Domingo, 17 Junio 2018
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Por Cecilia Rodríguez González-Rubio
Presidenta de Catorce6

Una reforma al SINA, una economía verde vibrante, mucha responsabilidad ambiental fueron promesas del presidente Santos que quedaron atropelladas y tendidas en el camino en estos 8 años. Lo que hubo fue una mirada ambiental subsidiaria, el aplazamiento de las soluciones a los graves desafíos en esta materia, y puro foco en la gobernabilidad. Con contratos y puestos para los congresistas “amigos”, el Presidente gobernó a la manera de la ‘vieja’ Colombia y quedamos sorprendidos los que creíamos que lo iba a hacer acorde con su discurso de avanzada.

Es evidente que siempre se sintió débil de lo contrario no hubiera entendido esa como la única forma de lograr gobernabilidad, que además de abrir los espacios a la corrupción, es un método ilegal. Pero tambien trajo la ‘vieja Colombia’ al proceso de construcción de los acuerdos de paz. Prefirió que no se revelaran contenidos durante el proceso y que no se abrieran discusiones más amplias. Evitó así la apropiación de toda Colombia de los acuerdos y no les brindó base social. Ambas costumbres, el clientelismo y la toma de decisiones en cuartos oscuros, muy características de la ‘vieja’ Colombia presuponen al ‘pueblo ignorante y bruto’.

Tan grave fué su estilo de gobierno que la deforestación aumentó porque ni siquiera se puso a pensar cómo evitar que campesinos tumbarán bosques en busca de subsidios del proceso de paz. Resultaron más inteligentes los campesinos olvidados de esas zonas a los que no quiso escuchar activamente. El mundo rural y el patrimonio natural resultaron ininteligibles para un gobierno internacionalista, supuestamente de la ‘tercera vía’ y de avanzada. La verdad es que este gobierno deja unos documentos realmente muy buenos, que si hubiese aplicado tendríamos a Colombia en un sitial avanzado en materia ambiental. Pero, ¿porque 8 años no fueron suficientes para aplicarlos?

El Presidente Santos perdió la oportunidad histórica de avanzar realmente en lo ambiental como en alcanzar una verdadera paz. Estas dos avenidas se cruzan de manera virtuosa, pero fueron tomadas con superficialidad, aunque él cree que la historia le reconocerá su esfuerzo. Su estilo y su concepción de gobierno fueron inferiores a los de sus tiempos, quizá la pereza lo llevó a evitarse la incomodidad que produce abrir discusiones, escuchar a los demás y persuadir, o quizá su falta de talante para conducir una nación a través de los cambios.  

El patrimonio natural es realmente uno de los principales activos de Colombia, pero administrado como si fuera de menor valor nos deja en el peor de los mundos. Es una lástima que todas las obligaciones del Estado quedaron subordinadas al clientelismo y la corrupción. Tal será la profundización de este modelo que hasta los estudios técnicos de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, que debía ser una entidad especializada con criterios ambientales y sociales estrictos, fueron entregados a través de convenios y contratos con FONADE del Ñoño Elias.

Cerrar el gobierno con un bajísimo ejercicio de la autoridad ambiental, incoherencias entre el discurso y la realidad, una gestión ambiental pobre y un fortalecimiento del modelo corrupto, es cuando menos un grave engaño al país y a los mamos a quienes el presidente Santos les prometió una gestión ambiental responsable el 8 de agosto de 2010.

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