Martes, 7 Julio 2020

Rossi

Por: Esteban Rossi PhD. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

A primera vista, las medidas de distanciamiento propiciadas por el Coronavirus han generado beneficios ambientales. En los últimos meses presenciamos mejoras notables en la calidad del aire, el regreso de la fauna a centros urbanos y un renovado interés de la ciudadanía en la ecología y la conservación de la naturaleza. También observamos algunas interpretaciones apresuradas sobre la relación entre las enfermedades emergentes y la transformación de los ecosistemas que no reflejan el conocimiento científico. Conviene aprovechar el momento para construir nuevas agendas ambientales y evitar las generalizaciones.

Beneficios inesperados
Alrededor del mundo las cuarentenas y las restricciones en la movilidad han propiciado reducciones considerables en la contaminación atmosférica. El aumento en la calidad del aire ha sido recibido con optimismo tanto en Huabei (China) como en el norte de Italia. Mientras desde el centro de Bogotá celebramos la vista de los nevados, en el norte de India celebran las observaciones del Himalaya. Debido a que alrededor de siete millones de personas fallecen anualmente por enfermedades respiratorias relacionadas con la contaminación atmosférica, sin duda las cuarentenas han generado beneficios inesperados para la salud pública.


Por otra parte, el encierro de las personas ha facilitado el regreso de la fauna a algunos lugares urbanos o suburbanos. Recientemente, hemos visto osos nadando en la piscina en Europa, ciervos en los suburbios de Londres, Pingüinos caminando por las calles en Sur África, Coyotes en San Francisco, Cerdos salvajes en Berlín y Dantas tomando agua en la carretera en la carretera a Popayán. Tal vez estas observaciones no sean relevantes desde el punto de vista científico, puesto que por lo general se trata de especies comunes, sin embargo producen mucha alegría.

Los animales son simplemente bonitos, y la yuxtaposición de lo salvaje y lo urbano es fascinante. Como señaló Walter Benjamin, nuestra experiencia de la historia se aclara cuando nos detenemos. Solamente al suspender las actividades aparece la nostalgia por aquello que ya no existe. Por esta razón los momentos de crisis son oportunidades para reflexionar.

nevadoVista de los nevados desde el centro de Bogotá. Foto de Jaime A. Vargas, 2020.

Interpretaciones apresuradas
Infortunadamente, en los momentos difíciles recurrimos a interpretaciones que generan seguridad aunque no sean coherentes. Veamos algunas de las interpretaciones más apresuradas sobre la coyuntura del Coronavirus. Primero, tenemos una lectura política, que involucra secretos de estado y armas biológicas. Luego tenemos la lectura mística, según la cual la naturaleza responde a la irresponsabilidad humana con nuevas enfermedades. Y en tercer lugar, tenemos una lectura cultural que asegura que los colombianos somos incapaces de tener disciplina colectiva por lo que cualquier esfuerzo para controlar el virus será infructuoso.

Como es fácil de corroborar, estas lecturas se apoyan en pedazos de verdades pero son desacertadas. Afortunadamente conocemos las verdades completas. Sabemos bien que las instituciones de Estados Unidos se han debilitado recientemente y que el progreso económico, tecnológico y político de China es notable. También sabemos que en las fronteras de colonización, y en los lugares donde viven los más pobres de los pobres, con frecuencia aparecen o reaparecen, nuevas enfermedades.

Finalmente, los Colombianos convivimos con los extremos de la condición humana: desde la cultura ciudadana de Antanas Mockus hasta la limpieza social que llevan a cabo algunos actores armados. Sin embargo, conviene señalar: no hay evidencias que sugieran que el Coronavirus es un arma biológica; las enfermedades emergentes se estudian utilizando el método científico; y los Colombianos tenemos plena capacidad de trabajar colectivamente.

PINGUINSPingüinos caminando por la calle en Sur Africa.


Por otra parte, las interpretaciones apresuradas opacan aspectos importantes del problema del Coronavirus. Por ejemplo, hemos hecho esfuerzos para entender la patología y sus tratamiento, pero hemos dedicado insuficiente atención a las dificultades financieras que enfrenta ese gran sector de la población que depende de la economía informal. Del mismo modo, hemos discutido ampliamente los riesgos sanitarios de los mercados de fauna silvestre, pero prestamos menos atención a los riesgos sanitarios de la ganadería industrial.

Las grandes fábricas de huevos, carne y leche son importantes para la seguridad alimentaria y al mismo tiempo, presentan condiciones ideales para la emergencia de nuevos patógenos. Por último, estamos regresando al asistencialismo para mitigar los efectos de la crisis sobre los menos favorecidos en vez de promover otras formas de organización social. Este es un momento ideal para experimentar con nuevos modelos de trabajo colectivo, desde las asociaciones comunitarias hasta el emprendimiento social.

Nuevas agendas ambientales
En los próximos meses, las necesidades del sistema de salud y las dificultades económicas probablemente opacaran las agendas ambientales. Sin embargo, este es el momento adecuado para pensar las transiciones sociales, ambientales y tecnológicas de los próximos años. Sin duda, debemos aprovechar este momento para fortalecer el sector agropecuario y conectarlo mejor con la industria y la academia. Por último, debemos encauzar el interés ciudadano en el medio ambiente para enlazar las diferentes visiones de la naturaleza, dejar atrás el misticismo y mejorar el uso de los recursos.

Referencias
-The Sun. Fauna in Urban Areas.

-National Geographic, 2020. Pollution made COVID-19 worse. Now, lockdowns are clearing the air.

-The Guardian, 2020. The Urban Wild.

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