Jueves, 18 Octubre 2018
Cecilia Rodríguez González-Rubio
 
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Lo bueno de los últimos tiempos es que el tema ambiental se volvió taquillero para la opinión pública, lo malo es que las promesas incumplidas y la desconexión del tema en los alcaldes es el pan de todos los días. La tarea es fácil para el gobernante que quiere sinceramente avanzar en las prioridades de este tipo, y aunque no lo crea no tiene que ser extremista ni armar un cuadrilátero para la confrontación entre grupos de interés.

Por ejemplo, en materia de escombros, residuos, publicidad exterior o ruido, se trata simplemente de adoptar normas y sanciones en el orden local con base en el marco de las normas nacionales y conforme a las realidades y urgencias propias. Y con estas proceder a articular sus esfuerzos con la autoridad ambiental competente en la jurisdicción para hacerlas cumplir. Eso es lo que los ciudadanos esperan.

En el caso de las aguas residuales, la tarea exige recursos importantes que se pueden obtener en parte de las tasas retributivas que van en la tarifa de agua y saneamiento. El problema es que el alcalde tiene que asumir el gasto político de aumentar un poquito las tarifas, lo que se puede hacer con pedagogía. El tema del agua ha ganado tanta relevancia en las preocupaciones ciudadanas, que con la claridad de la destinación directa de esos recursos a saneamiento, la aceptación de las nuevas cargas será más amplia. Así también se visibiliza que los impactos ambientales que producimos los humanos por el simple hecho de existir se mitigan con inversión que debemos pagar todos. Esta es la otra cara de la moneda del populismo ambiental, la gente sabe cuándo se le engaña con populismos y cuándo se le explican los impactos y las soluciones.

Definitivamente, los alcaldes deben tomar el liderazgo y orientar a los ciudadanos en las actividades del hogar que generan impactos. Además de actos naturales, están aquellos como verter los aceites usados de cocina por el sifón del lavaplatos en lugar de echarlos en la basura que luego va al relleno sanitario, así como los condones usados que no deben ir al inodoro. La frustrante e inútil separación de residuos que hacen muchos ciudadanos se debe abordar con la adopción de un ciclo completo de reciclaje, porque buena parte de las alcaldías no lo han hecho.  La mayor parte de los residuos se van para el relleno y no para un nuevo ciclo económico. En materia de disponibilidad de agua para los acueductos tampoco se han preocupado los alcaldes por adoptar estrategias de largo plazo que prevengan las amenazas al abastecimiento para su población. Salen a llorar cuando llega la emergencia.

Hoy se podría decir que es una ganancia el hecho de que haya populismo ambiental, porque se volvió taquillero hablar del tema y es sensible para los ciudadanos. Pero da la impresión de que los alcaldes no saben que tienen responsabilidades en la materia y siguen las falsas promesas sin ninguna vergüenza. Las autoridades ambientales tampoco ejercen la autoridad ni nos clarifican de dónde vienen en realidad los impactos que vemos a diario. Estamos a tiempo para abordar los problemas ambientales locales con la verdad, haciendo pedagogía y no encontrando culpables que no son, ni habilidosamente distorsionando la realidad para evitar responsabilidades.

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