Lunes, 6 Abril 2020

Texto: Daniel Mendivelso Rodríguez

Los incendios forestales en los cerros, llanuras y montañas colombianas están pasando su cuenta de cobro: la pérdida de vegetación y la alteración de los ecosistemas de páramo y de bosques, son las consecuencias de arrasadoras conflagraciones, provocadas la mayoría de veces por el hombre. 

Según expertos del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) durante los meses de diciembre, enero y febrero es común que las temperaturas alcancen los 30°C, provocando incendios, particularmente en las zonas rurales de la ciudad, que deben ser controlados a tiempo para evitar daños irreversibles en los ecosistemas. Fenómenos naturales como el “niño” entre el 2009 y 2010 son producto del incremento de las temperaturas que favorecen la ocurrencia de constantes conflagraciones. El Observatorio Ambiental de Bogotá a través de sus estudios registró 52 incendios forestales durante este periodo de tiempo, equivalentes a 276 hectáreas de bosque afectado en los cerros orientales de Bogotá.

No obstante, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, entidad rectora en la gestión de ambiente y de los recursos naturales renovables en Colombia, señala que más del 90% de los incendios forestales son provocados por acciones humanas.  Ejemplo de ello son las quemas agrícolas, que buscan preparar el suelo para nuevos cultivos, o actividades recreativas como fogatas, el uso de pólvora y la cacería de animales.

Adriana Paola Barbosa, profesional del IDEAM, así lo ratifica: “En la temporada de final y comienzo de año las precipitaciones son bajas y las temperaturas altas, con vientos fuertes y poca humedad en el suelo. Ello impide que la vegetación absorba el agua, mientras el detonante lo activa la población a través de quemas indiscriminadas”.

Abecé para mitigar el impacto de los incendios

La Comisión Distrital para la Prevención y Mitigación de Incendios Forestales es la entidad encargada de atender este tipo de alertas. Está integrada por las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR), el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, el IDEAM, las autoridades ambientales y la Unidad Administrativa Especial Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá (UAECOB) y tienen la misión de crear protocolos para combatir los incendios forestales.

La comisión informa que el primer paso para combatir conflagraciones es establecer su tipo; es decir, si corresponde a una quema, un conato o un incendio forestal. Ello permite determinar la magnitud del fuego, así como el rango de hectáreas afectadas según la propagación y el nivel de daños en los ecosistemas. Posteriormente, se debe visualizar el núcleo del incendio en la cobertura vegetal para determinar la manera más eficaz de combatirlo.

El botánico Orlando Rangel, Investigador del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, explica que la vegetación es amenazada por diferentes tipos de incendios: “los de copa que se propagan por las partes altas de los árboles, los que origina la acumulación orgánica del suelo, y los subterráneos que son los de mayor impacto ambiental”.

Ante un incendio forestal, las autoridades recomiendan a la población afectada y aledaña comunicarse en primera instancia con el Cuerpo Oficial de Bomberos o la Defensa Civil, ya que cuentan con los requerimientos logísticos para atender la emergencia.  No obstante, el trabajo coordinado entre las instituciones ambientales, las autoridades y la comunidad permite estar alerta y prevenir la ocurrencia de incendios. En caso de que el desastre sea inevitable, mitigar su impacto. 

Páramos y bosques, principales víctimas

Por su ubicación geográfica, abundante vegetación y bajas temperaturas, los páramos son presa fácil de graves incendios forestales. La acumulación de sedimentos permite que el fuego se propague de manera rápida, generando impactos sinérgicos como la contaminación del agua, que, al precipitarse, llena de amplios depósitos de masas inertes los ríos, lagos y grandes ciénagas.

“El páramo es uno de los ecosistemas más jóvenes, ya que su edad oscila entre los tres y cuatro millones de años. Estos ambientes han soportado influencias graves como erupciones y glaciaciones, pero se han mantenido y recuperado. Pero la intervención del hombre ha sido la más perjudicial, al punto que algunos de estos ecosistemas han perdido toda la capacidad de ofrecer servicios ambientales”´, asegura el profesor Rangel.

Cuando los incendios se presentan en el bosque alto andino, se agudiza la propagación del fuego. Ello debido a que la mayoría del boscaje está compuesto por plantaciones de especies foráneas, que, al caer al suelo, forman grandes masas que quedan expuestas a este tipo desastres. Dice Rangel “la vegetación presente en las partes altas de la cordillera oriental corresponde a matorrales excesivamente leñosos. En época de menor cantidad de lluvias estas especies se secan con facilidad y se convierten en presa fácil de materiales que puedan hacerlos entrar en combustión. El impacto de una conflagración conlleva también la pérdida de fauna”.

Costos para el país

Los incendios forestales impactan a cada uno de los elementos que integran un ecosistema. La atmósfera se afecta por las emisiones de dióxido de carbono que la vegetación inerte no puede controlar en su ciclo natural, produciendo altos niveles de contaminación del aire. El suelo deja de absorber nutrientes y se erosiona, mientras la flora y fauna nativa se extinguen, dice Rangel. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, además de estos efectos relevantes, los incendios forestales provocan la disminución de la visibilidad, lo cual dificulta el transporte aéreo y terrestre.

Según cifras de la Dirección de Prevención y Atención de Emergencias (DEPAE) y la Unidad Administrativa Especial Cuerpo Oficial de Bomberos de Bogotá (UAECOB), los costos totales de un incendio forestal oscilan entre 1.170 y 4.300 millones de pesos. Estos implican la extinción del fuego, el daño causado al ecosistema y la restauración del lugar. Cada una de estas fases requiere de personal especializado, maquinarias, equipos, herramientas, apoyo logístico y costos de movilización. 

Para los entes gubernamentales, no solo se debe calcular el costo de mitigación del incendio, sino también el deterioro de las zonas afectadas, lo cual implica altos presupuestos. Se debe valorar tanto el costo de la tierra y la madera deducidos por cada hectárea de bosque, así como la prevención de la erosión, la preservación de la biodiversidad, la producción de oxígeno y disminución de dióxido de carbono y la belleza escénica y paisajística del lugar antes del desastre. También la fase de restauración genera costos importantes debido a la compensación por daño ambiental, reforestación del ecosistema y adecuación del sitio a su estado inicial.

Acciones ciudadanas para prevenir incendios forestales

Para evitar los incendios forestales es necesario disminuir la realización de fogatas y si estas se llevan a cabo se deben tomar precauciones para que no se salgan de control. En caso de realizar quemas agrícolas es importante contar con un permiso especial de la autoridad ambiental. En la actualidad, el Distrito adelanta campañas e implementa medidas que involucran a la sociedad civil para contrarrestar el avance de las coberturas vegetales de especies exóticas y erradicar las invasoras, foráneas y pirogénicas, las cuales generan un gran problema puesto que desplazan a otras, promueven los incendios y ponen en peligro la supervivencia de especies endémicas. 

También la Comisión Nacional diseña diferentes piezas de divulgación como boletines de prensa, folletos institucionales, comerciales en radio y televisión, entre otros, con el fin de capacitar a la población frente a acciones que deben tomar en caso de riesgo por incendio forestal. Según Paola Barbosa, la Comisión Nacional realiza informes para prevenir incendios y minimizar riesgos. “Es un tema que se ha propuesto a la par con las Corporaciones Autónomas Regionales para enfatizar en la educación ambiental dirigida a las comunidades, puesto que por la cultura agrícola se acostumbran a hacer quemas que la mayoría de veces se salen de control y repercuten gravemente en los ecosistemas”

Por su parte, el Ministerio de Educación Nacional y entidades ambientales diseñan políticas para que los colegios e instituciones educativas generen programas académicos que permitan a la población informarse sobre sus recursos, los cuidados que se deben tener con los ecosistemas y la prevención de desastres naturales.  “Es necesario que la población y los niños en las escuelas sepan qué tienen en los páramos, cuál es su importancia biológica, los servicios ambientales que prestan, cómo se pueden conservar y prevenir incendios” concluyó Rangel. 

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