Lista de Perversidades
Cecilia Rodríguez González-Rubio
Presidenta

No me es posible incluir todas las perversidades, pero la lista de las que quedaron en evidencia en Copenhague es el verdadero mundo al revés.
Los países más proactivos en la lucha contra el calentamiento global, cuyos gobiernos, empresas y ciudadanos han asumido costos, terminaron en Copenhague marginados, y con poca influencia. Pero, además, terminaron cuestionados por los grupos de ONG y la prensa. Ser consciente de los intereses colectivos puede no pagar. Quizá terminaron marginados por su actitud de arroparse con la misma cobija entre los países desarrollados y no cuestionarse públicamente, cuando haberlo hecho por los altos intereses de la humanidad no hubiera tenido nada de malo.
China, en una actitud que desprecia la inteligencia y el comportamiento ético de países serios, se niega a las verificaciones para medir la reducción de emisiones. Como si en todo el mundo no se conociera la costumbre de su Estado de manipular la información. ¿Luego quién les va a creer que han cumplido con los compromisos globales? En realidad, tristemente, es posible que el vivo viva del bobo.
Los jóvenes del mundo, especialmente los de los países desarrollados, realizan conciertos y protestan para pedir compromiso de los gobernantes, pero ¿dónde está el cambio en su comportamiento hacia un consumo racional? ¿Por qué las áreas de mercadeo de los grandes fabricantes no logran reducir sus empaques y racionalizar sus productos y servicios? Estudios recientes de psicología del consumidor así lo confirman. Los jóvenes, así como los mayores también tienen creencias anticuadas y antiambientales. Ellos que podrían tener creencias menos manipuladas que los demás, todavía creen que un empaque grande y vistoso refleja un mejor producto, que los pitillos les evitan las bacterias del vaso, que cargar una botella plástica de agua y movilizarse solo en carro y no en transporte público son señales de “clase”, y otras tantas creencias que contribuyen con el calentamiento global. Los fabricantes inmersos en una fuerte competencia requieren de decisiones impuestas por los estados además de su responsabilidad social. De lo contrario, mueren en el mercado si se ponen solo de conscientes a suprimir los elementos que invitan a los consumidores a comprar sus productos, y que buena parte son antiambientales.
Quizás la esquizofrenia más grande frente al calentamiento global es la de los consumidores o ciudadanos del mundo, ¿será que a la mayoría no le importa ni cree que este le va afectar? Entonces, sí les toca a los gobiernos imponer normas que obliguen a un doloroso cambio de patrones en el consumo y la producción, pero muy pocos gobernantes del mundo actual quieren asumir el costo político.
Nota: Enhorabuena el Ministerio de Ambiente expidió una Política de Producción y Consumo Sostenible, y que tenga el carácter de empezar a imponerla.











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