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OBAMA: ¿ADIÓS AL ESTILO DE VIDA AMERICANO?

26 febrero 2009 446 lecturas One Comment

El triunfo de Barack Obama ha sido interpretado como el clamor de un pueblo por un país acorde con las necesidades verdes del mundo. Liderar las negociaciones de cambio climático, lograr independencia energética, invertir en investigación de tecnologías verdes, energía renovable y subsidiar la compra de vehículos híbridos, los objetivos.

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Henry Mance / Catorce 6
Son pocos los que han escuchado de los estándares de Economía de Combustible Corporativa Promedio (CAFE, por sus siglas en inglés). Pero fue esa legislación aprobada por el congreso estadounidense en 1975 la que permitió el avance de uno de los emblemas del consumo excesivo de ese país: las 4×4.

La CAFE estableció estándares exigentes para la eficiencia de carros, pero creó excepciones para los camiones ligeros. Los fabricantes de autos aprovecharon la oportunidad y rediseñaron las 4×4 con cuerpo de camión ligero. Durante los años 80 y 90, estos vehículos de utilidad deportiva (SUVs, en inglés) alcanzaron una popularidad con un grave impacto ambiental.

“Cuando se aprobó la ley, los camiones ligeros fueron utilizados para llevar el heno al mercado y al silo. Hoy se utiliza para llevar café lattes a la casa desde Starbucks“, explicó Daniel Becker de la ONG Sierra Club en 2002, durante el boom de los SUVs.

Ahora los 4×4 y otros carros ineficientes están en la mira de Barack Obama. En un discurso el 28 de enero, el nuevo presidente dijo que se implementarán “nuevos estándares para los vehículos del año 2011 para utilizar menos petróleo y para que las familias tengan acceso a carros y camiones más limpios y más eficientes”.

También, dijo que se revisará la decisión del gobierno Bush de negar al estado de California el derecho de implementar estándares aún más exigentes. “Ya es claro que California y el medio ambiente tienen un fuerte aliado en la Casa Blanca”, fue la reacción del gobernador, Arnold Schwarzenegger. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) dijo que un total de 18 estados podrían implementar sus propios estándares en los próximos meses.

El discurso siguió con otros acontecimientos positivos para los ambientalistas. Obama nombró a un científico, el premio Nobel de física Steven Chu, como Secretario de Energía: un antídoto para los últimos ocho años en que el ejecutivo republicano ha buscado manipular la ciencia para despreciar los problemas ambientales. El nuevo presidente también empezó su administración por postergar unas medidas anti-ambientales, como un ajuste al Acta de Especies en Peligro de Extinción, que George W. Bush había intentado implementar en sus últimos momentos de poder. “Por fin, la época de la obstrucción y la negación“, festejó la ONG Greenpeace.

Sin  embargo, Obama sabe que no es suficiente distinguirse de George W. Bush. También sabe que la prioridad de los estadounidenses es la economía. Por eso, tiene un plan ambicioso para vincular la recuperación económica con un rescate ambiental. En diez años, quiere gastar 150 billones de dólares en fuentes renovables como solar y eólica, y en la conservación de energía,  y así crear 5 millones de nuevos empleos. A corto plazo, busca duplicar la producción de energía renovable dentro de dos años y dar subsidios para la compra de vehículos híbridos. El plan es entusiasta sobre las tecnologías limpias de carbón, pero menos sobre la energía nuclear. En el campo internacional, quiere que los Estados Unidos sea un líder en las negociaciones sobre el cambio climático.

La inspiración para esta política es obvia. Hoy los Estados Unidos, con sólo 5% de la población global, son responsables del 25 por ciento del consumo global del petróleo. El ciudadano promedio produce 22 toneladas de emisiones de carbono cada año, comparado con el promedio internacional de unas 6 toneladas. Y esta contaminación tiene sus raíces en el estilo de vida: la falta de transporte público; la vivienda suburbial, con largos viajes en carro al trabajo, a la escuela, al supermercado; y el precio económico de la energía y la gasolina, que no refleja los costos reales del consumo.

En sus discursos, Obama hace enfoque en el gana-gana. Sin embargo, falta ver si realmente se puede reemplazar el uso creciente del petróleo con la energía solar y eólica (que es sin probar a gran escala), los biocombustibles (cuando falta tierra disponible). En algunos sectores, como el del transporte aéreo, las tecnologías verdes están en una etapa muy temprana. Hasta con la eficiencia aumentada, ya es claro que grandes obras de infraestructura en el plan de Obama requieren bastante tiempo de planeación, que hasta ahora no se ha dado. Así que las políticas ambientales tendrán perdedores también; la energía alternativa podría no sostener una vida tan privilegiada.

 

¿Los estadounidenses están listos para hacer sacrificios? ¿Para cambiar su estilo de vida? La dificultad es que, detrás del estilo de vida estadounidense hay un autoconcepto nacional entre varios sectores del país de que el país es excepcional: un territorio con una abundancia de recursos naturales y con una población comprometida como ninguna otra con el progreso. En el campo ambiental, la idea implica la falta de límites sobre la expansión económica. En 1992, el entonces presidente George Bush padre se negó a asistir a la Reunión de la Tierra argumentando que “el estilo de vida americano no se puede negociar”.

Así que hasta los presidentes con más compromiso ambiental han tenido poco éxito en hacer grandes cambios. En los años setenta, el presidente Jimmy Carter respondió a la subida del precio de petróleo con inversiones en energías alternativas. Pero perdió las elecciones del 1980, y Ronald Reagan cambió el rumbo. En los noventa, Al Gore llegó a la vicepresidencia con una reputación por su interés ambiental, después de haber escrito el libro La tierra en la balanza. Pero su desempeño decepcionó tanto al sector ambiental que unos manifestantes le gritaron “Lee tu propio libro”.

Obama sabe la historia. “Año tras año, década tras década, hemos escogido la demora en vez de la acción decisiva. La ideología rígida ha anulado la ciencia sólida. Los intereses especiales han eclipsado al sentido consumo”.

¿Él puede cambiar este proceso? La apuesta es que el panorama del 2009 es distinto al panorama de los 70 o 90. Primero, Obama ganó las elecciones presidenciales en parte por abogar políticas ambientales. En los debates televisados entre los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, unos miembros del público tenían pequeñas maquinas para mostrar su nivel de satisfacción con lo que decían los candidatos. Los resultados fueron mostrados en la parte de abajo de la pantalla. Según ellos, sorpresivamente la idea más popular no fue ni ganar la guerra contra el terror ni bajar los impuestos; fue la independencia energética y la investigación en tecnologías verdes.

Segundo, la idea de abundancia en que se ha apoyado el consumo ya está debilitada. Con los altos precios del petróleo, las ventas de 4×4 sufrieron en los últimos años. Los fabricantes de autos, como General Motos, han reconocido que el futuro se trata de carros eficientes. Ahora que solicitaron ayudas estatales para evitar la quiebra, estas compañías deberían obedecer hasta cierto punto el rumbo político. También, las experiencias en Irak y Afganistán muestran que Estados Unidos no puede sólo.

Tercero, se ha logrado vincular la importación de petróleo con la seguridad nacional. Obama argumentó que si se aumenta los estándares de los vehículos hasta 15 kilómetros por litro, como el congreso ya prevé, se ahorraría casi todo el petróleo que hoy día se importa desde el Golfo Pérsico. Esto quiere decir menos recursos para regímenes de esa región que no han logrado controlar el terrorismo islámico.

Sin embargo, hay razones de escepticismo. A nivel político, aún un Senado con una mayoría demócrata dará prioridad a la reactivación económica a corto plazo sobre el bien del medio ambiente (y de la economía a largo plazo). Además, para entrar en el tratado internacional que sigue a Kioto, Obama va a necesitar el apoyo de dos-tercios del Senado. En 1997, el Senado votó 95-0 contra cualquier tratado que no estableció obligaciones para China tanto como los EEUU (como hizo Kioto).

En el campo ambiental Obama tiene una oportunidad sin precedentes. Lo más probable es que se verán cambios, pero no los cambios radicales y los sacrificios que muchos ambientalistas y científicos están pidiendo. Y si estos sacrificios no pasan ahora, ¿cuándo?
Frase muy destacada.

En 1992, el entonces presidente George Bush padre se negó a asistir a la Reunión de la Tierra argumentando que “el estilo de vida americano no se puede negociar”. foto EFE

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One Comment »

  • Melisa Barros said:

    Creo que es muy bueno que publiquen este tipo de artículos por que demuestra que a través de nuestras decisiones electorales también podemos ayudar al medio ambiente.

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