La tarea que no hizo Juan Lozano
Eduardo Chávez López
Director
Desde julio del 2008 el ministro Juan Lozano empezó a pronunciarse acerca de la minería de oro a propósito del proceso de sustracción de la reserva forestal en Cajamarca, que se estaba tramitando en su cartera. En todos los pronunciamientos dijo lo mismo: que se iba a enfrentar a los buldózeres, que no iba a permitir más amenazas a los páramos y a las fuentes hídricas, que le iba a respirar en la nuca a quienes violaban las normas ambientales. Todos, pronunciamientos generales. No obstante, sobre el tema concreto, el que tenía que resolver su despacho: nada.
Es común en algunos dirigentes políticos cuando ocupan posiciones de gobierno, irse por la vía más fácil. Y ese camino fácil no es otra cosa que decir lo que la gente quiere oír y hacer todo lo contrario o, lo que es peor, no hacer nada. Los medios registran la declaración, pero pocas veces la información real de lo que está sucediendo. En el caso Cajamarca, desde septiembre pasado, el Ministerio está estudiando la solicitud de sustracción de la reserva forestal para el proyecto La Colosa. Van más de 180 días en un proceso estimado en 30 según el portal de gobierno en línea, www.gobiernoenlinea.gov.co o máximo 90 de acuerdo con otras experiencias.
Juan Lozano calentó la discusión, no tomó ninguna decisión y le dejó el chicharrón a su sucesor(a). En este caso, la vía fácil que él tomó genera incertidumbre para todos, inversionistas y líderes ambientalistas de la región, que no saben a qué atenerse.
En el caso de Cajamarca, cualquier decisión de la cartera ambiental implica perder unas plumas frente al Gobierno y frente a grupos de presión que están pendientes de la decisión. Si estaba por la autorización de la sustracción de la reserva forestal, debía explicarse que la misma es sólo para que concluya la fase de exploración, necesaria para formular toda la fase siguiente (explotación) que además requiere un trámite riguroso de licenciamiento ambiental que debe formalizar las medidas de manejo ambiental propias para una actividad industrial altamente impactante. Pero eso implicaba un desgaste que el ministro candidato no quiso enfrentar.
También, si definitivamente no comparte que se contemplen procesos exploratorios de minería en zonas de reserva forestal, debió darse la pela con compañeros de gabinete como el de Minas y hasta con el mismo Presidente de la República, explicando que más importante que la confianza inversionista es el valor estratégico de las riquezas naturales, planteando esquemas de desarrollo propios para zonas de protección ambiental especial. Pero ese era otro gasto.
Cualquiera de las dos posiciones tiene implicaciones tanto en el terreno del desarrollo económico, como de la conservación ambiental, pero eso es lo que se exige de un gobierno: definiciones.
No hay antecedentes de tanta influencia de los medios en las decisiones ambientales del Gobierno como en la administración que acaba de terminar. Tal vez, el hecho de que el Ministro fuese un importante exponente de la prensa capitalina, hizo que el componente de la gestión ambiental tuviese más medios que realidad. Fue muy grave que las principales decisiones ambientales se fuesen tomando al ritmo del raiting de los principales programas de opinión. La ventaja hoy, es que el nuevo(a) titular de la cartera ambiental no será candidato a ninguna de las elecciones próximas. Podremos así estar seguros de que serán otras motivaciones las que guíen su comportamiento, ojalá sea la de definir claramente las perspectivas de desarrollo sostenible y de superación de la pobreza, principal depredador ambiental, en un país megadiverso como es Colombia.










excelente editorial. Juan Lozano es un agazapado
No solo en ese caso se quedó corto el Ministro Lozano. Su gestión fue mas bien pobre en el tema de la protección de nuestra biodiversidad y en la juiciosa aplicación de instrumentos multilaterales como el Convenio de Diversidad Biológica, que no generan titulares en los Noticieros de TV.
Llama la atención por ejemplo que, contra lo dispuesto en este Convenio ratificado por Colombia, el Ministerio haya apoyado la legalización de la cría del caracol de tierra, especie considerada invasora y plaga a nivel internacional, y a nivel nacional por el propio Instituto Humboldt, que por cierto esta adscrito al Ministerio y se supone que es su principal consejero en estos temas.
Como se explica uno entonces que el propio Ministerio expida una Resolución en donde declara unas especies como invasoras (incluida Helix aspersa) y ordena su control y erradicación, pero no tiene reparos en autorizar la helicicultura bajo un esquema tan permisivo que no lo tiene ninguna otra especie nativa o exótica.
Sin duda hay que ponerle cuidado al impacto ambiental generado por sectores poderosos como la minería y la construcción de infraestructura (vías, puertos), pero no menos peligrosa es la “contaminación silenciosa” causada por las especies invasoras, la cual salta a la vista cuando ya es poco lo que se puede hacer, mas que llorar por la leche derramada, como se esta haciendo con la Rana Toro.
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