Lunes, 6 Julio 2020

Según el estudio, el aprovechamiento de este residuo como materia prima oleoquímica es positivo, además contribuye a disminuir la ecotoxicidad acuática y el agotamiento de la capa de ozono.

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Foto: Agencia de Noticias UNAL

Paola Andrea Torres Ulloa, magíster en Ingeniería Ambiental de la Universidad Nacional de Colombia, analizó la cadena de aprovechamiento y valorización del aceite de cocina usado que se genera en Bogotá hasta cuando se transforma en materia prima para la industria oleoquímica. Explicó que el propósito fué determinar si en realidad se trata de un proceso que deja beneficios para el medio ambiente.

La idea surgió a partir del Acuerdo 634 de 2015 , con el que la Secretaría Distrital de Ambiente buscó controlar y regular el manejo de estos residuos.

“Teníamos que indagar si la solución que se planteaba en la norma, que era aprovechar y tratar el aceite, realmente era al final sostenible para la ciudad”, señaló la investigadora.

Para el estudio, se analizó el ciclo de vida (ACV), metodología que permite identificar los impactos que se pueden presentar a lo largo del proceso de reutilizar el aceite de cocina.

“Quisimos comparar el aprovechamiento versus el escenario actual, el cual es tratar el aceite de cocina como residuo”, explicó la magíster.

El primer paso consistió en acercarse a las empresas dedicadas a aprovechar el aceite de cocina usado, quienes también fueron gestoras del Acuerdo 634 ante la desconfianza de establecimientos como restaurantes a cederles el residuo.

Así, se trabajó con cuatro plantas activas en Bogotá y a partir de ellas se hizo conexión con otros actores como transportadores, con quienes se implementaron mesas de trabajo en las que participaron la Secretaría Distrital de Ambiente y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Explicaron desde la U. Nacional que esto permitió conocer el método para reaprovechar el aceite, las características de las plantas en las que se lleva a cabo, las cantidades aproximadas que se recogían y la logística del proceso.

Después, el estudio se limitó a una sola empresa para analizar el protocolo desde la generación del residuo en restaurantes u otros lugares, hasta su tratamiento previo a la exportación, lo cual incluyó consumos de energía, combustibles y vehículos utilizados, entre otros factores.

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Foto: Agencia de Noticias UNAL

El inventario de las emisiones se desarrolló conforme a los datos recolectados en entrevistas a los actores del proceso, referencias bibliográficas e inventarios de emisiones de la base de datos Ecoinvent v3.4.

Según los resultados, la etapa del proceso que genera mayores impactos ambientales es el pretratamiento, en particular el uso de energía en el bombeo y en el proceso de rectificación y deshumidificación a altas temperaturas.

Estos impactos se compararon con los del escenario en el que el aceite es tratado solo como un residuo, en el cual se presentan dos opciones: ir a parar a un relleno sanitario o al alcantarillado a través de los lavaplatos para llegar a ríos y plantas de tratamiento.

“Comparamos los dos escenarios y por medio del software Open LCA calculamos los índices escogidos para el análisis y concluimos que el aprovechamiento es totalmente sostenible, pues se reducen los efectos en comparación con el escenario de residuos en gran cantidad”, aseguró la investigadora Torres.

Beneficios ecológicos y económicos

El estudio permitió identificar que, aunque los impactos ambientales más grandes del proceso de valorización están en las etapas de calentamiento y deshumidificación asociados al alto consumo de gas y de energía eléctrica, el aprovechamiento de aceite de cocina usado disminuye impactos de ecotoxicidad acuática, agotamiento de la capa de ozono, eutrofización y cambio climático.

Además, conllevan un beneficio social y económico para la ciudad, pues se genera la ganancia bruta de alrededor de 1.700.000 pesos por tonelada de aceite de cocina usado aprovechado, lo cual impacta de manera positiva al propiciar la creación de cerca de 27 nuevos empleos al año.

En cuanto al análisis económico, las operaciones que involucran los mayores costos son el suministro de energía y agua para el procesamiento, lo que indicaría, según la U. Nacional, que se deben plantear esquemas de integración energética y de reutilización del agua para reducir costos e impactos de las plantas de aprovechamiento.

 

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