El dragón que vive en Colombia
Un reptil único, un águila arpía del Amazonas,
un búho, ranas chocoanas y otras especies de fauna silvestre conviven en un lugar que más que un zoológico es una reserva de naturaleza y vida a las afueras de Bogotá.
Custodiado por montañas, en una reserva ecológica a solo 20 minutos de Bogotá, Iván Ramos sostiene un ratón que acaba de matar y que minutos después se convertirá en la cena del único dragón que existe en Colombia.
Nadie sabe exactamente si es un dragón hembra o macho. Nadie tampoco lo ha visto escupir fuego. Lo que se sabe es que no tiene parientes en Colombia y que su casa está a miles de kilómetros, en África, en el desierto del Sahara.
Llegó al país hace unos 8 meses, no se sabe cómo. Ramos, su cuidandero, dice que fue debido a una transacción frustrada de las mafias mundiales que trafican con animales. Dicen que lo mandó pedir un ‘traqueto’. Que lo quería de mascota.
Luego de que el animal viajó miles de kilómetros, fue descubierto y decomisado por la Policía en el aeropuerto Eldorado y vivió cuatro meses en el Centro de Rehabilitación de Fauna Silvestre de la Secretaria Distrital de Ambiente. De ahí, el dragón pasó a la Reserva, donde ya pasó cuatro meses y seguramente también pasará el resto de sus días.
En un terrario que mantiene una temperatura artificial superior a los treinta grados en el día, se pasea este dragón de cola espinosa, de la especie Uromastyx st, que necesita de un bombillo de luz ultravioleta para simular los desérticos rayos solares.
Come insectos, ratón una vez a la semana y frutas y verduras todos los días. Su dieta es a base de mango, papaya, banano, melón, zanahoria acelga y lechuga. Mide aproximadamente 60 centímetros y su edad es un misterio. Se sabe que ya alcanzó su tamaño de adulto.
En Cota, un viaje ambiental
Pero conocer al único dragón que vive en Colombia es solo una de las atracciones del bioparque La reserva, un lugar a media hora de Bogotá, que pretende cambiar radicalmente el concepto de zoológico.
“Trabajamos bajo el concepto de inmersión”, explica Iván Ramos, uno de los profesionales que guía las visitas. “Es decir, se comparte el mismo entorno con los animales y las plantas, lo que lo diferencia de los zoos. Esto con el fin de cambiar las conductas y los enfoques de los visitantes con respecto a la conservación de la naturaleza”, agrega.
Otra de las diferencias radica en que casi la totalidad de animales que habitan La reserva, han sido decomisados y ya nunca podrán adaptarse a un medio natural.
Durante el recorrido por el bioparque se evidencia la importancia del cuidado y buen uso de los recursos. Para eso se ha editado un video. También se pueden ver y manipular cráneos de cocodrilos y babillas, piel de babilla, patas, plumas y picos de aves que ayudan a conocer el porqué de la forma, el tamaño, el peso y el color de cada especie.
Además del águila harpía, la segunda más grande y rapaz del mundo, en el bioparque se entrenan varias especies de aves rapaces. Basados en el milenario arte de la cetrería, los guías ejercitan las aves para realizar vuelos sobre el público con el fin de promover su conservación, apreciar su majestuosidad y entender su comportamiento natural.
Otra atracción es el mariposario, donde cerca de 200 individuos de 30 especies revoletean de un lado a otro en un exuberante bosque seco tropical, replica de su medio natural. Comparten espacio con tortugas, patos, pisingos, canarios, tucanes, un alcaraván y otras 13 especies de aves.
Visitar el bioparque, ubicado en inmediaciones del cerro El Majuy, además de ser una experiencia para aprender sobre la biodiversidad del territorio nacional y el adecuado uso y conservación de la fauna y flora, produce una sensación de tranquilidad que tiene referencias ancestrales, ya que el cerro fue un santuario Muisca. Majuy, en lengua aborigen, significa dentro de ti y representaba para los indígenas una recarga espiritual y energética.
¿Cuánto vale?
Los costos varían según la ciudad desde donde inicie su viaje y el medio de transporte que utilice, pero una vez llegue a Bogotá el pasaje del transmilenio hasta el portal de la Carrera 80 o hasta Suba es de 1.500 pesos. Desde allí al municipio de Cota son otros 1.800 y lo mismo de regreso. El precio de las entradas al bioparque es de 7 mil pesos para niños y 10 mil para adultos. Desde Bogotá no hay peajes, así que solo gastará gasolina y almuerzo. El bioparque funciona todos los días, de 9 de la mañana a 5 de la tarde.














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