Miércoles, 20 Noviembre 2019
En alianza con el Ministerio de Salud, la Universidad creó nuevas etiquetas para llamar la atención sobre efectos del tabaquismo. 

etiquetas cigarrillos                                                                                    Foto: Twitter @PrensaUN

En un convenio adelantado entre el Ministerio de Salud y la Universidad Nacional de Colombia, se crearon nuevas imágenes que serán utilizadas en las cajas de cigarrillos como advertencias sanitarias para prevenir el aumento del consumo de tabaco en el país. Estas fotografías serán más impactantes sobre las afectaciones de la sustancia como por ejemplo con enfermedades cardiovasculares, embarazo ectópico, cáncer de páncreas, entre otros.

Entre las diferencias de las nuevas y las actuales imágenes, se destaca que ahora incluirán información sobre cómo el humo de segunda mano es dañino, es decir, las personas que rodean a los fumadores también pueden verse afectadas, en especial los niños. La salud mental fue otro de los temas agregados, ya que a largo plazo el consumo frecuente de tabaco provoca ansiedad y estrés.

Pero además, los expertos de psicología y medicina llegaron a otra conclusión importante: aunque la ley indica que estas imágenes deben ocupar máximo el 30 % de las cajas de cigarrillos, se demostró que al ocupar un porcentaje tan pequeño se disminuye el impacto y la capacidad de dar información.

“El tamaño de las imágenes que se usa en Colombia es muy pequeño, esto hace que las personas les presten poca atención a los mensajes. En países como Australia utilizan el 80 % de las dos caras de la caja, Canadá usa casi el 100 % de una cara y el 50 % de la otra, y en Uruguay es el 90 %”, aseguró el profesor Ricardo Tamayo del Departamento de Psicología de la Nacional.

¿Cómo llegaron a los resultados de nuevas imágenes?

Los investigadores realizaron un análisis demográfico aplicando alrededor de 1.500 encuestas en cuatro ciudades del país: Bogotá, Medellín, Manizales y Cali.

También reunieron grupos de entre 10 a 12 personas para estudiar las variantes de las advertencias sanitarias, discutir la profundidad de las frases, indagar si el mensaje era entendible y creíble, entre otros aspectos.

En un tercer paso reunieron un mayor número de personas (entre 50 y 80) de fumadores o no fumadores, para medir las respuestas emocionales ante las imágenes. Los textos también se evaluaron en grupos focales para ver si personas de diferentes edades y estratos socioeconómicos aprobaban el mensaje.

“Se encontró que entre más desagradable sean las imágenes y más miedo produzcan tienen el potencial de ser más efectivas, no solo para disuadir el consumo de cigarrillo, porque es difícil que los fumadores empedernidos se dejen influir, sino también para prevenir el consumo en jóvenes o personas que aún no fuman”, advirtió el profesor Tamayo en una publicación de la Agencia de Medios de la Universidad.


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