Lunes, 17 Diciembre 2018
Editorial

Para visitar después de la guerra

Por Eduardo Chávez López

Director de Catorce6

 

Colombia tiene por lo menos 50 sitios maravillosos que la guerra no ha permitido conocer. El fin del enfrentamiento con las Farc, y ojalá con el Eln, va a permitir que el turismo crezca como ningún otro renglón de la economía. Si en 2014, aún con guerra, los ingresos del turismo en Colombia crecieron por encima del promedio mundial en ese renglón, generando ingresos de $4.980 millones de dólares como dijo la Ministra de Comercio, Industria y Turismo, se imaginarán ustedes lo que puede pasar si se acaban las restricciones de orden público a las zonas protegidas con las que cuenta Colombia.

 

Según un reciente informe del PNUD (2015) y datos de Parques Nacionales Naturales, 41 de los 47 municipios con prioridad alta en el posacuerdo tienen alguna figura de protección. De 78 municipios con prioridad media alta, 59 tienen alguna figura de protección y 26 tienen más del 50% de su área bajo alguna de estas figuras. En todos los casos hay variedad de ecosistemas que deslumbrarían un mercado global que crece de manera exponencial.

 

Las cifras del Gobierno nacional indican

quedurante 2014 Colombia recibió4.192.742

de visitantes extranjeros no residentes

 

Según el portal especializado Ecoturism.com, del 20 por ciento al 30 por ciento de los viajeros en Europason conscientes de las necesidades y los valores del turismo sostenible y entre el 10 por ciento y el 20 por ciento buscan opciones verdes para sus vacaciones. En Alemania, el 65 por ciento (39 millones) de los viajeros esperan calidad del medio ambiente en sus actividades turísticas. Más de dos tercios de los viajeros de EE.UU. y Australia, y el 90 por ciento de los turistas británicos tienen en cuenta la protección del medio ambiente, incluido el apoyo de las comunidades locales, para escoger su destino. Ocupando Colombia los primeros puestos en megadiversidad, están dadas todas las posibilidades para conquistar buena parte de ese mercado, que tiene además la ventaja que se puede lograr sin generar emisiones ni afectar nuestros recursos estratégicos.

 

Es que con solo asomarse al mapa del PNUD, que traslapa las zonas del conflicto armado con las áreas protegidas, el territorio colombiano resulta una triste combinación de rojo y verde en más del 30 por ciento de su superficie. En ese rojo y verde hay maravillas amazónicas como Chibiriquete o Apaporis, exuberancias del Pacífico como Gorgona, Sanquianga o Utría, ecosistemas de alta montaña como Los Farallones, la hermosa laguna de Juan Tama donde nació la cultura Nasa, el inmenso páramo de Sumapaz, el majestuoso parque de La Macarena y el inmenso Llano, tan lejano por la guerra como cercano en la geografía. Así pasa con el Nudo de Paramillo en Antioquia y Córdoba, con el Catatumbo en Norte de Santander y en todas las regiones de Colombia.

 

Si con guerra el turismo es el tercer generador de divisas para el país, después de petróleo y carbón, y el responsable de más del 50 por ciento de las exportaciones totales de servicios, con un nuevo ecoturismo podremos rápidamente hacer de ese sector el primer renglón de la economía. Departamentos tan necesitados de ingresos como ricos en biodiversidad como Nariño, Boyacá, Caquetá, Putumayo, Guaviare, Cauca o Chocó deberían desde ahora alistar los nuevos destinos.

 

Las cifras del Gobierno nacional indican que durante 2014 Colombia recibió 4.192.742 de visitantes extranjeros no residentes. En ese mismo año, las visitas de los colombianos no residentes en Colombia fueron 597.522. Todas estas cifras pueden multiplicarse por 2, 3 o 4 con la sola consecución de la paz y una adecuación básica de la infraestructura para la recepción de visitantes.

 

Por lo visto, es poco lo que se está haciendo para que el ecoturismo crezca en el posconflicto. Todo parece indicar que mientras las entidades encargadas de las estrategias van en mula, los acuerdos van en jet. Ya es hora de que por lo menos los encargados vayan averiguando si hay cupos en ese vuelo.

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