Lunes, 22 Octubre 2018
Por: Jorge Alberto Sánchez Espinosa, Ph.D
Presidente de la Sociedad Colombiana de la Ciencia del Suelo 2015-2016
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En 1915 reciben el Premio Nobel de Física los Británicos William Henry Bragg y William Lawrence Bragg, padre e hijo respectivamente, por sus estudios en el análisis de la estructura cristalina de los diferentes tipos mineralógicos por medio de los rayos Xs, también conocida como la Ley de Bragg y hoy en día como la Difracción de rayos Xs y en los estudios de suelos cobra máxima importancia la identificación de los minerales arcillosos, asociados a la irrupción progresiva de otras técnicas complementarias como la microscopia de luz polarizante mediante el uso del microscopio petrográfico, utilizado entre otros y para el caso de los suelos en la identificación de los minerales presentes en la fracción arenosa de los mismos.

Han pasado ya un poco más de cien años y en Colombia es aún ignorada la importancia de estos análisis, salvo algunas excepciones claro está, y entre ellas se resaltan los estudios de suelos del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y su Laboratorio de Suelos. Este es un tema que desafortunadamente no se ha abordado de manera más profunda en nuestro país y que de acuerdo con el IGAC, aporta al conocimiento del comportamiento de nuestros suelos.

La influencia de los materiales volcánicos y en particular la ceniza volcánica, radica en que aumenta la incidencia del sustrato litológico en todas aquellas áreas donde dicha actividad ha sido importante y condicionan los procesos erosivos asociados con los efectos del agua y la pendiente, que coligada a la deforestación, acelera la inestabilidad de las laderas, situación que padece el país año tras año durante las épocas de alta pluviosidad y es que todavía no se ha entendido que Colombia es un país lluvioso, prueba de ello es que el 84% de sus suelos son ácidos y una cosa es su comportamiento físicomecánico y otra su comportamiento geoquímico, como es el caso de la hidrolisis en los minerales accesorios de los suelos y rocas, con aumento en superficie específica.

De otra parte, el 90% de los suelos Colombianos son deficientes en potasio, por lo que hay que hacer la fertilización potásica, pero cuando no se conocen cuáles son las especies mineralógicas dominantes en la fracción arcillosa de los suelos, se puede incurrir en errores garrafales como la sobrefertilización, conllevando procesos de contaminación y compactación y todo por el desconocimiento de los tipos de arcillas presentes en los suelos, ya que estos, son fábricas de arcillas, tanto de baja actividad como de alta actividad, según haya sido su proceso edafogenético de formación. Estudios han demostrado (Borrero, 2005), que suelos con altos contenidos de arcillas expandibles y de alta actividad como la montmorillonita, presentan una capacidad de fijación del potasio del 60%, es decir en aplicaciones de 600 kilogramos de potasio por hectárea, la fijación fue de 360 kilogramos por hectárea de fertilizante perdido, conllevando problemas secundarios en los suelos, como los ya advertidos.

En obras de infraestructura como carreteras, puentes, edificios, túneles, cuantas veces no se han tenido que modificar los contratos en tiempo y en dinero, por diseños deficientes debido a la presencia de terrenos de arcillas expandibles que aumentan su volumen cuando se humedecen y se contraen disminuyendo su volumen cuando se secan, haciendo inviable cualquier proyecto y son múltiples estos casos en Colombia que no quiero enumerar en este momento.

Nosotros mismos subvaloramos el conocimiento de las ciencias básicas, que muchas veces las desmeritamos por la aplicabilidad de las mismas, con la pregunta frecuente que a veces nos hacemos ¿… y para qué sirve eso?. La simplicidad de los estudios no puede estar por encima del conocimiento técnico y científico, pero para lograr esto necesitamos instituciones con profesionales de gran contundencia técnica y científica, capaces de interpretar la gran complejidad de la pródiga geografía Colombiana, pero ante todo con honradez y ética profesional, porque la falta de estos valores carcome nuestro país, ya que en el proceso de planificación territorial debemos estar siempre seguros, que la variable complejidad predomina sobre la simplicidad.
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