Domingo, 17 Noviembre 2019

La construcción de un canal alterno para el ingreso de embarcaciones a la bahía de Cartagena implicaría la muerte de decenas de animales y de un ecosistema que ha tomado varios miles de años en formarse.


Con la ampliación del Canal de Panamá y el crecimiento de su tráfico, los portuarios y las autoridades económicas del país han visto la oportunidad de expansión de la actividad de carga en la Bahía de Cartagena. Para ello se firmó el convenio que permitirá el dragado para la profundización y ampliación del canal de acceso a la bahía en los sectores de Bocachica y Manzanillo.

En un documento de la Financiera de Desarrollo Nacional (FDN), uno de los responsables de la obra, se argumenta que su necesidad radica en que “el canal actual tiene una longitud total de 15.1 km, presentando un ancho aproximado de 280m en el interior de la bahía” lo cual no soporta el ingreso de nuevos buques tipo “Newpanamax” que tienen capacidad de hasta 150 mil toneladas.

 

foto archivo corales

 Foto: Archivo Catorce6

 

Por supuesto el proyecto ha encendido el debate por el dilema entre crecimiento económico y protección de los recursos naturales, esta vez por el arrecife de Cartagena, que es el segundo más importante del país después del de San Andrés, y que podría verse afectado en más del 80% por los impactos de la obra.

“La Financiera de Desarrollo y el Ministerio de Transporte han manifestado públicamente ahora, que la competitividad y el desarrollo dependen de este canal de doble vía, pero eso no puede ser así. No sólo existen portuarios por enriquecer, también existen personas que dependen de la pesca y no es posible que un arrecife tan grande y tan vivo pueda ser sacrificado porque alguien quiere recibir más dinero”, advierte Rafael Vergara Navarro, abogado y ambientalista cartagenero.

Vergara, quien ha estudiado el tema de cerca, explicó la importancia del ecosistema marino y señaló que “es un arrecife de 1.8 kilómetros por 300 metros de ancho, tiene miles de años en formación y en construcción porque son animales gigantes. Eso es lo que los portuarios no quieren ver, que se trata de vida, que los corales son animales que incluso deben ser protegidos por la ley de maltrato animal y que sirven de hoteles para los peces y su poblamiento en la Bahía. Además son objeto de estudio a nivel internacional”.

Y es que los biólogos y ambientalistas no son los únicos que han llamado la atención sobre las consecuencias del proyecto. La contraloría advirtió el pasado 1° de junio que un análisis fisicoquímico le permitió confirmar “la presencia de mercurio, zinc y cobre, entre otros, en concentraciones que constituyen factores de riesgo para la salud de las comunidades de Bocachica y Caño del Oro en la Bahía de Cartagena”.

Al respecto, Vergara no es radical y no pide descartar la ampliación de la capacidad en el transporte de carga. Sólo recomienda que se haga de forma responsable. Por eso propone que “se profundice la entrada por el canal de Bocagrande. Dicen que no lo hacen porque les sale muy costoso y uno se pregunta sí es más costoso remover unas piedras por ese lado que atentar contra la vida”.

Por ahora la única entidad que se ha pronunciado sobre el tema es la misma FDN que señaló en un comunicado que “para el desarrollo de este proyecto la financiera adelantará el estudio de impacto ambiental mediante el cual se procura minimizar cualquier potencial afectación a los ecosistemas en zona de influencia y la concertación con las comunidades étnicas alrededor de las bahías”.

La obra tiene un costo estimado de 50 millones de dólares y estaría lista en 2018, año para el cual se duplicaría la entrada de embarcaciones a la bahía.

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