudad, cuya forma y tamaño inviten a disfrutar del contacto y el conocimiento de la Naturaleza sin temor. Porque no hay conexión ecológica más importante que la que se construye en la infancia con el bosque y el agua. Sería bello que a pocas cuadras de casa hubiera un bosque y una quebrada. Y sería más bello, aun, que esto lo pudiéramos decir todos y no unos pocos privilegiados. Se puede. Depende de la forma y el tamaño que se dé a cada área natural dentro de la ciudad.

Pensar con claridad e independencia deja siempre en poca compañía y caminos escarpados; cuando no termina exponiéndolo a uno al furor de los nuevos conversos. Pero el día que el ambientalismo sea oficialmente una religión, será una más de las muchas que tengo el gusto de no practicar. Sobre todo si es otra más que viene a separar al hombre de la Naturaleza.

Escrito por Amylkar D. Acosta M[1]

Amylkar Acosta

Una de las mayores fortalezas del Sistema energético colombiano es la diversificación de su matriz, pero esta puede ser mayor porque Colombia cuenta, además, con un gran potencial de generación de energías alternativas, particularmente de aquellas que son renovables y limpias, tales como la eólica y solar, totalmente desaprovechadas.

       Ed 58
 

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La Frase

8 de agosto y la humanidad empieza a vivir ‘a crédito’

Este lunes 8 de agosto, el planeta marca el “Día del Sobregiro”, es decir que, a partir de hoy la humanidad está viviendo a crédito, según anunció la ONG Global Footprint Network, dado que a esta fecha el hombre habrá consumido la totalidad de los recursos que el planeta puede renovar en un año. Así las cosas, la humanidad debe vivir a crédito desde hasta el 31 de diciembre, teniendo en cuenta que el llamado “Día del Sobregiro” (“Earth overshoot day”) llega más temprano cada año. Para hacer este cálculo se tiene en cuenta la huella de carbono, los recursos consumidos por la pesca, la ganadería y la agricultura, así como la construcción y el uso del agua.

La Cifra

Especies amenazadas en el mundo

En el planeta, el número de especies que están amenazadas por diversos fenómenos, varios de ellos generados por el hombre, son:
6.213 peces
10.987 plantas
3.401 aves
3.105 mamíferos
 
Fuente: SIB Colombia

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