Viernes, 3 Abril 2020

En el Congreso se impulsan dos proyectos. La campaña de Red Papaz explica por qué es mejor el proyecto alternativo al impulsado por la ANDI con la opción de etiquetado GDA.

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Foto: Diario La Ventana

Las etiquetas de los alimentos ultraprocesados, implementación obligatoria ordenada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para reducir las crecientes cifras de obesidad, son ahora un tema crucial en el Congreso de la República para que por ley se deban regular su uso e información brindada.

Así las cosas, dos proyectos de ley analizan el tema, el primero es el proyecto de ley 256 de 2018 apoyado por la industria y el segundo es el 214 del 2018, apoyado por las organizaciones civiles y la academia.

Ambos buscando la información clara para los consumidores en paquetes y envases, pero que ante una nueva proposición de los gremios industriales como la Andi, la SAC y Fenalco se eliminarían los sellos de advertencia y se incluiría el etiquetado GDA, que hoy usa la industria en algunos productos a modo de autorregulación, con la opción de que el Ministerio de Salud pudiera reglamentar modificaciones.

De acuerdo con el diario El Tiempo, el proyecto de ley 256 plantea que productos definidos por el Ministerio de Salud deberán incluir la información sobre la cantidad de azúcares totales, grasas saturadas, sodio y energía contenidos en cada porción, además del porcentaje frente al valor diario de referencia, en íconos que no deben sobrepasar el 20 por ciento de la cara frontal del empaque.

Para la industria, representada en la Cámara de Alimentos de la Andi, esta opción de etiquetado GDA “no es alarmista e impulsará que los consumidores puedan interpretar las cantidades para que tomen decisiones conscientes de lo que consumen”.

“Este proyecto de ley ya se encuentra a espera de su tercer debate y debería ser un compromiso avanzar ya que no se puede perder más tiempo para afrontar, entre todos, los desafíos de salud pública que tiene Colombia, como son la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas no transmisibles”, asegura la industria.

El segundo proyecto, solo hasta hace dos semanas tuvo su primera audiencia en la comisión séptima de la Cámara de Representantes y señala que los sellos de advertencia frontal toman una relevancia especial, sobre la base de que hay evidencia de sobra que respalda sus beneficios en favor de la salud pública integral.

“Este tipo de etiquetado frontal es mucho más favorable que el GDA porque presenta mensajes directos en el proceso de compra, a favor o en contra de un producto, dependiendo de su contenido”, dijo Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red Papaz.

Es hora que el Estado ponga la salud de niñas, niños y adolescentes por encima de los intereses económicos de la industria de alimentos. Exijamos sellos frontales en empaques de comida, señalaron desde la red que defiende los derechos de los niños, niñas y adolescentes de Colombia. 

Para la Cámara de Bebidas de la Andi, los sellos de advertencia no distinguen los alimentos por su verdadero aporte nutricional, potencializando a través de la estigmatización el riesgo de crear una dieta muy sesgada que no considera las necesidades nutricionales de cada individuo.

Camilo Montes Pineda, director de la Cámara de la Industria de Alimentos de la Andi, gremio de los empresarios, dijo al El Tiempo que más allá del tamaño, el color y la forma del etiquetado, lo verdaderamente importante es que las discusiones deben girar en torno a cuál es la mejor forma de entregarles a los consumidores información para construir una alimentación saludable.

Entre los etiquetados más comunes se encuentran los frontales, que se dividen en dos categorías (informativos y Guías Diarias de Alimentación –GDA-); y los interpretativos, que a su vez tienen varias subdivisiones.

“Creemos que en el país, según los análisis hechos, también en línea con el estudio realizado por el Instituto Nacional de Salud (INS), el etiquetado GDA, con algunas modificaciones, gusta y se ajusta a las preferencias de los consumidores del país”, dice el directivo.

Es asumido por más de 50 países del mundo y en Colombia fue adoptado por la industria de manera voluntaria. La industria ha implementado de forma voluntaria un etiquetado frontal desde 2016 en más de 4.771 referencias de alimentos, dicen en la Andi.

 

 

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