Miércoles, 20 Noviembre 2019

Dos golpes recibió hoy Colombia en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Los jueces del tribunal internacional se declararon competentes para estudiar dos demandas interpuestas por Nicaragua. Los daños ambientales serían incalculables.

En la primera demanda, la CIJ admitió los argumentos de Nicaragua que alegaba el incumplimiento de Colombia del fallo de 2012, que le quitaba cerca de 75 mil km2 de mar al país. En la segunda demanda perdida, que es la más grave según el mismo agente Carlos Gustavo Arrieta, la Corte decidió aceptar el estudio de una nueva demanda de Nicaragua que busca ampliar su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas. Esto se refiere al lecho y al subsuelo y a sus respectivos derechos para explotación y exploración de recursos naturales.

Y aunque el presidente Juan Manuel Santos anunció que no acudirá al litigio que se abre por la plataforma, lo cierto es que hasta este momento la decisión de La Haya juega contra Colombia (lea también: Fallo perverso: biodiversidad del Caribe amenazada).

En diálogo con Catorce6, Durcey Stephens, director de Coralina, fue contundente en advertir los graves riesgos de esta nueva demanda de Nicaragua que comienza proceso en La Corte Internacional de Justicia. “Si en un futuro Nicaragua lograra ampliar su plataforma continental, sería bastante grave porque podrían explotar y explorar el subsuelo. Desarrollar proyectos de este tipo tendría efectos negativos incalculables en los ecosistemas y sería letal para su conservación. En pocas palabras, esa decisión podría acabar con toda la reserva marina”.

En cuanto a la primera decisión de la Corte, que estudiará el incumplimiento del fallo del 2012, Stephens advirtió que sigue en grave riesgo más de la mitad de la reserva Seaflower: “Si se cumple el fallo de 2012, los impactos en la reserva marina son potenciales porque perdemos alrededor del 50% del territorio de la reserva y el 52% del área protegida marina… Además, hay otros riesgos potenciales como la advertencia de Nicaragua de construir un canal, lo cual tendría afectaciones en la calidad del agua” (vea: La administración conjunta del mar: el camino luego del fallo de la CIJ).

La mayor preocupación de los isleños y ambientalistas es la posibilidad de que el país centroamericano inicie una explotación de hidrocarburos, poniendo en riesgo este valioso ecosistema. De hecho, Coralina interpuso una acción popular contra la ANH en febrero de 2011, por otorgar licencia a Ecopetrol, Repsol y YPF para explorar y explotar dos áreas del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, lo cual fue documentado en un informe de UN Periódico.

“También podría iniciar un proceso de contaminación por los tipos de embarcaciones que pasarían por la zona con la que quedaría Nicaragua, los cuales probablemente llevarían petróleo… Hasta con el buceo hay peligro ambiental, porque en Nicaragua usan siempre equipos que nosotros hemos prohibido, ya que conocemos el impacto que ellos causan en el agua”, indicó el director de Seaflower.

Por último, Stephens señaló que la biodiversidad se verá gravemente afectada. “Los últimos estudios indican que la reserva marina es un punto obligado de cruce de varias especies marinas únicas del sector. Allí se generan reservas, por ejemplo de langosta, entre otros animales”, aseguró. Y es que el directivo ha afirmado que pescadores nicaragüenses han venido violando los límites de volúmenes de pesca acordados de especies amenzadas, como el caracol pala y la langosta. Estos acuerdos fueron logrados por los pescadores de San Andrés después de un amplio trabajo de concertación liderado por Coralina, con el fin de proteger de la extinción importantes especies marinas.


La importancia de la reserva Seaflower

La reserva tiene gran biodiversidad marina y costera, cuenta con más del 77% de las áreas coralinas someras de Colombia, además de innumerables ecosistemas someros como manglares, praderas de fanerógamas marinas, fondos arenosos, playas y ecosistemas profundos.

El 10 de noviembre de 2000, el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina (Colombia) fue declarado Reserva de Biosfera por el Program of Man and the Biosphere (Programa del Hombre y la Biosfera, MAB) de la Unesco. Desde entonces hace parte de la Red Mundial de Reservas de Biosfera con el nombre de Seaflower.

Uno de los factores que más influyó en la declaratoria fue su extensión de 300.000 km2, que la convierte en la Reserva de biosfera con mayor área marina que existe en la actualidad.

101213 seaflower 401

Panorámica de la Reserva de la Biosfera Seaflower. / Foto:Cortesía Albana Ríos - Minambiente.gov.co

0
0
0
s2smodern
Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar

Banner Fijo Superior UniAndes