Viernes, 3 Abril 2020

Tras la desviación del río Patía en 1973, en el océano Pacífico estaría ocurriendo algo similar a lo que ya pasó con los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta y los arrecifes del Rosario por cambios en el Magdalena. La intervención desacertada del hombre ha producida nefastas consecuencias en el ecosistema de Gorgona.

Por Andrés Henao Álvarez

El río Patianga endulza los arrecifes de Gorgona y los manglares de Sanquianga. Estos ecosistemas de aguas salinas, que hacen parte del sistema de áreas protegidas de Colombia, se han visto afectados por la influencia de un río encauzado de manera artificial hace 42 años, según investigadores de la Universidad Eafit de Medellín.

 

manglares
La disminución de penetración de las mareas ha dulcificado los estuarios y ha hecho que la
vegetación de agua dulce desplace al manglar. / Fotos: Cortesía Juan Diego Restrepo

 

La alteración comenzó en 1973, cuando el río Patía, que desembocaba en el sur de Tumaco, en el sector de Salahonda, fue forzado por el afán de enriquecimiento a tomar un nuevo rumbo por el norte. Así sumó su cauce al del pequeño río Sanquianga. A esta unión de afluentes se le conoce hoy como el río Patianga.

Fusionados ambos cauces sobre una ruta que apalancó la bonanza maderera del siglo XX, se construyó el canal Naranjo, obra que permitió mover el 60 por ciento de la madera proveniente de los bosques de guandal del Patía que se consumió en el país durante este periodo.

Debido a que la extracción del recurso por la antigua desembocadura al sur del Patía Viejo podía tardar hasta dos días, Enrique Naranjo, un maderero reconocido de la época, decidió reducir la ruta a seis horas o, como máximo, un día de trayecto, cambiando el recorrido del río Patía.

El canal, que comenzó de 1,5 metros de amplitud, es hoy un río de 400 metros de ancho, que permite a los buques circular sin encallar. Sin embargo, no solo fue una decisión determinante para la industria de los aserríos, sino que tras la rectificación de ambos caudales, la costa Pacífica empezó a presentar cambios importantes en los ciclos de desarrollo de los litorales, entre ellos la variación de agua dulce que ya llega hasta Gorgona.

Desde el 2011, científicos de la Universidad Eafit, el Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación (Colciencias) y la Dirección Nacional Marítima (Dimar) vienen advirtiendo sobre la problemática que ha originado la alteración del cauce del Patía, comparable, según ellos, con la afectación de los manglares de la Ciénaga Grande de Santa Marta y los arrecifes del Rosario hace 32 años, cuando se rectificaron y abrieron nuevas bocanas en el canal del Dique, en Cartagena, por cambios en el río Magdalena. En ese entonces, el porcentaje de coral vivo era del 90 por ciento y hoy no sobrevive más del 22 por ciento.

“Es como traer el problema del Caribe al Pacífico, pero el caso Patianga es menos conocido y ha tenido menos prensa. Esto prueba que podemos hacer un gran daño ambiental y no repararlo. No hay ni una multa registrada y es un caso más de debilidad institucional frente al medio ambiente”, argumenta Juan Diego Restrepo, director del estudio Oceanografía del delta del río Patía, Pacífico Colombiano, bases ambientales para definir escenarios de vulnerabilidad frente a actividades antrópicas, culminado en 2014 y que hoy permite presentar este panorama. Según la investigación, el exceso de agua dulce y la carga de 17 millones de toneladas de sedimentos que anualmente arrastra el Patianga han desplazado las aguas salinas 15 kilómetros abajo hacia la desembocadura.

 

La alteración comenzó en 1973, cuando el río Patía,
que desembocaba al sur en Tumaco,
fue forzado a tomar un nuevo rumbo por el norte

 

“Esta disminución de penetración de las mareas ha dulcificado los estuarios y ha hecho que la vegetación de agua dulce desplace al manglar; cerca del 40 por ciento de los manglares en el área de Bocas de Satinga (unas 1.200 hectáreas) fueron reemplazados por pastos, helechos y otra vegetación”, un cambio labrado por manos humanas que afecta el sistema de manglares con mayor desarrollo del Pacífico americano y el sistema arrecifal más importante de Colombia, que es Gorgona.

De acuerdo con Restrepo, la decisión de cambiar el cauce fue tan abrupta que hoy se puede recorrer a pie lo que antes fue un río que dinamizaba la economía de los pescadores: “Duele mucho caminar por el antiguo cauce del Patía y verlo seco. Es impresionante la dimensión de un problema originado por la desviación de un río con consecuencias nefastas, como ver mangles flotar río abajo como si fueran un sedimento más”, agrega.

 

gráficaEn azul, la carga de sedimentos del río Patía (17 millones de toneladas anuales) ha erosionado el
delta del río Sanquianga —parte del PNN Sanquianga— y está llegando a la isla Gorgona (arriba).

EL CAMBIO DE VIDA

En 2008 se decretó una urgencia manifiesta en el municipio nariñense de Olaya Herrera, que limita al norte con el océano Pacífico. La creciente del río destruyó 400 viviendas, otras edificaciones y la tubería del acueducto municipal.

Manuel Caicedo vivió aquella época en Bocas de Satinga, pueblo bañado por el corpulento río Patía, que no respetaba ningún sueño. En segundos, la creciente hacía naufragar sus casas: “Conciliar el sueño representaba una amenaza. La mitad del pueblo se ha ido gracias a que el río se ha llevado todo”, recuerda. Caicedo también culpa a El Naranjo: “Las cosas se han revolcado de una manera exorbitante que llevó a que los pescadores que antes trabajaban en las vertientes del río ahora deban pescar directamente en el mar para encontrar alimento”.

Y es que “hay tanta pérdida de recursos pesqueros como la disminución en más de un 80 por ciento de la Piangua annadara, sustento de gran parte de la población”, sustenta la investigación de Restrepo. Según el Plan de Desarrollo 2012-2015 del municipio de Olaya Herrera, con la contratación de un canal de alivio, que inició obras en agosto de 2008, se logró evacuar un caudal apreciable que ha contribuido a disminuir levemente la tasa de erosión y las visitas asoladoras del río. “No obstante, este canal no es suficiente para resolver el problema y requiere de obras de protección para que el problema no se incremente: unas obras de defensa —direccionadoras del flujo— para alejar la corriente de la orilla debilitada y unas obras de adecuación del canal actual para poder transportar el caudal del río Sanquianga, incrementado por las aguas del río Patía”, cita el Plan.

 

infografia

 

La solución a un inminente deterioro tras el aumento de su caudal, que ha acelerado procesos erosivos, de sedimentación y reasentamientos humanos, fue planteada por la Defensoría del Pueblo en un informe consignado entre el 28 de agosto y el 2 de septiembre de 1973: “El Inderena envió a la zona una comisión que recomendó, entre otras cosas, la construcción de una compuerta en la bocatoma. Sin embargo, la empresa maderera El Naranjo no acató las recomendaciones; tan solo puso la compuerta en la bocatoma del río Patía Viejo”.

En 1979, la División de Aguas del Inderena elaboró los términos de referencia para la realización de los Estudios preliminares para la construcción de una obra que permita el taponamiento del canal Naranjo. Al parecer, los estudios no se realizaron. La Junta pro Damnificados del río Sanquianga denunció el incumplimiento.

 

enfermedadesEn Sanquianga, los ecosistemas de manglar han sufrido plagas, erosión, tumores y defoliación.

 

UN RÍO DESBORDADO DE CONTEXTO

La economía pesquera de Bocas de Satinga y de la región también tuvo un giro radical, representado en la pérdida de la actividad agrícola de las riberas, la migración de peces que antes eran comunes en sus aguas hacia otros ambientes de flujo más tranquilo y el reemplazo de los cultivos. “A raíz de las fumigaciones indiscriminadas en los ríos Satinga y Sanquianga del municipio de Olaya Herrera, la gente de las veredas perdió el pancoger, ya no hay plátano, chontaduro, papa china, yuca, arroz, etc. Lo poco que les quedó fue arrasado por los erradicadores manuales que entraron a la zona en octubre de 2009”, señala el informe anual 2011 de la Diócesis de Tumaco, Que nadie diga que no pasa nada.

Según el Plan de Manejo del Parque Nacional Natural Sanquianga 2005-2009, emitido por Parques Nacionales, la creación del canal Naranjo, consecuencia de la Política de Desarrollo Forestal (Ley 2 de 1959), es la causa principal del descenso de la agricultura en la región, agravado por el terremoto-maremoto de 1979. El Plan también advierte que, en menos de tres años, la hoja de coca escaló para convertirse en el cuarto cultivo del área, junto a la caña de azúcar: “La coca aparece en el año 2002, como consecuencia de la llegada y difusión, a través del monocultivo, práctica no acorde con la etnohistoria de la población y la conservación de los ecosistemas y de las especies asociadas a estos, por el cultivo de grandes extensiones que significan aculturación, involucración de la población local en el conflicto armado y el narcotráfico, tala de bosques, contaminación con agroquímicos, tanto para su cultivo como erradicación”, reseña el escrito.

Esta sucesión de hechos no solo ha generado desplazamientos por acciones de la naturaleza, sino que también ha abierto otro capítulo nacional sobre desplazamiento forzado, como en Olaya Herrera, donde se estima que 1.494 familias (unas 6.238 personas) han sido desplazadas en los últimos cinco años a causa de los enfrentamientos entre grupos de insurgencia, bandas criminales y las fuerzas militares por el control territorial, rutas y cultivos.

 

sanquiangaEn Olaya Herrera (zona norte costera del Pacífico nariñense) está el parque Sanquianga,
declarado PNN en 1977 por el interés nacional por la conservación del ecosistema de manglar.
Tiene una extensión de 80.000 hectáreas (30% terrestres y 70% marítimas).

 

PNN agrega en su informe sobre Sanquianga que “si no se reglamentan las 22 millas náuticas de zona marina colindante con el parque, la pesca industrial va a acabar con los ecosistemas marinos y de la producción actual, en algunos años, no va a quedar nada”.

La disminución de penetración de las mareas ha dulcificado los estuarios y ha hecho que la vegetación de agua dulce desplace al manglar.

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