AH1N1: Están hablando los que no tienen voz
Eduardo Chávez López
Director
El mundo animal está reaccionando. Hace 12 años fue la conocida enfermedad de “las vacas locas” la que obligó a todas las naciones a adoptar controles estrictos para la cría del ganado, para su sacrificio y la comercialización de carne. Hubo que revisar en ese entonces los métodos de alimentación de los animales y los insumos para la fabricación de concentrados, principalmente aquellos derivados de partes de los vacunos que produjeron la encefalopatía espongiforme bovina de entonces.
Aún no han pasado seis años de la alarma generalizada originada con la “gripa aviar”, que llevó al mundo científico a profundizar sobre la producción de vacunas y proceder al sacrificio masivo de pollos y gallinas principalmente en Hong Kong, lugar donde con más fuerza se manifestó la epidemia.
Hoy es la “gripa porcina’”, que aunque considerada endémica del sur de los Estados Unidos, su nacionalidad fue endosada a Méjico y terminó expandiéndose por 42 países de todos los continentes. Epidemiólogos de todos los rincones del mundo dicen que la tendencia es al incremento de pandemias como la actual, entre otras razones por la homogenización climática de más porciones del planeta con las zonas tropicales, cada vez más propensas a la manifestación de este tipo de enfermedades.
No en vano el grupo intergubernamental de expertos dedicado al cambio climático prevé incremento de enfermedades como el cólera o la fiebre amarilla como resultado del probable aumento de temperaturas, estimado entre 1,4º C y 5,8º C para el año 2100. Pensar sólo en ese mínimo significa un incremento de la temperatura superior a cualquier siglo en los últimos 10 mil años.
Hay muchos temas de nuestro comportamiento por revisar. La convención marco de la ONU para el cambio climático ha establecido estrategias de mitigación conducentes a limitar las emisiones de gases, efecto invernadero, que deben ser adoptadas principalmente por aquellos países que más gases generan. Decisiones como la adoptada por la administración Obama que pretenden reducir las emisiones de vehículos en un 30% para el 2016, corresponden a esa nueva mirada, responsable de nuestros actuales comportamientos. Otras acciones, llamadas de adaptación, tienen que ver con herramientas institucionales y métodos eficaces para hacer frente a las manifestaciones reales de esos cambios de temperatura. Las epidemias son algunas de las más notorias.
Por otra parte, algunos científicos se han atrevido a plantear una revisión profunda de los métodos de zoocría, argumentando que las enfermedades de origen animal que están apareciendo suceden porque a los animales afectados no se les permite comportamientos naturales al vivir hacinados en corrales, bodegas o establos, muchas veces sin ver la luz del sol y alimentados con concentrados que contienen incluso desechos de otros animales, hormonas y antibióticos. Las actuales epidemias han servido para que se nos recuerde que la brucelosis, la salmonelosis y la triquinosis son enfermedades zoonóticas, cuya principal fuente de contagio y expansión son las granjas industriales.
Y es que toda epidemia, peste o plaga, son mensajes de aquellos que no pueden hablar. De esta manera la naturaleza y los animales nos dicen a los seres humanos que es necesario hacer ajustes para preservar nuestra vida y la de otras especies. Si se manifiestan esas enfermedades con tal ímpetu es porque algo anda mal en el equilibrio natural y hay que corregirlo antes que sea tarde.














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