Jueves, 15 Noviembre 2018
Eduardo Chávez López
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Parece que los astros se están alineando para que Colombia pueda pasar de una retórica del desarrollo sostenible a la era del crecimiento verde. La crisis del agua, profundizada por un fenómeno de El Niño que amenaza con quedarse hasta marzo de 2016; los compro­misos de nuestro país con la OCDE, para enfocar el desarrollo económi­co sin amenazar el capital natural; la movilización mundial —con Papa incluido—, que exige cambios de patrones de producción y consumo; los acuerdos de paz próximos a fir­marse con las Farc, que inciden di­rectamente en las realidades ambientales de las regiones, y el inicio, en enero, de la gestión de los nuevos mandatarios locales y regionales pueden hacer de los próxi­mos cuatro años el comienzo de nuevos paradigmas de crecimiento en el país.
 
Todo el Gobierno nacional debería asumir la decisión adoptada en el Plan Nacional de Desarrollo de redireccionar recursos y esfuerzos hacia el estímulo de prácti­cas productivas sostenibles. Esa tarea no es solo del Ministerio de Ambiente que, como todos sabemos, simplemente es un formulador de políticas; las intervenciones reales sobre el territorio y los ecosistemas se orientan desde otras áreas del Gobier­no. Entre los ministerios de Agricultura, Transporte, Vivienda y Minas y Energía se planean y orientan acciones que aprove­chan la totalidad del suelo y la inmensa mayoría de nuestro capital natural.
 
“Es fundamental la incorporación de los conceptos de sostenibilidad y crecimiento verde en las estrategias, planes y programas, de tal manera que los nuevos gobernadores y alcaldes tengan claros los énfasis de su gestión”
 
Ya no son suficientes las oficinas ambien­tales de las diferentes carteras. Es funda­mental la incorporación de los conceptos de sostenibilidad y crecimiento verde en  las estrategias, planes y programas, de tal manera que los nuevos gobernadores y alcaldes tengan cla­ros los énfasis de su gestión. Que los pla­nes de desarrollo y de ordenamiento terri­torial obedezcan a la decisión estratégica de asegurar el crecimiento, garantizando la oferta natural en todas las regiones.
 
Todos los mandatarios, nacionales, regio­nales y locales, deben entender que el cre­cimiento verde es para que surjan nuevas fuentes de desarrollo y nuevos mercados, y se incremente la productividad, incenti­vando y motivando una mayor eficiencia en el uso de los recursos naturales como el agua, los bosques y la fauna. Pero el crecimiento verde, como lo dice la OCDE, también es para que la innovación permi­ta formas más eficaces de abordar nues­tras problemáticas ambientales y nuevas formas de crear valor en nuestros proce­sos productivos.
 
Para que haya crecimiento verde hay que construir confianza. Primero, en los emprendedores, que ya han logrado im­plantar y mantener sus negocios, de tal manera que vean en este nuevo paradig­ma nuevas posibilidades y oportunidades para sus empresas. Pero también confian­za  en las organizaciones multilaterales y los inversionistas, lo que solo se logra con la solidez de los planteamientos y las estra­tegias de producción, restauración ecológi­ca y conservación que deben involu­crar a los gobiernos, los empresarios, las comunidades y demás fuerzas vivas de la sociedad en cada región.
 
El énfasis mayor lo debemos hacer en los mercados, de tal manera que avancemos hacia el cambio de pa­trones de producción y consumo y esa tarea debe comprometer a to­dos los sectores de la sociedad, prin­cipalmente a sus líderes de opinión. No se trata de ajustar el discurso, se trata de modificar nuestra esencia y todos debe­mos contribuir con ese propósito.
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