Domingo, 17 Febrero 2019

Consideradas el último eslabón entre la vida terrestre y la atmósfera, las orquídeas tienen un extraordinario potencial para predecir el comportamiento del cambio climático.

Por David Mateus

En el 2100, la temperatura media aumentará 2,14 ºC en el país. Pero los efectos no serán uniformes en todas las regiones según el estudio “Nuevos escenarios de cambio climático para Colombia 2011-2100”, elaborado por el Ideam. El pronóstico dice que el aumento del calor sería opuesto en más de 10 millones de hectáreas, donde aumentarán las precipitaciones hasta en un 20 por ciento. De acuerdo con el informe, en el Pacífico la temperatura tendrá 2,42 ºC adicionales a la temperatura actual.

La medición de los posibles cambios en los escenarios resulta de la conexión de variables climáticas, que normalmente pueden asociarse con la existencia de especies vivas. Un grupo de investigadores han logrado asociar la Orquídea colombiana con fenómenos de variabilidad climática, al punto que esta flor nacional ya se perfila como una herramienta para medir ese fenómeno en el Valle del Cauca. Con ella predicen cambios de temperatura en ecosistemas específicos y su desplazamiento permite advertir tendencias poblacionales de otras especies.

Desde febrero de 2010, Guillermo Reina-Rodríguez, investigador y candidato a doctorado de la Universidad de Barcelona se sumergió en el fenómeno teniendo como escenario los bosques secos del valle del río Cauca. Escogió orquídeas porque estas viven más cerca del cielo: “Por su condición fisiológica de vivir encima de los árboles dependen fisiológicamente del agua y de los nutrientes que reciben de la atmósfera; por lo tanto, son los últimos organismos en ser receptores de los cambios atmosféricos y climáticos, son el último eslabón entre la biota terrestre y la atmósfera”, explica el hombre que vio a las coloridas especies como un organismo adecuado para medir el cambio climático. Su equipo de investigadores eligió siete especies de orquídeas como las más representativas.

 

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El 50 por ciento de la orquídeas se desplazarán hasta los 1.130 y 1.230 msnm, mientras que el 25 por ciento
se moverán a zonas más seguras, sobre los 1.470 msnm. Las siete flores del estudio son: a) Cattleya quadricolor.
b) Jacquiniella globosa. c) Dimerandra emarginata. d) Trichocentrum carthagenense. e) Encyclia chloroleuca.
f) Polystachya foliosa. g) Heterotaxis equitans. / Foto: Cortesía Francisco López-Machado

 

La expedición de Guillermo fue pionera en la materia, después de la cual el Instituto Humboldt ha venido liderando un trabajo de investigación en las orquídeas de los bosques secos del país, que se ubican en la costa Caribe, en el valle del río Magdalena, en el valle del río Patía y en la zona Norandina.

Según el Humboldt, de las 9 millones de hectáreas de bosque seco que tenía el país originalmente, hoy solo queda en pie el 8 por ciento. Por ello, Parques Nacionales Naturales de Colombia (PNN) se ha comprometido a declarar en los próximos tres años 74.965 hectáreas de los bosques secos del Patía, entre Cauca y Nariño, como una zona protegida bajo la denominación de Parque Nacional Natural.

Guillermo y su equipo de trabajo han establecido que hay un 75 por ciento de probabilidades de que entre 2080 y 2100, unas 10.922 hectáreas de bosque seco colombiano tendrán condiciones idóneas para el crecimiento de estas flores. En 2002, Jeanneth Gutiérrez señaló en un estudio sobre la vulnerabilidad de la cobertura vegetal debida al cambio climático, que “en el valle del río Cauca habrá un incremento en la temperatura de 2,8 ºC y una disminución del 20 por ciento en la precipitación para el año 2100”.

De acuerdo con el investigador, frente al cambio climático, las orquídeas tienen tres oportunidades: la primera es adaptarse a las condiciones del clima, la segunda es migrar hacia donde encuentren condiciones óptimas para su supervivencia y la tercera es extinguirse, desaparecer, al cambiar las condiciones ideales para su existencia.

La investigación se llevó a cabo en un bosque seco tropical, porque “históricamente, en América Latina, es el lugar donde se establecieron los primeros asentamientos humanos desde la llegada de los españoles, precisamente por la fertilidad de sus suelos y la cercanía a grandes ríos, convirtiéndolos en sitios ideales para el inicio colonial de la agricultura, la industria y la ganadería”, asegura Guillermo.

Su motivación para realizar este viaje científico a las zonas secas identifica áreas a partir de la distribución espacial de las orquídeas, que sirvan para dar pautas de manejo y conservación para estas mismas zonas de cara al futuro. “Estas plantas pueden brindarnos información útil a la hora de planificar territorios y saber dónde enfocar los recursos de las corporaciones autónomas regionales”, señala.

 

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Restrepo, Valle del Cauca. La erosión eólica se evidencia en la
vereda El Aguacate, a 1.350 msnm. / Foto: Guillermo Reina

Las flores caminarán
Las orquídeas localizadas a 900 msnm tenderán a desaparecer, el 50 por ciento se desplazarán hasta alturas entre los 1.130 y 1.230 msnm, mientras que el 25 por ciento de un total se moverán a los 1.470 msnm, donde hallarán nichos idóneos para sobrevivir.

Para Reina, la mitigación “debe enfocarse en la reforestación con las plantas más importantes sobre las cuales nacen y crecen las orquídeas, para potencializar nuevas áreas protegidas y ampliar las existentes”.

Según Juan Camilo Ordóñez, experto en orquídeas del Jardín Botánico de Bogotá, otra alternativa para ayudar a las orquídeas de cara al cambio climático es la disminución de su tráfico, como ocurrió durante años en Santa Elena, corregimiento de Medellín, donde dos especies estuvieron a punto de extinguirse por la extracción indiscriminada de su hábitat. Allí, los ciudadanos evitaron su desaparición y no volvieron a exhibirlas en sus silletas tradicionales: “Hay que fomentar la conservación, propagación y uso sostenible de estas plantas como indicadores de la calidad de un ecosistema”, explica Guillermo.

 

El estudio usó el programa MaxEnt para modelamiento de nicho
ecológico, con 
el que se arrojaron  las probabilidades de movimiento
de las especies a través de la interpretación de 9 variables

 

El biólogo Julio Betancourt, profesor de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional de Colombia, quien también es curador del Herbario Nacional, afirma que en el mundo hay de 20 mil a 25 mil especies diferentes de orquídeas y Colombia goza de tener la mayor riqueza orquideológica del mundo, con 4.300 especies: “El país debe tener políticas mucho más fuertes, eficientes y restrictivas hacia la conservación del medio ambiente, aunque también es un compromiso de todos y así los datos pueden crecer, pues no es extraño que frecuentemente se descubran nuevas especies en todo el planeta”, como ocurrió en la investigación de Reina.

El inventario nacional de orquídeas, que es de 4.270 especies, sumó tres nuevas especies descubiertas en 464 puntos recorridos a pie en medio de la agreste topografía, dos de estas endémicas y una de ellas nativa de Ecuador. Sin embargo, no había registros de su presencia en el Colombia. Por su parte, el Valle del Cauca alcanzó 37 especies más de estas plantas, consolidando una suma de 70.

No obstante, la reflexión final apunta a que Colombia tiene dentro de su territorio todos los recursos necesarios para convertirse en líder mundial frente al cambio climático, pero parece que ha preferido mirar hacia afuera. En diciembre pasado, el Gobierno nacional envió una expedición científica a la Antártida para realizar investigaciones sobre este cambio en el planeta. Al respecto, Guillermo argumenta que “con el 1 por ciento del presupuesto estatal destinado a dicha expedición se habrían cubierto expediciones en el 95 por ciento de los bosques secos colombianos”.

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En rojo, las zonas con mayor probabilidad de presencia del grupo de especies de orquídeas
de bosque seco del Valle (con probabilidad mayor al 75%); en verde, las zonas de mayor
impacto del cambio climático y con menos probabilidades de su presencia. Datos a 2080.

 

Otras especies pueden medir el cambio
El profesor Nicolás Urbina, de la Facultad de Estudios Ambientales y Rurales de la Universidad Javeriana, menciona seis causas por las cuales los anfibios son sensibles al cambio climático: la vulnerabilidad a la pérdida de humedad por poseer piel y huevos permeables, la pérdida de energía para reproducirse, la desaparición de su sistema inmune, el incremento de su vulnerabilidad a virus, hongos y parásitos, la reducción de su oferta alimentaria y la reducción de calidad del hábitat adecuado para su persistencia.

Al igual que las orquídeas, los anfibios tienen las mismas tres oportunidades: adaptarse, migrar a tierras más altas o extinguirse. Su estudio propone dos tipos de acciones: en primer lugar, priorizar e implementar áreas de conservación como corredores naturales, que les permitan migrar altitudinalmente entre ecosistemas naturales, y, en segundo lugar, investigar para entender las funciones ecosistémicas que prestan los anfibios en los sitios donde habitan, como control de plagas y transporte de energía, y la relación que esto tiene con la capacidad de resiliencia de los ecosistemas frente al cambio climático.

 

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Yotoco, Valle del Cauca. A más de 20 metros de altura, el reto de alcanzar una orquídea
se hizo de forma manual y en pocos casos se usó un dron. Jorge Rubiano, Nhora Ospina,
Tupac Otero y Fabio Castro también hicieron parte del grupo. / Foto: Guillermo Reina


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