Jueves, 18 Julio 2019

La Heroica —en sus 202 años de independencia— va adelante en planes de adaptación al cambio climático. Líderes comunitarias y empresarias de entidades públicas, educativas y privadas se movilizan en contra de los efectos del calentamiento global, que ha golpeado muy fuerte a esta ciudad costera colombiana.

La noche del 17 de octubre de 2011 no se le olvida a Gloria Sánchez, la líder más reconocida de Villa Gloria, un asentamiento de pescadores descendientes de los negros boquilleros que han ido poblando los terrenos que separan la Ciénaga de Juan Polo y de La Virgen del mar Caribe.

El agua les llegó a la cintura a las 2 de la mañana a ella, a Alfon­so —su marido— y a más de 150 familias que solo alcanzaron a cargar sus niños para que no fueran arrastrados por el agua, como sucedió con sus camas, ollas y demás enseres.

Y esa misma fecha tampoco se le olvida a Judith Pinedo, por entonces alcaldesa de la ciudad, que ante la imposibilidad de procesar todos los datos de emergencias de toda Cartagena, tuvo que conseguir un helicóptero para tener una apreciación exacta, desde el aire, de lo que pasó en La Heroica esa noche. El balance fue conmovedor: dos personas muertas y 43.500 dam­nificados de todos los estratos socioeconómicos.

Las inundaciones de Cartagena son una de las manifestaciones de la vulnerabilidad al cambio climático global, que de conti­nuar con la intensidad actual podría hacer perder un porcentaje indeterminado del territorio en los próximos 15 años, como lo asegura la directora del Establecimiento Público Ambiental (EPA) de Cartagena, María Angélica García. Y es que para el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), Cartagena de Indias constituye una de las cinco áreas colombianas más vulne­rables al cambio climático, debido al rápido aumento del nivel del mar presentado en los últimos años.

Según el Conpes 3700 de julio de 2011, la ola invernal en Co­lombia durante 2010-2011 afectó a más de 3,3 millones de personas, 965 vías, 1 millón de hectáreas de cultivo, entre otros, alcanzando un total de daños estimados en 4.662 millones de dólares. Cartagena aporta el mayor porcentaje a los 5.134.005 de habitantes del litoral Caribe que, de acuerdo con el Ideam, están expuestos a los efectos directos de la inundación marina.

Las autoridades ambientales advierten que los impactos más notables en la ciudad podrían ser la erosión costera, el retroceso de las playas, los daños en la vía al mar, la afectación del centro histórico, los cambios en la dinámica del sistema de humedales costeros y la intrusión marina en el canal del Dique.

Pero las emergencias de 2010-2011 llevaron al Estado, la acade­mia, los organismos multilaterales y las comunidades afectadas a pensar acciones coordinadas de adaptación al cambio y varia­bilidad ambiental. Cartagena de nuevo está dentro de las prioridades y en ella han confluido esfuerzos de sus autoridades locales, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), la Alianza Clima y Desarrollo (CDKN) y la Cámara de Comercio de Cartagena. Estas instituciones, más líderes de opinión de todos los sectores de la ciudad, empezaron a reunirse para identificar y priorizar medidas de adaptación al cambio climático. Algunas de ellas se están convirtiendo en políticas públicas de carácter nacional, otras son campañas educativas, otras son movilizaciones ciudadanas y todas, acciones integradas de adaptación al cambio climático.

Para EPA Cartagena, las acciones de adaptación son prioritarias y empiezan a notarse en toda la ciudad. Algunas son del ejercicio de autoridad, como la movilización de guardianes ambientales voluntarios, que junto con los técnicos de la autoridad ambiental sellaron sitios de desposición de escombros por su mal manejo ambiental. Roberto Ruiz, coordinador de la Guardia Ambiental, contó que en la primera jornada ambiental incautaron cuatro carromulas destinadas al vertimiento de los escombros, impusieron comparendos ambientales y retuvieron elementos de transporte de residuos.

María Angélica García, la directora de EPA, explica que las jor­nadas tienen que ver con el aseguramiento de los sistemas de drenaje de la ciudad colmatados por los escombros, lo que in­crementa el riesgo de inundación de la ciudad

La protección de los manglares hace parte de la misma estra­tegia. “Vamos a empezar a iluminar los manglares para que la gente los quiera, los proteja y no los vea como cueva de la­drones, sino como parte del bello equipamiento de la ciudad, porque el manglar es la primera barrera de contención contra la inundación. Por eso mismo estamos limpiando 35 canales colmatados y 5.000 m2 de manglar, pues si un manglar encuen­tra un plástico en el lecho de los caños, no afirma sus raíces y perdemos esa barrera natural que nos protege”, afirma García.

Los árboles son prioridad para la administración. Por eso, con el apoyo de la Universidad Javeriana están construyendo el mapa térmico de la ciudad que identifica las especies arbóreas y defi­ne qué especies nuevas deben ser sembradas, como parte de la estrategia de mitigación del cambio climático.

Esas estrategias pedagógicas tienen elementos tan novedosos como el de la calculadora que mide la huella de carbono de cada persona. En la web de EPA, cualquier persona puede saber cuánto le cuesta al planeta un año de sus actividades a partir del consumo de combustibles, consumo de carne, compras de hogar o generación de residuos. “Buscamos estilos de vida más sostenibles, más sostenibles, pues cuando tú calculas tu huella de carbono, no vuelves a ser el mismo”, explicó García.

En ese mismo sentido se están desarrollando diplomados de líderes comunitarios impulsados por la administración de Car­tagena, con el apoyo del Tecnológico de Confenalco. La for­mulación e implementación de un proyecto es requisito para obtener el grado.

Y por iniciativa propia, las comunidades también desarrollan acciones de mitigación o adaptación. “Mediante jornadas co­munitarias hemos avanzado en mejorar la estabilidad de las construcciones de nuestra comunidad para que una nueva inundación no nos vuelva a hacer el daño que vivimos recien­temente. Hemos formado a nuestra comunidad en el man­tenimiento del manglar y hemos participado en el diseño de estrategias de reasentamiento a sitios más estables, pero en la zona de influencia de la ciénaga y el mar, de tal manera que no abandonemos nuestra condición de comunidad de pescadores afrodescendientes si es que nos toca salir”, dijo Gloria Sánchez, presidenta del Consejo Comunitario de Villa Gloria.

Según la Directora de EPA, en esta cruzada contra el cambio cli­mático están comprometidos todos los sectores de la sociedad: los colegios lo tienen como columna vertebral de los Programas Educativos Escolares (PRAES) y lo mismo sucede en los Progra­mas Educativos Universitarios. Los empresarios están financian­do la mayoría de los programas de mitigación y adaptación que desarrolla la ciudad y las entidades de cooperación internacio­nal cada vez están mirando con mayor solidaridad a Cartagena.

Un documento reciente del Panel Intergubernamental contra el Cambio Climático dice: “En el siglo XXI, las consecuencias del cambio climático obstruirán el crecimiento económico y la reducción de la pobreza, erosionarán aún más la seguridad ali­mentaria y crearán nuevas trampas de pobreza, en particular en las zonas urbanas, así como nuevos focos conflictivos de ham­bre”. El mismo documento concluye la importancia de generar un mayor compromiso del Estado, los gremios económicos y la sociedad civil. En estos propósitos, Cartagena ya ha dado los primeros pasos.

“Este informe fue realizado gracias al apoyo de la Alianza Clima y Desarrollo (CDKN), en el marco del Fondo Perio­dístico de Desarrollo Compatible con el Clima”.

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