Lunes, 17 Mayo 2021

El artículo publicado en la revista Proceedings of the Royal Society, señaló los efectos sobre especies forestales a causa del ruido generado por compresores en pozos de gas natural.

 RUIDO PLANTAS 1/Pixabay

Para investigar los efectos ecológicos a largo plazo ocasionados por el ruido persistente, investigadores estudiaron un área en Rattlesnake Canyon, Nuevo México, dominada por plantas forestales. El área en el suroeste de Estados Unidos, se caracteriza por tener una alta densidad de pozos de gas natural, algunos de los cuales están acoplados a compresores que funcionan continuamente y generan ruido crónico de hasta 100 decibeles.

Eso es tan fuerte “como estar junto a los cantantes en un concierto de Black Sabbath o pararse justo al lado de las vías del tren mientras pasa el tren”, dijo la Dra. Jenny Phillips, quien fue autora principal del estudio mientras estaba en la Universidad Estatal Politécnica de California en San Luis Obispo. “No obstante, otros pozos carecen de compresores”.

La vegetación y la actividad humana tanto en pozos con compresores como en aquellos que no los tienen, son similares. En 2007, un grupo de investigadores comparó la vegetación en ambos contextos y descubrió que la contaminación acústica afectó el entorno natural de dos maneras.

La diseminación de plántulas y la germinación (conocida como reclutamiento) de las especies del bosque como el pino piñonero, se redujo a medida que los animales que se alimentan y dispersan las semillas de las plantas se vieron afectados negativamente. Por otro lado, los colibríes prosperaron en medio del ruido, lo que provocó una mayor polinización de las flores.


Compresoras Gas Natural
Las estaciones de compresión en los pozos de gas natural funcionan continuamente
y generan ruido crónico de hasta 100 decibeles./WildEarthGuardians - Foter

Según el estudio publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, los investigadores regresaron luego de 12 años para buscar evaluar el impacto ecológico a largo plazo de este ecosistema ruidoso.

Volvieron a examinar las parcelas después de la recopilación de datos inicial para determinar si persistían los patrones informados anteriormente para el pino piñonero, pero también incluyeron análisis de otra especie de árbol, como el enebro de Utah. Sin embargo, de esas 115 parcelas encuestadas inicialmente, algunas habían cambiado de ruidosas a silenciosas porque se habían quitado los compresores y viceversa.

El hallazgo de los investigadores identificó que se encontraron menos especies del pino piñonero en áreas ruidosas (en línea con los hallazgos de 2007) y las plántulas (plantas entre dos y 12 años) también eran menos abundantes en el ambiente persistentemente ruidoso. El mismo patrón se observó en las plantas de enebro.

No obstante, cuando observaron parcelas que antes eran ruidosas pero que se convirtieron a tranquilas, vieron más recuperación de la especie de enebro que de piñón.

Esta tasa dispar de recuperación podría atribuirse a los diferentes dispersores de semillas para cada planta, indicó Phillips.

El arrendajo de Woodhouse se come las semillas del piñón, pero también las entierran para guardarlas para más tarde. Luego se olvidan de algunas de las semillas, y eso es lo que hace que el bosque se regenere.

arrendajoLos arrendajos de los matorrales de California entierran las semillas de piñones y, a veces, se olvidan de ellas,
lo que mantiene los bosques en regeneración. / Pixabay

“Lo que creemos que está sucediendo potencialmente es que los arrendajos son pájaros inteligentes, tienen memoria episódica y pueden recordar experiencias negativas. Entonces, si exploraron un área hace un par de años y si es ruidosa, entonces lo recordarían y no volverían a esa área”, resaltó el investigador.

Las plántulas de enebro fueron dispersadas con mayor frecuencia por mamíferos y otras aves, por lo que el ruido no fue tan perturbador, agregó.

“Realmente no tenemos la capacidad de decir cuán severos son los impactos [de la contaminación acústica], especialmente si nos fijamos en el nivel del ecosistema”, dijo Sarah Termondt, quien fue coautora del estudio mientras estaba en la Universidad de California Polytechnic State.

“Si está cambiando la capacidad de una semilla para crecer en algún lugar es porque un pájaro ya no deja caer dicha semilla allí, eso podría cambiar el hábitat de una gran cantidad de especies”.

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