Lunes, 23 Septiembre 2019

En 1991, los constituyentes fortalecieron los municipios, y cuentan quienes participaron en las discusiones que los departamentos emergieron a última hora. Ello se nota, ya que los municipios tienen muy pocas funciones y los departamentos tienen la mayoría de las competencias del Estado cercanas al ciudadano. Así mismo, estos últimos quedaron con las transferencias de la Nación para cumplir con las nuevas obligaciones.


Esa distribución de competencias dejó vacíos tremendos, relacionados con los recursos naturales, porque el proceso estuvo más enfocado a atender el fenómeno del centralismo, fuente de descontento en las regiones y eje de la constitución de 1886. Hoy, el tema es el cambio climático y nuestros problemas se abordan desde allí, pero en realidad el desafío monumental es la administración y la gestión todos los recursos hídricos.

Los ríos sirvieron de división político-administrativa en los distintos momentos de la historia republicana de nuestro país. Al convertirse estos en frontera, quedaron sin doliente. Aún más, durante esos procesos, los líderes regionales que luchaban por la creación de nuevos departamentos querían acceso a ríos principales. Por eso, muchos de estos son geográficamente disímiles, tienen altitudes desde más de 2000 metros hasta menos de 200 metros sobre el nivel del mar, porque en su delimitación buscaron tener acceso a ríos principales como el Magdalena y el Cauca.

En vista de esa omisión, se diseñaron soluciones a retazos, como la creación de Cormagdalena, que solo puede ejecutar medidas correctivas y no preventivas, además de que se le imposibilita tener foco por el número y composición de su consejo directivo. De idéntica problemática adolecen las Corporaciones Autónomas Regionales, que siendo el Sistema Nacional Ambiental modelo mundial que muestra resultados en muchos frentes, tenemos al recurso hídrico en el peor estado del planeta. No les resulta fácil coordinar estrategias con las que comparten cuencas, que son todas. El problema está en el diseño inicial. El recurso hídrico quedó olvidado.

Por esta falta de gestión integrada del agua, durante toda nuestra historia hemos estado al vaivén de años de sequía y de inundaciones. Hoy, con el Fondo de Adaptación, que debe también trabajar en la prevención para los periodos de sequía, podrán intentarse muchas obras buscando los más altos índices de eficacia, pero sin la decisión y ejecución de los municipios no se podrá lograr mucho. Son ellos los que determinan los usos del suelo, por ejemplo, para mejorar la ocupación cerca a los ríos y humedales.

Ante esta realidad urge la voluntad de todos los actores, pero ante todo una reforma constitucional y legal que ponga al recurso hídrico en primer lugar en la gestión de los municipios, los departamentos y la Nación.

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