Martes, 28 Febrero 2017

Escrito por Gonzalos Andrade

Investigador del Instituto de Ciencias Naturales Universidad Nacional, experto en diversidad biológica.

Gonzalo Andrade

El Alcalde Peñalosa, desde el mismo día de su posesión, ha manifestado que la Reserva es un potrero lleno de vacas, invernaderos, colegios y cementerios, y que no hay estudios científicos que soporten la declaratoria de la Reserva. Lo que no explica es que hay un plan de manejo aprobado por la CAR, donde se indica qué hacer con estos equipamientos.

Para su declaratoria, al igual que para las demás áreas protegidas en Colombia, se siguió la ruta establecida en el Decreto 2372 de 2010, donde se estudian aspectos biológicos, socioeconómicos y culturales como los siguientes:

En 1801, Humboldt se refirió a los restos de canales y terrazas de los Muiscas en la zona norte de Bogotá́, los cuales se podían observar en grandes porciones de terreno descubierto. Esto permite suponer que habían grandes áreas boscosas, luego descritas por Manuel Ancizar en “Peregrinación de Alfa”.

En 1962, los doctores Thomas van der Hammen, Roberto Jaramillo y María Teresa Murillo hicieron una caracterización de los parches del bosque andino en los alrededores de Suba y Usaquén, registrando bosques naturales en Torca, la Hacienda Las Mercedes y el Cerro de la Conejera.

En 1965, el doctor Enrique Forero en su tesis de pregrado en botánica “Estudio fitosociológico de un bosque subclimático en el altiplano de Bogotá́” estableció que el Bosque de las Mercedes, único relicto de bosque andino bajo de planicie en el territorio de Bogotá y su Sabana, ocupaba un área cercana a las 12 hectáreas, por lo que habría perdido cerca de 25 hectáreas entre 1940 y 1965; hoy este se reduce a 6 hectáreas.

Los trece estudios que soportaron la declaratoria de la Reserva fueron: “Distribución y características de los suelos”, Ricardo Siachoque, IGAC. “Las aguas freáticas y los sedimentos superficiales y su interacción con los suelos”, Sergio Gaviria, Universidad Nacional. “La conectividad del sistema hídrico superficial”, Luz Marina Cabrera, Alfonso Romero, UDCA. “El clima local y sus interacciones regionales”, Daniel Pabón, Universidad Nacional. “Las coberturas vegetales y sus dinámicas ecológicas”, Sandra Cortés, Universidad Nacional. “Distribución y carácter ecológico de los anfibios y reptiles”, Laurinette Gutiérrez, Universidad Nacional. “Los pequeños mamíferos”, Francisco Sánchez, Karin Osbhar, UDCA. “Las mariposas del Borde Norte de Bogotá”, M. Gonzalo Andrade-C., Universidad Nacional, Miembro Academia Colombiana de Ciencias. “La distribución, conectividad, hábitat y ecología de las aves”, Frank G. Stiles, Universidad Nacional, Miembro Academia Colombiana de Ciencias, Loretta Rosselli, UDCA. “Historia de las haciendas y los predios entre los siglos XVI y XIX”, Henry Santiago, UDCA. “La distribución predial e historia de la fragmentación entre 1941 y 2010”, Gerardo Ardila, Nelson Pérez, Universidad Nacional. “Historia y análisis económico y la evaluación económica de propuestas alternativas”, Jorge Iván González, Universidad Nacional. “Historia y análisis normativo y jurídico”, María Mercedes Maldonado, Universidad Nacional.
Teniendo estos estudios en cuenta es que economistas, abogados, antropólogos, biólogos y demás científicos del proyecto, consideramos que la declaratoria de la Reserva era posible y recomendable para que esta zona fuera modelo de protección del ambiente, capaz de contribuir a la preservación de la vida; de disminuir emisiones de gases de efecto invernadero; capturar y almacenar carbono; conectar y mantener ecosistemas regionales y para investigación de la naturaleza.

El componente de Ordenamiento Ambiental de la Reserva, indica que ésta va a permitir que el territorio se constituya en modelo de trabajo colectivo para su ocupación y uso sostenible, con énfasis en conservación y reconversión de los sistemas productivos hacia prácticas ecoamigables. Dentro de las estrategias de conservación, se define la adquisición de áreas de interés público para recuperar ecosistemas deteriorados y para la conectividad y tránsito de especies entre los Cerros Orientales, el río Bogotá́ y otros ecosistemas de importancia regional.

En cuanto a la producción agropecuaria que planeta la Reserva, ésta se fundamenta en sistemas de producción agroecológicos que aumentan la densidad y diversidad florística, la conectividad ecológica y generan un sello de origen para mejor comercialización de los productos.

Es por esto que la Reserva se constituye en un espacio estratégico para proveer bienes y servicios ambientales y para contribuir como área de amortiguación y regulación a los fenómenos de cambio y variabilidad climática como las inundaciones.

Escrito por Germán Camargo

Columnista Germán

En algún pasaje de una novela que olvidó, un sacerdote le explica a otro, más ingenuo, su método para recuperar la fe y las finanzas en las parroquias que le encomiendan, dejándolas luego henchidas de fervor y denarios y reemplazadas capillitas miserables por lustrosas catedrales. Es menester, le explica, hacer que alguien encuentre una virgen. Basta una mancha confusa en una piedra o una pintura modesta en alguna gruta. El resto rueda solo con la fuerza de lo que las buenas gentes anhelan creer. Empiezan de súbito a menudear los milagros. Se publican fotos de especies raras de Chingaza aunque la reserva esté en Suba. La reserva se llena de humedales y bosques fotografiados en las áreas protegidas vecinas. Los charcos del último aguacero se convierten en aguas subterráneas. Las mariposas de los Cerros se “adaptan” al humedal. Los hechos más comunes se convierten en sobrenaturales: las zarigüeyas merodeadoras seculares de las fincas y suburbios aparecen sublimadas en megafauna del antropoceno. Se ven señales en el cielo; las aves migratorias que bendicen los antejardines cachacos desde los tiempos del ruido de repente aparecen todas congregadas en el lugar del prodigio. Se promueven linchamientos en las redes sociales contra cualquier contradictor. Y se construyen famas instantáneas a lomos de la grey sedienta de pastor. Los teólogos cautos acostumbran no perturbar estos auges de la fe popular. Autoridades científicas prudentemente callan o se aprontan a beatificar lo que les traigan. Con el tiempo puede ser que un paraje anodino se convierta en lugar de peregrinación. Con los caudalosos diezmos de los fieles se construirán los santuarios allí donde se los imaginaron. Y algún papa de paso se arrodillará a besar sus gradas; como toca. Entonces se habrá consumado el milagro. Quién lo niega.

¿Es este el papel de la ciencia? Muchos amigos opinan en privado que no es un tema de rigor científico sino del valor que tiene la reserva para aglutinar a ciudadanos antes indiferentes, en torno a una “causa”. Unas cuantas mentiras piadosas son válidas y hasta encomiables si sirven a movilizar la ciudadanía en pro de la conservación.

Es posible. Por el momento esta virgen de artificio ya le ha devuelto la vista a muchos respecto a la riqueza natural que existe aún en la Sabana. Entre tanto, pocos piensan en cuánto le puede costar a Bogotá este milagro y lo que servirían estos recursos para recuperar los humedales o devolverle los Cerros Orientales a la ciudadanía. A pocos preocupa que se siente otro antecedente de manipulación ideológica de la ecología y se haga demagogia a costa de la sensibilidad desinformada de la mayoría.

O que se promueva la división irreconciliable entre ciudad o Naturaleza. Que, al final, es lo que está en juego. El conservacionismo se aproxima peligrosamente a la defensa del vacío o la ilusión de la ausencia. En muchas partes en Colombia se impulsa la compra de predios y el desplazamiento de comunidades en pro de una idea de conservación que excluye lo humano. Varios municipios colombianos reinventan entusiastas los cinturones verdes contra el crecimiento urbano, que son un fracaso documentado en los libros de texto del urbanismo desde el Siglo XVIII.

Las ciudades son cada vez más parte del planeta y la Naturaleza debe ser, cada vez más, parte de ellas. Las ciudades necesitan bosques y no solo parques; áreas naturales en los bordes y en medio de la ciudad, cuya forma y tamaño inviten a disfrutar del contacto y el conocimiento de la Naturaleza sin temor. Porque no hay conexión ecológica más importante que la que se construye en la infancia con el bosque y el agua. Sería bello que a pocas cuadras de casa hubiera un bosque y una quebrada. Y sería más bello, aun, que esto lo pudiéramos decir todos y no unos pocos privilegiados. Se puede. Depende de la forma y el tamaño que se dé a cada área natural dentro de la ciudad.

Pensar con claridad e independencia deja siempre en poca compañía y caminos escarpados; cuando no termina exponiéndolo a uno al furor de los nuevos conversos. Pero el día que el ambientalismo sea oficialmente una religión, será una más de las muchas que tengo el gusto de no practicar. Sobre todo si es otra más que viene a separar al hombre de la Naturaleza.

Escrito por Amylkar D. Acosta M[1]

Amylkar Acosta

Una de las mayores fortalezas del Sistema energético colombiano es la diversificación de su matriz, pero esta puede ser mayor porque Colombia cuenta, además, con un gran potencial de generación de energías alternativas, particularmente de aquellas que son renovables y limpias, tales como la eólica y solar, totalmente desaprovechadas.

Escrito por Cesar Augusto Lorduy Maldonado

Cesar Augusto Lorduy

El Principio de quien contamina paga, originado en la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas de 1992, nos informa “(…) que el que contamina debe, en principio, cargar con los costos de la contaminación, teniendo debidamente en cuenta el interés público y sin distorsionar el comercio ni las inversiones internacionales”.

Escrito por Hildebrando Vélez Galeano  

Ingeniero Químico UN, Mgtr. Filosofía PUJ, Especialista en economía Ecológica UAB; Ph D (c) Univalle. Activista e investigador independiente.

Hildebrando Vélez 2

Los ambientalistas preferimos la lucha pacifista y la política desarmada a pesar que cotidianamente tropezamos con la brutalidad armada del sistema, con sus tecnologías tóxicas y depredadoras, con sus relaciones sociales y de poder inicuas. La lucha ambientalista no es economicista, reconoce que la sociedad está frente a contradicciones complejas y cruciales globales-locales, socio-ecológicas que comprometen la permanencia de la especie humana. Los síntomas son claros: nueve de cada 10 personas que vivan en el siglo XXI fallecerán por efectos de la devastación ambiental: cáncer y deficiencias respiratorias, sequías y hambrunas, inundaciones y epidemias, directa o indirectamente, con la crisis climática1. Colombia está en medio de relaciones socioecológicas planetarias: somos Amazonas, Andes, Pacífico, somos parte de las dinámicas sociales y políticas de América y así también debemos ver la influencia de los acuerdos de terminación del conflicto armado que puedan darse de manera definitiva con las insurgencias.

Los últimos cincuenta 50 años, mientras sucedía la confrontación guerrilla-Estado, el planeta se sumergió en una atmósfera cada vez más cargada de químicos tóxicos, de radiactividad y las especies vivas fueron extinguiéndose vertiginosamente. Colombia aporta a esa crisis, sistemas ecológicos destruidos, selvas deforestadas aberrantemente, ganadería extensiva y sus defensores haciendo estragos, ciclos hidrológicos alterados y ríos saturados de mercurio de cuyos peces ya nadie se alimenta.

Salir de la guerra interna es una oportunidad para encarar esos retos que nos conciernen como sociedad y como humanidad. Por eso una agenda ambiental clara puede significar las semillas para una primavera ambiental del movimiento social y a ello queremos contribuir desde un ambientalismo raizal. Nuestra tarea central es acordar un paradigma ambientalista de sociedad que anime las utopías. Otros lenguajes de valorización, otras gramáticas y otras comunidades políticas comienzan a expresarse. Crear interrelaciones, reparar nuestros tejidos sociales regionales e interterritoriales, propiciar nuevas subjetividades colectivas es también nuestro reto.

Invitaremos a refrendar plebiscitariamente los llamados Acuerdos de La Habana, teniendo claro que nuestros propósitos van más allá:

  • El postconflicto no es para asegurar que compartiremos el paradigma del desarrollo que somete la naturaleza a las fuerzas destructivas del mercado y a los intereses egoístas del dinero.

  • Buscar la paz significa insistir en la moratoria minera, en un modelo energético para salir de la adicción al petróleo, construir un plan nacional de seguridad hídrica y soberanía alimentaria, contener la deforestación y el modelo de monocultivo de las Zidres (Ley 1776 de 2016) y detener la ganadería extensiva. 

  • Seguiremos siendo críticos y opositores a la implementación de acuerdos bilaterales de comercio pues vulneran la soberanía alimentaria exponiéndola al ingreso incondicionado de alimentos transgénicos y someten la sabiduría de nuestros pueblos sobre su biodiversidad a regímenes inicuos de propiedad intelectual.

  • Apostamos por el fortalecimiento de la Institucionalidad ambiental para la paz. Los acuerdos de paz deben servir para afirmar y ampliar los derechos de los pueblos étnicos a su territorio y su cultura.

  • Queremos que haya múltiples esfuerzos organizativos para comunicar, dibujar, escribir, denunciar, cantar, valorar los impactos y las deudas que ha dejado la guerra y para que podamos construir desde múltiples subjetividades articuladas, colectivas, en convivencia, una sociedad de alfabetizados ambientales. Nuestra apuesta es una campaña pedagógica permanente para construir otras formas de ser en el mudo anticapitalistas, justas y solidarias.

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1 - James Lovelock, The Vanishing Face of Gaia. A Final Warning. Nueva York: Penguin Books, 2009. EDITORIAL Política Exterior 163: Petróleo barato, geopolítica y clima. 01/01/2015  http://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/petroleo-barato-geopolitica-y-clima/

 
       PORTADA 57

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La Frase

8 de agosto y la humanidad empieza a vivir ‘a crédito’

Este lunes 8 de agosto, el planeta marca el “Día del Sobregiro”, es decir que, a partir de hoy la humanidad está viviendo a crédito, según anunció la ONG Global Footprint Network, dado que a esta fecha el hombre habrá consumido la totalidad de los recursos que el planeta puede renovar en un año. Así las cosas, la humanidad debe vivir a crédito desde hasta el 31 de diciembre, teniendo en cuenta que el llamado “Día del Sobregiro” (“Earth overshoot day”) llega más temprano cada año. Para hacer este cálculo se tiene en cuenta la huella de carbono, los recursos consumidos por la pesca, la ganadería y la agricultura, así como la construcción y el uso del agua.

La Cifra

Especies amenazadas en el mundo

En el planeta, el número de especies que están amenazadas por diversos fenómenos, varios de ellos generados por el hombre, son:
6.213 peces
10.987 plantas
3.401 aves
3.105 mamíferos
 
Fuente: SIB Colombia

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