Domingo, 18 Agosto 2019

Polímeros, dioxinas, pulpa de papel e incluso asbesto son algunas de las sustancias que componen las toallas higiénicas tradicionales. El uso de estos materiales, la mayoría altamente contaminantes, puede generar graves problemas de salud, daños en el aparato reproductor femenino, infecciones e impactos críticos en el ambiente.

En promedio, veinticinco toallas higiénicas utiliza una mujer durante su periodo menstrual. Cuando estas terminan su ciclo útil son eliminadas a través de los sistemas de desagüe o en bolsas de basura, que van a parar a botaderos municipales o alcantarillas. Si se calcula el número de toallas usadas en cada ciudad y municipios del país, la crisis ambiental aumenta a niveles exagerados.

Así, agentes químicos como dioxinas, poliacrilatos (gel para absorber líquidos), rayón que es un material que se obtiene del petróleo y el asbesto, al que estudios le atribuyen enfermedades crónicas y patologías, pasan a ser parte del suelo, cuerpos de agua y aire, cuando no se tienen adecuadas medidas de regulación sanitaria. En el caso de la mujer, graves daños en la salud.

De esta manera, empresas diseñan toallas higiénicas ecológicas y las denominadas “copas menstruales”, libres de químicos y cien por ciento biodegradables, que por estar compuestas de algodón, silicona blanda, fibras naturales y telas impermeables son una alternativa para cuidar la salud y los ecosistemas. Esta iniciativa ecológica se comercializa a más bajo costo que las toallas corrientes, se pueden lavar a mano y tienen gran éxito en países como Argentina, Colombia, Chile y México, según estudios de mercado.
 

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