AMBIENTE: NEGOCIO O CORAZÓN
Eduardo Chávez López
Director
En sólo una década los temas ambientales han recorrido un camino que va desde el corazón hasta el bolsillo. La militancia ambiental desde la Cumbre de Rio en 1992, ha movilizado líderes de opinión, artistas, vedettes y grupos de activistas hacia la causa del Planeta. Movilizaciones globales permitieron salvar especies como el cóndor californiano y el caballito de mar, pero también ecosistemas amenazados como las Islas Galápagos.
Colombia recibió esa influencia y ella se creció con la expedición de una constitución ecologista que adopta el desarrollo sostenible como modelo y una legislación que brinda a la sociedad organizada herramientas de participación en todo tipo de decisiones ambientales.
Pero simultáneo con ese empoderamiento social de los temas ambientales, se ha desarrollado cada vez con mayor preponderancia una influencia de los temas ambientales en las decisiones económicas. La reflexión ha evolucionado en el sentido de entender que además de flujos de inversión hay flujos de recursos que se agotan.
En la medida en que a la economía se le exigen respuestas a la crisis ambiental, ella empieza a preocuparse por la disponibilidad y calidad de los recursos naturales pues esos recursos pueden llegar a constituir una talanquera del crecimiento económico sostenido.
Por lo anterior, cada vez más compañías en mercados emergentes articulan el logro de su eficiencia y competitividad con la participación en los mercados de capitales. Y cuando llegan a ellos se dan cuenta que tales mercados en materia ambiental y social exigen más información y transparencia.
Esta es la razón por la que en los últimos años han surgido índices de sostenibilidad que informa a inversionistas potenciales sobre la sostenibilidad de las operaciones de compañías que cotizan en bolsa, y al hacerlo, estimulan la atención de estas a los temas ambientales, sociales y de gobierno corporativo. No se trata ya de las obligaciones de ley asociadas a las licencias y/o permisos ambientales. Hablamos de las ventajas competitivas que logran la venta de bienes y/o servicios ambientales en la economía global.
Desde 1999 el Dow Jones estableció un índice de sostenibilidad con estas características. La unión europea en 2001 estableció el índice ASPI (Advanced Sustainable Performance Indexes) y un índice similar funciona en la Bolsa de Sao Paulo. Indicadores de sostenibilidad como los llamados PRINCIPIOS ECUADOR son cada vez mas exigidos por la banca multilateral y la banca global para el financiamiento de proyectos. Pero también la adscripción voluntaria de empresas a grupos empresariales que adoptan principios de responsabilidad ambiental, es cada vez más notoria.
El corazón y el bolsillo son una garantía de mejores días para la Tierra. Control social a los compromisos ambientales de los empresarios pero también desarrollo de un empresariado ecologista que pase por mirar los procesos con criterio de sostenibilidad. Menor cantidad de emisiones no sólo para evitar la sanción sino para mejorar el hábitat propio y de los vecinos. Menor cantidad de vertimientos además de disminuir las tasas retributivas para no enturbiar las aguas. Ahorro y uso eficiente del agua y de la energía para disminuir costos y mantener recursos que se agotan.
Pero también emprendimiento verde en las comunidades de vecinos. Que aprovechen los recursos de los que dispone sin agotarlos. Esos recursos que la naturaleza nos brinda son una fuente para superar los niveles de pobreza.
La condición de megadiverso que es nuestro país debe reflejarse en los indicadores económicos, para ellos es necesario pensar en el bolsillo sin abandonar el corazón.














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