‘Vamos por el camino de la sostenibilidad’
Jens Mesa, presidente ejecutivo de Fedepalma, habló con Catorce 6 sobre sostenibilidad, paramilitarismo y sobre los ‘pecados’ de la palma.
¿La forma en que hoy se cultiva palma en Colombia es sustentable ambiental, social y económicamente?
El cultivo se hace empresarialmente y los productores observan prácticas que atienden las normativas legales y directrices gremiales en materia económica, social y ambiental. Se ha avanzado significativamente en el tratamiento de aguas residuales, emisiones, uso de agroquímicos, protección de zonas de alto valor ambiental; al igual que en la formalización de la contratación laboral y en los programas sociales de bienestar. No todos los productores en el país están afiliados a Fedepalma porque dicha afiliación es voluntaria y la Federación también se reserva el derecho de admisión.
¿Por qué cree que la palma terminó cargando el lastre de tener nexos con paramilitares, daños ambientales, desarraigo y muerte?
Lamentablemente entre 2002-2003, algunas personas no conocidas en el gremio iniciaron siembras en el Urabá Chocoano, en Curvaradó y Jiguamiandó, que fueron denunciados por su supuesto origen paramilitar, por el desplazamiento de campesinos y la apropiación ilegal de tierras. Este hecho ha recibido una gran atención de medios locales e internacionales por la sensibilidad de las zonas del Urabá y del Chocó en relación con el narcotráfico, el conflicto armado y los recursos naturales. En Colombia cualquier persona puede iniciar libremente cualquier actividad económica y en el caso de la palma no media ningún permiso o autorización para desarrollar siembras. A raíz de las denuncias hechas por la iglesia y otras organizaciones, Fedepalma se preocupó mucho por los hechos ocurridos y desde entonces ha realizado un seguimiento permanente de las acciones de las autoridades respectivas con la idea de que esta situación se resuelva en derecho, en el menor tiempo posible. Para nosotros no son palmicultores los que se metieron en el Urabá Chocoano.
¿Por qué Fedepalma no le ‘metió diente’, cuando pudo hacerlo, a una actividad en el Urabá Chocoano que terminó por opacar toda la actividad palmera?
Fedepalma actuó oportunamente en lo que le correspondía, como era, primero, conocer la situación que se denunció y luego instar y procurar, por distintos medios, que las autoridades competentes investigaran lo ocurrido y si se confirmaran situaciones irregulares o delitos, aplicaran las sanciones correspondientes. Para garantizar la paz y la convivencia de los colombianos, es necesario que todos actuemos en derecho y procuremos que las autoridades cumplan sus funciones con eficacia.
¿Cuáles cree usted que han sido los ‘pecados’ cometidos durante estos 50 años por el sector palmero y cuáles faltan por corregir?
Desafortunadamente la situación de conflicto en Colombia, y la informalidad de mucha de la actividad económica del país, ha generado muchas dificultades para las operaciones productivas y empresariales, especialmente en las zonas rurales. El sector palmero se caracteriza por tener un alto número de productores empresariales que desarrollan prácticas ambientales y sociales que cada vez son más favorables.
¿Cree que la palma va por el camino de la sostenibilidad?
Sí, sin duda. La palma va por el camino de la sostenibilidad. A nivel internacional hay una gran presión y un gran debate sobre la sostenibilidad de la palma por parte de algunos grupos y organizaciones de países desarrollados, principalmente de Europa y de Estados Unidos. La palma es un cultivo con muchas bondades y una gran alternativa para el desarrollo de los países. No se debe desconocer que en los países desarrollados, donde se generan los mayores problemas en cuanto a sostenibilidad del Planeta, no se quieran hacer todos los esfuerzos necesarios para revertir la situación y se pretenda que los países en desarrollo renunciemos a mejorar nuestros niveles de vida.
¿Y la amenaza que significan los monocultivos frente a la crisis alimentaria?
Hay afirmaciones generales que sirven en determinados contextos, pero no en Colombia. Cuando se habla de los impactos ambientales y sociales de la palma, hay que tener en cuenta que las condiciones de Colombia son muy específicas. Son esas condiciones las que han permitido crear un modelo social, ambiental y empresarial propio, muy diferente a los que se conocen en otras latitudes. Por ejemplo, aquí no existe la misma disyuntiva que puede existir en Centroamérica sobre alimentos o biocombustibles. En Colombia la prioridad seguirá siendo los alimentos, pero en la medida en que haya espacio para los biocombustibles hay que desarrollarlos y aquí hay mucho espacio para ello.














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