Sábado, 20 Octubre 2018
Cecilia Rodríguez González-Rubio
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Toda la cordillera de los Andes, desde Chile hasta Colombia, es altamente generadora de sedimentos, comparada con las cifras de erosión de las cadenas montañosas del planeta, según un estudio de las universidades Eafit y de Texas en Austin publicado en la revista Geomorphology. Pero esta cordillera, solo en la porción de Colombia, no tiene sistemas que le permitan atrapar los sedimentos, como suele ocurrir en el resto del continente. En nuestro caso, los ríos que forman parte de la cuenca del Magdalena llevan los sedimentos hacia el canal principal, es decir, el río Magdalena. Sin embargo, aquellos producidos en Bolivia, en los Andes del norte de Argentina, sistema El Chaco y en nuestra cordillera Oriental, que vierten hacia el Orinoco, son retenidos por abanicos fluviales de captación de sedimentos.
 
En Colombia la lucha contra los sedimentos se planteó con dragados por parte de los sucesivos gobiernos. Pero durante el siglo XX, una señal de éxito social era dominar la tierra, cortar sus árboles, incluso el Quindío escogió el hacha en un tronco como su símbolo departamental. Ello ha generado durante todo este tiempo un estimado de 30% más de la producción natural de sedimentos por causas generadas por el hombre. Todo ello nos lo advierte el profesor Phd Juan Darío Restrepo, del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad Eafit, con base en el estudio mencionado y en otro sobre sedimentos producidos por actividades del hombre con la Universidad de Colorado en Boulder.
 
Resulta frustrante la visión unidimensional que los gobiernos han tenido y siguen teniendo del Magdalena
 
Además de plantear dragados en las soluciones, solo se incluyeron los usos y beneficios del río Magdalena como de navegación. De hecho, el último Conpes del río, el 3758 de 2013, se refiere estrictamente a la navegabilidad. Con gran solvencia, la profesora Phd Sandra Vilardy de la Universidad del Magdalena, en el Foro ¿Para dónde va el Río Magdalena?, organizado por Fescol y el Foro Nacional Ambiental, presentó los servicios que presta este afluente. Al enumerar los servicios ecosistémicos de abastecimiento, regulación y culturales, que comprenden para el primero al menos la generacion eléctrica, la pesca, la ganadería, la agricultura y la navegación, en el territorio donde se produce el 86% del PIB y está el 77% de la población, resulta frustrante la visión unidimensional que los gobiernos han tenido y siguen teniendo del Magdalena
 
Si incluimos los servicios de regulación, que comprenden sumidero de residuos del metabolismo social, ciclos de nutrientes, amortiguación de inundaciones, regulación climática y fertilización del suelo, vemos la gravedad de las posibles consecuencias que podrá generar la carretera de la Prosperidad entre Plato y Palermo, que ya inició su construcción y cuya necesidad ambientó el fenómeno de La Niña 2010-2011 en búsqueda de proteccion contra inundaciones. Esta forma de enfrentar las inundaciones desconoce el comportamiento del agua y es reducida. Expertos advierten sobre la vulnerabilidad en que quedará el departamento del Atlántico porque hacia allá tendrá que buscar el agua espacios en épocas de invierno al encontrar casi un dique en la ribera del departamento del Magdalena. Ello porque así se administrarán las compuertas cuando se presenten casos extremos.
 
La unión con la academia, valorar sus aportes, es la garantía para no equivocarse. Resulta increíble que a estas alturas del siglo XXI todavía estemos tomando decisiones con análisis unidimensionales. Peor aún, con graves impactos ambientales.

 

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