Jueves, 15 Noviembre 2018
Cecilia Rodríguez González-Rubio
 
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La matriz energética de Colombia es hoy envidia de muchos países por su proporción de fuente hidráulica, que llega al 67 por ciento. Fueron casi seis décadas construyendo una importante capacidad instalada de generación en embalses enclavados en medio de nuestras magníficas montañas, que sufrieron con su construcción, y del desarrollo de una regulación del mercado que también es elogiada a nivel global. Las construcciones de estas grandes hidroeléctricas produjeron importantes impactos ambientales y sociales y sus diseños dejaron problemas para el futuro, como entre otros el de la acumulación de sedimentos en los embalses. En el momento, la visión sobre el planeta y sus recursos naturales era diferente y mucho menos consciente. Aunque se trata de un recurso renovable, hoy sería más limpia la generación de esa energía si no se siguieran postergando las soluciones a los problemas que su diseño dejó como este de la acumulación de los sedimentos. Con ello, es esencial que se logre en las autoridades ambientales y en el sector eléctrico una real incorporación de la visión contemporánea de la generación hidroeléctrica.
 
Todas las cuencas llevan sedimentos naturalmente, y aún más en Colombia, donde se trata de cuencas geológicamente jóvenes. A estos se les agregan los originados en la deforestación, muy común en las zonas rurales en búsqueda de tierras para cultivo o para ganadería extensiva, así como en las inadecuadas prácticas agropecuarias y, por supuesto, en la urbanización. Así, terminan siendo los operadores de los embalses los responsables exclusivos de las múltiples causas de la acumulación de sedimentos, quienes han solicitado de manera reiterada  ante las autoridades ambientales las licencias para los planes de manejo que permitan su evacuación. Parece prevalecer el temor a los impactos ambientales y sociales en estas autorizaciones, sobre el análisis responsable de unas estructuras que no fueron diseñadas para resistir el peso de los sedimentos acumulados que están sosteniendo. Es importante divulgar que será mucho mayor el miedo que va a producir el posible colapso de alguna de las presas cuando no resista más. Hay mecanismos técnicos, progresivos y controlados para la evacuación de los sedimentos, que entre otras cosas son naturales en las cuencas. Este diseño de la época no consideró al recurso hídrico con sus sedimentos y lo que su composición significaba en la biología de las cuencas, otra omisión que refleja la poca importancia que se le daba en su momento a la sostenibilidad del recurso hídrico, la biodiversidad y los ecosistemas.
 
Estos procedimientos de evacuación de sedimentos se deben desarrollar, como todas las estrategias ambientales, con la debida socialización con las comunidades, quienes comparten con muchos actores el uso de la cuenca.
 
Hoy ya entrado el siglo XXI, se debe adoptar obligatoriamente la visión responsable de la generación hidroeléctrica en su operación y, por supuesto, para nuevos proyectos. Que sean parte del pasado los graves impactos ambientales y sociales que producen la construcción de grandes embalses y su operación sin todos los criterios de sostenibilidad. Ya Colombia se encuentra bien posicionado a nivel mundial en materia de emisiones por generación de electricidad con fuentes renovables. En estas épocas de cambios climáticos no debemos dejar de estar a la altura de ello.
 
 
 

 

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