Domingo, 19 Agosto 2018
ONU Medio Ambiente dice que mientras unas naciones están hablando de “descarbonizarse” y de tener flotas inmensas de buses eléctricos, en Colombia apenas hay un proyecto en Medellín.
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                                                         Buses eléctricos en Santiago de Chile. / Foto: ONU

La contaminación del aire mata cada año de forma prematura a casi 7 millones de personas en el mundo. La situación podría agravarse en los próximos años en América Latina y el Caribe, donde el transporte es el principal foco de emisiones de carbono y está experimentando un crecimiento acelerado.

La flota vehicular de la región se está expandiendo más rápido que en cualquier otra zona del mundo y podría triplicarse durante los próximos 25 años, lo que se traduciría en un colapso de las infraestructuras viales de las ciudades y en un aumento proporcional de emisiones contaminantes.

Si la flota actual de buses y taxis de 22 ciudades latinoamericanas fuera reemplazada desde ya por vehículos eléctricos, se ahorraría para 2030 casi 64.000 millones de dólares en combustible, se reducirían 300 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono y se evitaría la muerte prematura de 36.500 personas, reveló un estudio de ONU Medio Ambiente y la Federación Internacional del Automóvil (FIA Región IV).

En medio de ese panorama, la ONU quiso destacar algunos ejemplos en la región para caminar hacia la sostenibilidad en el transporte público y privado.

Costa Rica que se ha convertido en un gran ejemplo en la región al pasar 330 días de 2017 consumiendo energía solo de fuentes renovable, ahora puso en marcha una ley, que se considera pionera, que busca incentivar el transporte eléctrico tanto en la esfera pública como en la privada a través de incentivos económicos, facilidades de uso y acceso al crédito, entre otros aspectos. A esto se suma la puesta en circulación en 2019 de tres buses eléctricos que recorrerán todo el país como parte de un plan piloto.


La ley establece exoneraciones para los vehículos eléctricos nuevos al impuesto general sobre ventas, al selectivo de consumo y al de valor aduanero, lo que bajará su precio al consumidor y se prevé que los hará más atractivos en el mercado.

La ley también contiene exoneraciones a partes y repuestos, a las partes de construcción de centros de recarga, al total del pago del derecho de circulación anual por cinco años, además de que estos vehículos no serán sujetos a la restricción de circulación por número de matrícula que rige en la capital del país. Tampoco pagarán parquímetros y tendrán espacios especiales de estacionamiento en diversos sitios como los centros comerciales.

Al sur del continente, Chile está trabajando para tener la segunda flota más grande de buses eléctricos del mundo, después de China, que tiene en la actualidad 150.000 unidades de este tipo. El Gobierno del país austral aprobó el año pasado un plan para ir introduciendo progresivamente 200 buses eléctricos en el sistema de transporte de la capital, el Transantiago. La aspiración es superar los 2.000 buses en menos de 7 años.

En Uruguay se ha construido estaciones de recarga eléctrica en 300 km de sus principales carreteras turísticas, lo que constituye la primera ruta eléctrica de América Latina y el Caribe. Además, ha exonerado de tasas de importación a los vehículos eléctricos de uso comercial.

Sobre Colombia resalta los esfuerzos de ciudades como Medellín que piensa incluir 500 taxis eléctricos para este año y se valoran esfuerzos como los de EPM por promover puestos de carga aislados.

Precisamente en su columna de este martes en El Tiempo, el PhD y vicerrector de la Universidad de los Andes, Eduardo Behrentz, pone el dedo en la llaga y le pide a los mandatarios locales que dejen de sacar justificaciones para sus altos índices de material particulado y que no le entreguen más la responsabilidad a Ecopetrol porque la empresa ya produce combustibles con los más altos estándares.

“Los niveles de contaminación por material particulado (el más representativo de los parámetros para medir la polución) seguirán aumentando en las principales ciudades del país por no atender la causa irresuelta: la obsolescencia de la flota de carga pesada y la carencia de sistemas de control de emisiones (por ejemplo, filtros de partículas) en la mayoría de los más de 400.000 buses y camiones alimentados con diésel que circulan por nuestras vías”.

Agrega Behrentz que “contar con ACPM de ultrabajo azufre permite la utilización inmediata de las más sofisticadas tecnologías de reducción de emisiones que hay disponibles en el planeta. Alcanzar esta condición era prerrequisito ineludible para que las autoridades ambientales de orden local y nacional pudieran establecer normas que hagan obligatorio el uso de tales tecnologías. Y hoy es posible, máxime sabiendo que en el portafolio de estrategias para mejorar la calidad del aire no existe ninguna medida (¡ninguna!) que compita en términos de costo-eficiencia con la implementación de sistemas de control para la flota diésel”.
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