Lunes, 23 Septiembre 2019

El Alcalde de Bogotá anunció a comienzos de noviembre la madre de sus batallas, la BATALLA DE LAS BASURAS. Con semejante decisión, Petro escogió bandera, escenario, aliados, medios y hasta enemigos. A ese juego duro y arriesgado nos tiene acostumbrados desde su paso por el Congreso, pero la diferencia de esta acometida con las de entonces, es que su victoria o derrota no se medirá por el respaldo que tengan sus ideas, sino por la eficacia de sus decisiones.


¿Cómo piensa el alcalde Petro asegurar buenos resultados en este tema? Son cuatro sus ases bajo la manga para asegurar la victoria.

Primero, la Empresa de Acueducto de Bogotá será acondicionada para la prestación del servicio. Más allá del debate jurídico sobre si la EAAB está habilitada para ello, y de si la Corte Constitucional ha bloqueado la posibilidad de la libre competencia, el Distrito debe mantener un esquema que conserve la eficiencia que el servicio ha ido ganando en los últimos años en aspectos que tienen que ver con la optimización del tiempo de recolección por parte de los operarios y con la organización de las rutas, de tal manera que los camiones puedan cubrir la ciudad para no generar acumulaciones en las esquinas o separadores. Dicen que la Administración pretende superar tal desafío con pequeños operadores con buenas experiencias en otras regiones del país.

El segundo as tiene que ver con la amplia participación de la población de recicladores –que para el caso de Bogotá suman 11 mil–, muchos de ellos organizados en cooperativas, que cubren sus rutas de reciclaje sin remuneración alguna por este servicio. Su principal organización, la ARB, ha ganado reconocimiento por parte de múltiples sectores. Con ellos, y con empresarios que en otras ciudades han logrado avances en esquemas de reciclaje, el Alcalde pretende hacer realidad un proyecto de aprovechamiento de residuos que está en la ley, pero que por culpa de una estructura tarifaria que estimula la recolección al reciclaje no ha podido funcionar.

El tercer as está representado en los pequeños y medianos empresarios que en escalas menores y en municipios pequeños han logrado buenos resultados tanto en la operación del servicio de RBL como en esquemas de aprovechamiento, principalmente de plásticos. El cuarto y último as es la ciudadanía, que en muchos momentos ha respondido con disciplina cuando se le convoca a causas que entiende y que la beneficia, como cuando alcanzó a ahorrar el 10 por ciento del agua. Hasta ahora la ciudadanía solo ha sido llamada a ser espectadora de una batalla que no ve como propia y que, al contrario, por los términos en que se han dado las declaraciones está asustada.

Tiene poco tiempo el Alcalde para incorporar la política del amor en este tema y ganar con todos los bogotanos la BATALLA DE LAS BASURAS. Con la política del amor debe procurar decisiones de la Comisión de Regulación y la Superintendencia acordes con la política pública de aprovechamiento de residuos, así como la respuesta de empresarios que pueden modificar sus modelos empresariales a nuevas tendencias del sector –volcándose hacia el aprovechamiento y encontrando en él nuevas oportunidades de negocio– y de los ciudadanos que pueden ser llamados a adoptar nuevos hábitos con campañas imaginativas y motivadoras. Más que ‘la gran batalla’, esta puede ser la gran excusa para poner en marcha una política del amor que reconcilie a todos los bogotanos.

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