Corre el reloj y no hay acuerdos en Copenhague
Mientras jóvenes disfrazados de vaca hacen como que se tiran pedos para protestar por el metano que produce el exceso de ganado, y abogan por una dieta vegetariana, y se ven bailar ‘osos polares’ vestidos de hawaiana, en el Bella Center, el lugar donde se llevan a cabo las negociaciones de la Cumbre Mundial del Clima, los días pasan entre la euforia y la frustración por la falta de acuerdos entre las partes.
María Clara Valencia
Redactora Catorce 6
Desde Copenhague (Dinamarca)
Los delegados de los equipos negociadores de los distintos países salen airados de cada sesión para hablarle a la prensa y criticar la falta de voluntad de unos y otros para llegar a un consenso.
Estados Unidos se niega a reducir sus emisiones de carbono y por eso fue declarado campeón entre los generadores de gases de efecto invernadero.
Las ONG del mundo reunidas en Climate Action Network- International hicieron una votación al respecto para llamar la atención sobre la lentitud de las negociaciones.
Mientras en los salones del Bella Center solo hay discrepancias, entre las ONG ya se llegó a un consenso. No hay dudas: Estados Unidos es el número uno en contribuir al incremento del cambio climático y a pesar de eso, se ha mantenido inamovible en la oferta de reducir apenas en un 4 por ciento las emisiones, teniendo como base las que generaba en 1990.
El segundo puesto lo obtuvo la unión Europea porque no ha podido superar el vacío que tiene en su metas de reducción de emisiones. El tercer lugar lo comparten entre Arabia Saudita y Canadá. Arabia Saudita por ser el principal productor de petróleo y Canadá por tener una de las mayores emisiones per cápita: 23 toneladas por persona, 34 por ciento por encima de lo pactado en el Protocolo de Kioto, que ahora los países desarrollados quieren dejar a un lado.
Ante la intención de olvidar Kioto, los africanos han jugado a parar las negociaciones para no perder lo alcanzado con este protocolo y tener que empezar de nuevo, con el riesgo de que el resultado sean compromisos de reducción de emisiones menores a los ya negociados antes.
Por las calles de la capital danesa se ven decenas de letreros que juegan con el nombre de la ciudad, que por estos días se transformó en Hopenhagen (una palabra inventada, que sale de hope, esperar en inglés, y con la que se quiere significar que Copenhaguen es Hopenhage, la ciudad de la espernaza), pero como el reloj sigue corriendo y no se ha llegado a ningún consenso, las ONG se preguntan si acaso del ‘Hope’ pasaremos a Brokenhagen (de romper, quebrar), como símbolo de una reunión fracasada y sin resultados, pese a que lo que está en juego es la vida de millones de personas de todo el mundo.
Mientras algunas organizaciones civiles reparten en la puerta del Bella Center termómetros con luces intermitentes para mostrar lo cerca que el Planeta está del colapso si no se firma convenio, los delegados de los distintos países juegan con la prensa, la provocan con frases perfectas para citar y así manejan la información para un lado y para otro.
Todo pasa tan rápido y es tanta la información, que las personas se confunden en la dinámica real de lo que sucede, entre los cientos de camarógrafos que pasan corriendo por los pasillos, los delegados que se paran de sus sillas desesperados y los llamados a la calma de los voceros de Naciones Unidas.
15.000 personas están reunidas en el Bella Center y miles más, que quedaron por fuera de las inscripciones a la COP15 porque se colmó la capacidad del lugar, esperan atentos cualquier noticia.
Y mientras este movimiento se lleva los días que cada vez son menos para que termine la COP15, las fábricas en todo el mundo siguen emitiendo gases, los automóviles siguen andando y miles de hectáreas de bosque se siguen talando todos los días.
Los hombres de corbata que hoy negocian en Copenhague tienen en sus manos el futuro de un Planeta que se calienta y amenaza con dejar a la población sin agua o con exceso de ella. El avance de este fenómeno ambiental no se detiene, pese a que el ritmo de la reunión en la capital danesa permanezca estancado.
Las propuestas de Colombia
Colombia, que hace parte del grupo del G77/China está luchando por conseguir recursos tanto para la adaptación como para la mitigación. Y aunque no está entre los países menos desarrollados, que son considerados los más vulnerables, está intentando promover la idea de que no solo con la pobreza se puede medir la vulnerabilidad.
La cercanía a los mares que están subiendo de nivel, la acidificación de los océanos afectando la pesca, los nevados que se derriten y los páramos amenazados por el ascenso de los cultivos producto del calentamiento también hacen de Colombia un país vulnerable.
Los debates por enfrentar son muchos y en medio de tanta discusión sobre los compromisos de ricos y pobres, es poco lo que se ha podido avanzar en los propósitos nacionales. Sin embargo, a pocos días de terminar la COP15, todavía hay esperanza entre los negociadores de que conseguirán algún resultado, aunque para ratificarlo y hacer que los acuerdos sean legalmente vinculantes tengan que esperar hasta el COP16 que se llevará a cabo en el 2010 en México.
Otros propósitos de Colombia
El país también está promoviendo una propuesta para que el dinero destinado al pago de los países ricos a los pobres por la conservación de sus bosques (programa REDD) se logre con proyectos pequeños y no con compromisos a escala nacional.
Y aunque organizaciones como Greenpeace han criticado esta iniciativa por considerar que no es posible garantizar por medio de proyectos pequeños de conservación que se elimine totalmente la deforestación, Colombia ha decidido apostarle a esta propuesta con el argumento de que de este modo se garantiza que las comunidades reciban directamente el dinero y que no se pierda en burocracias bogotanas.
Además, aunque el gobierno no lo reconoce abiertamente, Colombia, pese a que no tiene tan altas tasas de deforestación como otros países (como Brasil), sí tiene un conflicto armado que le impide controlar todos los territorios y por eso no le es posible pactar compromisos nacionales. Si con todo el dinero del plan Colombia no se ha podido controlar el cultivo de coca, ¿cómo se va a garantizar con REDD que no se toquen los bosques?















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