Lunes, 25 Marzo 2019

Por Fernando Gómez P.
Especialista en Estudios del Territorio y Promotor de la Red Ambiental Reserva “Thomas van der Hammen”
@FdoGomez1

Columnista1ed52

En una entrevista en enero de este año, el Alcalde Peñalosa se pregunta “… ¿Qué es lo mejor ambientalmente para Bogotá?”. Sin duda, una inquietud que estará en los bogotanos porque la realidad socioambiental así lo demanda. Llama la atención la manera como se refiere a la Reserva Forestal Productora Regional del Norte de Bogotá Thomas van der Hammen: “Es un lote y es la única reserva forestal del mundo que no tiene árboles, son potreros”.

Estudios realizados por universidades, centros de investigación, entidades del Estado, organizaciones ambientales, expertos nacionales e internacionales lo contradicen, pues señalan que es una área con una extraordinaria riqueza natural, histórica, cultural y paisajística de Bogotá y de la Región Central. Cumple funciones de conectividad con la Estructura Ecológica Principal y Regional y existen ecosistemas propios de bosque bajo andino. Además, es hábitat de especies endémicas por estar ubicada en la Cuenca Alta del río Bogotá y allí se encuentran los mejores suelos agropecuarios (Tipos II y III). Como si fuera poco, cumple funcionesde regulación hídrica al poseer zonas de recarga de agua, humedales y quebradas.

En efecto, la investigación realizada por la CAR, la UDCA, el Instituto Agustín Codazzi, la Fundación Avina, el IEU de la Universidad Nacional, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas y la Dirección Especial de Catastro Distrital concluyen que es un lugar natural con cobertura vegetal y ecosistemas relictuales. Hay también un sistema de humedales como son El Torca, Guaymaral y La Conejera. En el subsuelo hay abundantes recursos hídricos alimentados con aguas de escorrentía. Contiene suelos agroecológicos de la mejor calidad para proyectos productivos agroforestales, silvopastoriles y de seguridad alimentaria. Incluye un bosque andino que sirve como reservorio de biodiversidad. En flora existen 514 especies de plantas inventariadas y en fauna se cuentan aves migratorias y acuáticas, ardillas, borugas, curíes, conejos, murciélagos, faras, guaches, comadrejas, 47 ejemplares de mariposas, anfibios y reptiles, especies endémicas como el chamicero y el picocono rufu.

¿Y LA RESERVA PARA QUÉ?
Este caso ilustra la urgencia de aportar elementos en el debate entre densificación y expansión urbana, pues es pieza clave al momento de definir el llamado límite del crecimiento y evitar la conurbación. La reserva posibilita la minimización de conflictos por la transformación drástica del territorio rural, mayor control por autoridades ambientales, cambio de uso del suelo y aprovechamiento óptimo de suelos con vocación agroforestal.

Asimismo, garantiza la conectividad ecológica entre la Reserva Forestal de los Cerros Orientales, el río Bogotá y continúa la conexión con los cerros de Chía y Cota, especialmente el cerro de Manjui. Permitirá también la estructura de una compleja red ambiental, conectando varios ecosistemas y consolidando un sistema de hábitat en flora y fauna. Su extensión (1.391,68 ha) puede constituirse en el bosque natural urbano más extenso del planeta, cuatro veces más grande que el Central Park de Nueva York.

BOGOTÁ LA NECESITA
Factores como el cambio climático, la densidad demográfica, la centralización del conflicto armado, la inseguridad alimentaria y la contaminación de fuentes hídricas llevan a repensar el modelo de desarrollo sostenible para evitar el colapso urbano. Este es un sitio estratégico que contribuye significativamente a la adaptación y mitigación al cambio climático. Para la OMS, debe existir un árbol por cada tres habitantes y, según el Jardín Botánico de Bogotá, la ciudad tiene un déficit promedio de un millón y medio de árboles. Es decir, hay un árbol por cada ocho ciudadanos. La deuda social y ecológica con la ciudad es monumental.

En septiembre de 2014, la CAR Cundinamarca adoptó el Plan de Manejo Ambiental (PMA) para la reserva Thomas Van der Hammen, construido de manera participativa por diversos actores institucionales, propietarios y organizaciones ambientalistas. Este detiene el mal uso del suelo que durante décadas sufrió la zona y acoge los diversos actores e intereses de acuerdo a la extensión y características ecológicas del área. De conformidad con la Ley 388 de 1997, este acto administrativo se constituye como una determinante ambiental de superior jerarquía, que por ningún motivo puede ser desconocido, contrariado o modificado. Debe quedar incorporado en el nuevo POT para Bogotá y demás municipios aledaños.

Según la Ley 99 de 1993, la CAR asume la administración, ejerce las funciones de control y vigilancia e impone las medidas preventivas y sancionatorias necesarias. Le corresponde a la Alcaldía responder por la formulación e implementación de instrumentos económicos y tributarios. Es competencia del Distrito controlar obras de urbanismo y de construcción que contraríen la norma. La toma de decisiones con respecto a un enfoque de desarrollo sostenible a escala humana es una salida democrática que reorganiza la ciudad respondiendo a los desafíos ambientales y de un buen vivir.

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